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Kartografiak
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Kafka
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Jesus Mari Lazkano
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mi querido amigo Lapitz, leo con complicidad tus tribulaciones y aventuras aeroportuarias, en los malditos controles, a los que nos tienen sometidos. Me congratulan tus andanzas desde la solidaridad de encontrarme entre los afectados y veo que no soy el único al que, el paso por el arco detector, se transforma en arco a los infiernos, arco de triunfo al absurdo, paso obligado a lo surreal, un submundo o burbuja anticonstitucional… Uno se siente tan indefenso y vulnerable como cuando nace de nuevo al mundo, en este caso, paradójicamente, un mundo sin control. Y sirve tu columna para refrescarme la memoria, puro surrealismo, en torno al arco y rememorar alguno de mis encontronazos. Sucedía en el aeropuerto de Dallas, infausta ciudad para los Kennedy y famosa por su Feria Armamentística. En esto que se me ocurrió ingenuamente, traer para mis hijos un disfraz de vaquero tejano, propio del lugar, con sus cromadas pistolas de baquelita acompañadas de sombrero estrellado y para evitar que se estropeara, decidí llevarlo en cabina. Obviamente, en torno al arco se armó buena. En la pantalla del policía, brillaban color verde fosforito, las flamantes pistolas de juguete. Gran revuelo, sirenas parpadeantes, policías corriendo, trajeados agentes del FBI, todos alborotados, todos gritando, todos nerviosos, el paso por el arco detenido y la cola de viajeros tras de mí, alargándose al infinito por segundos, sintiendo cómo se clavaban sus miradas asesinas en mi nuca… Mil explicaciones, mil oscuros despachos recorridos, mil negaciones a abandonar mi preciado regalo en el aeropuerto, mil caras de policía, mil formularios rellenados, mil firmas y sellos y el pobre disfraz a la bodega del avión. Eran otros tiempos y otros miedos…Y es que, mi querido Lapitz, la realidad es una sucesión de historias repetidas y espacios del absurdo por los que desgraciadamente, nos vemos obligados a transitar demasiado a menudo. ¡Si Kafka levantar la cabeza! |
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