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María Jesús Serrano y Lorenzo Romero se han convertido en expertos en rastrear su barrio (La Casilla) en busca de productos asequibles al bolsillo. |
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la subida del precio de los alimentos >
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La cesta de la compra nos pone a dieta
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Llenar la nevera se ha convertido en un desafío para las familias vascas. Debilitados ya por la escalada de las hipotecas y la gasolina, los hogares afrontan subidas de hasta el 40% en los alimentos básicos.
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LAS autoridades sanitarias recomiendan a los ciudadanos llevar una dieta saludable, basada principalmente en fruta y verduras, complementadas con cantidades moderadas de alimentos ricos en hidratos de carbono (pasta y arroz), al tiempo que desaconsejan abusar de la carne. Es mejor elegir la que no es roja (pollo, por ejemplo) y, en la medida de lo posible, reemplazarla por el pescado.
Esta recomendación, inspirada por las mejores intenciones, es, desde el punto de vista del bolsillo, un peligroso coqueteo con la bancarrota familiar. Productos básicos de consumo se han encarecido hasta un 40% en los últimos doce meses, un auténtico reto para las economías domésticas. Oficialmente, el compendio de artículos que componen la cesta de la compra en Euskadi se ha encarecido un 7,4% en el último año, según consta en el desglose del último Índice de Productos al Consumo (IPC), correspondiente al mes de marzo.
A pie de calle, los ciudadanos constatan que la subida ha sido muy superior. Varios consumidores ha relatado a DEIA sus sensaciones sobre este preocupante fenómeno.
Lorena Arraiza, 32 años
"Es aberrante que el pan valga 1,20 euros. ¡Son 200 pesetas!"
Lorena forma parte de un colectivo especialmente afectado por el encarecimiento de la cesta de la compra. Esta delineante de 32 años es vegetariana desde que tenía 14. Su dieta de compone de frutas, verduras, productos lácteos y huevos, artículos que se han transformado prácticamente en lujos "para sibaritas", dice. Antes del euro, ser vegetariana era un chollo, "me alimentaba con variedad y encontraba calidad a un precio muy asequible", recuerda.
Hace unos años, eran los amantes de la carne y el pescado los que más tenían que rascarse el bolsillo. Ahora le toca a ella. "Los precios de las frutas y verduras han subido exponencialmente, por no hablar de los frutos secos, que son básicos en la dieta vegetariana". Lorena pone un par de ejemplos: paga las nueces y avellanas a 6,50 euros el kilo y se ve obligada a desembolsar seis euros si quiere comprar una minúscula bolsa de piñones (60 gramos).
Junto a un problema de precio, Lorena detecta otro de calidad: "Tienes que patear mucho para encontrar tiendas con buen género donde poder comprar tomates de verdad, o melocotones que de verdad huelan a melocotón, o al menos que no sean insípidos", se queja. En suma, la inflación alimentaria le parece "amoral". A su juicio, es una "aberración" que algo elemental como la barra de pan pueda costar 1,20 euros. "¡Son 200 pesetas!", exclama.
Herminia Barrenetxea, 65 años
"¿Qué casa se permite el lujo de comprar una caja de fresas?"
Como buena ama de casa, Herminia es una consumada experta en exprimir presupuestos hasta la última gota. Sus tres hijos ya se han ido de casa, salvo el más joven (29 años), que se pasa "de vez en cuando". La nevera, por tanto, no tiene que estar siempre a rebosar para satisfacer a toda la tribu. Y aun así, los precios le obligan a sacrificar algunos caprichos. "En lugar de coger una merluza grande, me tengo que conformar con una pescadilla pequeña, no como langostinos siempre que me apetece y me quito de otras cosas que me gustan, como galletas especiales", comenta.
La cartera de Herminia ha acusado "un montón" la subida generalizada de los alimentos. "El euro nos hizo una faena impresionante", protesta. Ella, como la mayoría de ciudadanos, sitúa el comienzo del problema en la implantación de la moneda común. "¿Qué casa se puede permitir comer fresas, si está la caja a 2,80 euros? ¡500 pesetas! Se han convertido en un lujo, y es una pena, porque es fruta del tiempo y aportan hierro", se lamenta.
Por ello, cree que corresponde al Gobierno hacer algo, "poner una solución". "En la última semana del mes nunca hay dinero", asegura.
