La iniciativa de participación ciudadana Konpondu, impulsada por el lehendakari Ibarretxe y Eudel, reunirá el lunes en Bilbao a partidos y ciudadanos para hablar de la paz. El coordinador de esta propuesta en Lehendakari-tza, Gorka Espiau, ultima los detalles del acto bilbao. Una docena de círculos formados por quince personas cada uno, con el representante de un partido político y un dinamizador en el centro, abordarán este lunes en el Museo de Bellas Artes un diálogo sincero con el fin de lograr la paz, para lo que se ha invitado a todas las formaciones con representación en el Parlamento vasco. Todavía están pendientes de aceptar la invitación el PSE, PP y EHAK.
Los representantes políticos, ¿se sorprenderán el lunes de lo que tienen que aportar los ciudadanos con sus opiniones?
Creo que se van a sorprender del nivel de madurez y detalle que hay en las reflexiones de la gente, y de la normalidad con la que aborda cuestiones que en la discusión política pública parecen tabú. La mayoría afronta con tranquilidad debates en torno a la consulta, la hoja de ruta o cómo hay que tratar la situación de las víctimas del terrorismo y de los familiares de los presos.
¿Qué papel desempeña el lehendakari en esta iniciativa?
El lehendakari es sobre todo el anfitrión, porque es su obligación. Hoy en día, cualquier representante público, pero con más razón la máxima autoridad de este país, tiene la obligación de establecer canales de comunicación directa con la ciudadanía, que son complementarios con los que ya existen a través de los políticos. El lehendakari ha dado un paso adelante al promover esta iniciativa, y a partir de ahí se sitúa como un representante político más para escuchar lo que los ciudadanos tienen que decir y también para actuar en consecuencia.
La invitación a EHAK para que también participe puede provocar las críticas de algunos partidos.
Puede ser, pero la lógica democrática y parlamentaria es la que es. Hoy en día existen estas fuerzas parlamentarias con la representación que les han otorgado los ciudadanos y, mientras nadie demuestre lo contrario, tienen los mismos derechos civiles y políticos que el resto de los representantes del Parlamento. Por lo tanto, nuestra obligación al organizar un acto de estas características es invitar a todo el mundo con la máxima voluntad de integración y pluralidad. Lo que esperamos es que todos los partidos atiendan a esta llamada sabiendo que en ese acto va a haber votantes y simpatizantes de todas las formaciones políticas.
Si algún partido declina tomar parte en esta propuesta, ¿cómo se verá afectada la misma?
Será una pena y, evidentemente, impedirá que podamos tener una reflexión global con todos los matices y todos los colores. Pero también es verdad que si en este país esperamos a que todas las formaciones políticas se pongan de acuerdo sobre el formato de este tipo de encuentros, éstos nunca se producirían. Entonces, tenemos que trabajar con la vocación de la máxima pluralidad e integración, de invitar a todo el mundo y mantener esa invitación abierta permanentemente y, a partir de ahí, trabajar con los que decidan aceptarla.
La principal aportación de los foros de participación ciudadana organizados por Konpondu es que personas de diversas ideologías hayan sido capaces de dialogar y de llegar a acuerdos. ¿Es la gran lección para la clase política?
No creo que la gente acuda a estos foros con la vocación de dar una lección a los partidos políticos. Es verdad que hay unas demandas muy claras de que los partidos vayan más allá y que puedan alcanzar acuerdos, pero los ciudadanos también se dan cuenta de las dificultades que hay para lograrlo. Más que un mensaje de reproche hacia los partidos, lo que se destila de los foros es una llamada a que arriesguen más, a que rompan barreras y que, en base a unos principios claros de no violencia y de respeto a los derechos humanos, todas las sensibilidades se sienten de una vez en torno a una mesa y puedan alcanzar nuevos acuerdos.
En dichos foros, ¿se dieron cita, por ir al extremo, personas afines al PP y al nacionalismo radical?
Ha habido casos de todo tipo. En la mayoría ha habido un nivel de pluralidad muy alto y en otros no se ha conseguido, porque la realidad sociológica de esa localidad es monocolor, como hay muchos casos en nuestro país, o por la razón que sea. Pero en la mayoría de los casos en los que sí han estado presentes todas las sensibilidades hemos visto cosas increíbles: pueblos donde la viuda de una persona asesinada por ETA compartía foro con el portavoz de los familiares de los presos de esa localidad, o a personas amenazadas que han sido las que han promovido el foro. Eso para nosotros es un gran tesoro, porque además no se ha producido ningún incidente en ningún sitio.
Los intereses electoralistas, ¿influyen en lo que deberían ser intentos sinceros por lograr la paz?
Las dinámicas políticas y electorales influyen permanentemente, no podemos ser ingenuos. Es algo que hay que aceptar, pero lo que no puede ser es que los debates centrales de este país estén condicionados por esos calendarios de tipo electoral. Y eso se ve muy claramente en los foros, la gente entiende las legítimas aspiraciones de los partidos pero también que eso tendría que ser compatible con abordar aquellas materias que requieren ser tratadas inmediatamente. Que haya un espacio de diálogo entre todas las formaciones en el que se puedan alcanzar acuerdos fundamentales desde ya. Y eso no puede estar pendiente de si hay una cita electoral o determinado acontecimiento político en el horizonte cercano.
La consulta propugnada por el lehendakari Ibarretxe, ¿cómo puede afectar a la coyuntura actual?
La experiencia nos dice que afecta mucho menos de lo que puede parecer si se atiende a los medios de comunicación. Nadie se escandaliza, sino todo lo contrario. En líneas generales, a los ciudadanos les parece algo normal que se planteen las opciones que se consideren adecuadas para solucionar los principales problemas del país. Lo que no se entiende es que no haya un diálogo político en torno a esa posición y a otras posiciones que se puedan poner encima de la mesa.
Dado el actual enconamiento del conflicto, ¿se corre el peligro de que pueda llegar a sonar ingenuo hablar de realizar esfuerzos para la paz?
Es verdad que la terminología en determinado contexto puede parecer demasiado naif, pero mientras haya una situación de conflicto abierto, por muchas dificultades que haya no hay otra alternativa que seguir buscando un espacio de construcción de un proceso de paz. Renunciar a ello es aceptar que este país no tiene solución, y eso, aparte de ser una barbaridad científica, no es compartido por la inmensa mayoría de esta sociedad.
Aún así, ¿el proceso de resolución del conflicto está atravesando una fase de depresión?
Mientras persistan los atentados y las amenazas, evidentemente viviremos una situación inaceptable. Pero, sin perder nunca esa perspectiva, si comparamos la situación actual con la de hace 10 años, ha habido una evolución muy positiva en muchos aspectos. El rechazo a la violencia absolutamente mayoritario que existe en nuestro país nos indica que no hay otra alternativa de futuro que un escenario de respeto a los derechos humanos.