BILBAO. El escritor Eduardo Mendoza (Barcelona 1943) estuvo ayer en Bilbao para recoger el premio del Gremio de Escritores Vascos -Argital Sariak-, "un tipo de galardón que da gusto recibir. De los que animan mucho", explicó. Su última novela, El asombroso viaje de Pomponio Flato (Seix Barral) -que se publicó el 27 de marzo-, ya ha vendido más de 150.000 ejemplares y está a punto de alcanzar la séptima edición. Todo un éxito para lo que él define como "un libro para leer en el AVE" y que escribió sin tener siquiera la seguridad de que llegaría a la imprenta.
Sin embargo, esta humildad no puede ocultar treinta y cinco años de oficio aplicados a una curiosa historia que transcurre en Palestina en el primer siglo de nuestra era y cuya adscripción al género de la parodia merece muchos matices por su parte. El argumento, mezcla de novela histórica y detectivesca, narra la historia de un patricio romano, de nombre Pomponio Flato, que llega a Nazaret en busca de unas aguas medicinales y es contratado como detective por el Niño Jesús para investigar la acusación de asesinato contra su padre.
Mendoza recuerda que alguien le dijo que iba a tener problemas con la Conferencia Episcopal, pero él no los esperaba y no se han producido. "El libro, aunque es irreverente, es de una irreverencia de excursión de colegio de monjas, muy cariñoso. Cuando lo escribía tenía muy presente cómo sacar y hacer hablar a la Sagrada Familia de una forma humorística sin caer en el chiste barato. Esto me parecía un desafío y quiero creer que lo conseguí. Otra cosa es el enfrentamiento, también muy light, de una forma pagana de ver el mundo y de la judeocristiana, con la que se encuentra el pobre Pomponio, para el que la vida al amparo de los dioses del Olimpo es mucho más soleada y primaveral que la que se avecina".
El autor no sabe a qué atribuir el éxito de esta obra que escribió para entretenerse, y lo justifica "en la saturación de libros sobre esos temas que ahora están de moda: María Magdalena y su novio Satanás, Poncio Pilatos era una mujer, el demonio se disfrazó del buey y la mula y estaba en el Portal de Belén... y además escritos con una seriedad tremenda, un volumen muy grande y la cubierta un poco gótica con alas de murciélago".
Mendoza admite que es un escritor con dos facetas, una seria y otra humorística, pero cree que "el chiste tiene más gracia si lo cuenta una persona seria", como él y todos sus libros menos tres. "La dosis ha de ser muy pequeña. No concibo una carrera literaria sólo humorística", afirma con rotundidad. |