DENTRO del monasterio de Santa Ana de Elorrio los sentidos se agudizan. Apenas se oyen ruidos, pero un aroma dulce y suave delata lo que se cuece –y nunca mejor dicho– en su inmaculada cocina. Allí, sor Inés y sor Pilar, envueltas en sus mandiles blancos, se esmeran en dar forma a mostachones y tartas rellenas de nata, yema, cremas, almíbares y demás pecadillos tan veniales como deliciosos. Nada más y nada menos que 29 años llevan las religiosas de este convento elaborando dulces que venden a través del torno. “Antes elaborábamos también pasteles individuales pero dejamos de hacerlos porque los brazos ya no nos dan más de sí”, explica sor Inés. “Ahora estamos sólo las dos haciendo dulces, y primero somos monjas y luego pasteleras”, explica.“Nopodemos dejar el coro, los oficios, nuestros rezos. La repostería sirve para sustentar la comunidad. Esunmedio de vida pero nuestra vida es otra”, añade.
Estos días, la actividad en esta cocina ha sido frenética. Y es que, este monasterio va a participar en la iniciativa Los dulces del convento, que viene demanodel Museo Diocesano de Arte Sacro de Bilbao, y que reúne a partir de hoy enel claustro del antiguo Convento de la Encarnación a repostería y productos realizados por religiosos y religiosas de dentro y fuera del Estado.
“Este es el cuarto año que participamos y estamos ocho días a tope pero merece la pena. Es una aventura bonita”, dice sor Inés riendo. Así que, ni cortas ni perezosas, sor Inés y sor Pilar han preparado la friolera de 220 cajas de mostachones para esta ocasión y tienen que preparar para estos tres días 30 tartas de las variedades San Marcos, Berriotxoa yMascota. Así, llevanelaborando los mostachones desde hace una semana. En cambio, las tartas las preparan en el día, ya que al estar hechas con productos naturales no aguantanmucho tiempo. “Nuestros dulces no tienen ni conservantes ni colorantes.
Todo es natural.Enesta casa ni siquiera hay un gramo de levadura. Los mostachones y los bizcochos sólo tienen azúcar, harina y huevo. El secreto de los dulces de los conventos es que están sin contaminar”, destaca con ojillos vivos sor Inés. Para poder preparar todas estas delicias, sor Inés y sor Pilar han echado mano de refuerzos. Maite, una amiga de esta comunidad religiosa, les ha echado una mano en la cocina y Pantxi y Emili, dos hermanas de sor Inés, se han dedicado a empaquetar los mostachones. El equipo se completa con otro hermano de sor Inés que se encarga de llevar cada día a este mercado las tartas recién hechas.
Además, estas dos religiosas han preparado para esta ocasión ochenta frascos de un ungüento medicinal como el que fabricaban antaño las monjas del convento. Indicado entre otras cosas para las infecciones y quemaduras, este preparado lleva aceite de oliva virgen, cera de abejas y hojas de hiedra. “Somos de todo: cocineras, pasteleras y curanderas”, exclama riendo sor Inés.