Lola García, 56 años
"A final de mes, los carros van vacíos en los supermercados"
Lola, profesora bilbaina de 56 años, le niega la mayor al Instituto Nacional de Estadística. El órgano que elabora el cálculo del IPC sostiene que la alimentación ha subido un 7,4% en los últimos 12 meses. Para ella, el incremento es del 20%. La prueba -argumenta- está en los carros de la compra a finales de mes. "Sólo hay que verlos de un tiempo a esta parte: van vacíos. Si echas un vistazo alrededor en la cola de la caja, se ve clarísimo: mucho congelado, muchas salchichas...". Es decir, de lo barato, lo más barato.
Los dos sueldos que entran en su hogar permiten a la familia de Lola no vivir apurada. Ella apuesta por la calidad, aunque le cueste un poco más. Compra fruta tres veces por semana, y en su frutero nunca faltan manzanas, aunque le claven 3 euros por cada kilo. Ni tampoco pescado. "Se nota mucha diferencia de precio entre las pescaderías pequeñas y las grandes superficies", detalla". En éstas, es más económico, pero "hay mucho producto de importación, y se nota en el sabor".
A través de los periódicos y la televisión, Lola conoce los factores que se apuntan como desencadenantes de la escalada de precios (uso masivo de cereales para biocombustible, aumento de la demanda mundial, etc.), pero no se los cree. "Yo voy mucho a Asturias, y no puede ser que tiren toneladas de leche porque no la venden, o porque les pagan poco por ella".
ángela garcía, 52 años
"El Estado debería intervenir, los precios son desmesurados"
"Por la misma cantidad de productos que compraba hace un año, ahora pago el doble". Con esta frase resume Ángela el sablazo de la factura de la alimentación. Le gusta la nutrición sana, a base de verduras, fruta y pan integral, algunos de los artículos más sacudidos por la inflación. Le parece "increíble" que por una barra "que apenas tiene peso" le lleguen a cobrar 1,50 euros.
Abordamos a esta profesora a la salida de la panadería, y apenas puede disimular su indignación. "Yo no estoy de acuerdo en el intervencionismo de Estado, pero en este caso debería tomar cartas en el asunto porque los precios son desmesurados, esto no puede ser una selva", asevera.
Ángela está bien informada sobre el fenómeno de los biocombustibles. Para limitar el problema de las emisiones tóxicas, los productores han echado otro a rodar: la escalada de los cereales. Se calcula que sólo las plantas de bioetanol -sustitutivo de la gasolina- que funcionan en Estados Unidos quemarán, como mínimo, la tercera parte de las cosechas de maíz en los próximos años. A juicio de esta bilbaina, las prioridades deberían estar claras: "Primero hay que llenar el estómago de las personas, y luego el del coche".
A la espera de que las autoridades actúen directamente para frenar las subidas, Ángela propone varias fórmulas que cualquier ciudadano puede aplicar: "Yo no tiro nada, todo lo reutilizo, uso poco el coche y a mis alumnos siempre les transmito que hay que usar el transporte público". En el apartado de los hábitos de compra, cambiar de patrón -reconoce- es "muy difícil".
maría Jesús serrano, 54 años y lorenzo romero, 48 años
"Antes nadie quería sardinas, ahora te clavan un dineral"
María Jesús vive "amargada" por los precios, reconoce. Su marido revela que es el tema de conversación que más chispas levanta en casa. "Nosotros tenemos sólo un hijo porque no nos podemos permitir tener más", ilustra, "y con estos precios no se puede vivir, ¡en todo caso, malvivimos!". Aunque ambos tienen empleo -ella es funcionaria y él trabaja en la empresa privada- se han visto forzados a renunciar a sus comidas preferidas. En su mesa nunca faltaba antes un chuletón todas las semanas. Desde hace un tiempo, lo ha sustituido un entrecot, "y no siempre".
Los mismo les ocurre con las anchoas -"te clavan un dineral", advierte- y con las sardinas, que hace unos años "parecía que nadie las quería y ahora son un lujo". Todas esas privaciones tienen un único beneficiario: su hijo. "Lo único en lo que no escatimo es en educación, ahí sí que me gasto lo que haga falta", desvela.
El matrimonio tiene costumbre de hacer la compra a mediodía. Son expertos en peinar su barrio en busca de comercios con buen género y asequible al bolsillo. María Jesús es capaz de recitar de memoria los precios de decenas de productos. "Mira, las acelgas, que es de lo más normalito, están a 1,19 euros el kilo, los calabacines a 90 céntimos, las naranjas de zumo a 2,90 euros, el pollo... ¡es intocable! ¿Quieres que siga?".
El panorama se ensombrece aún más con el encarecimiento de las hipotecas. "Estamos ahogados", confiesa él. Este mes celebran la primera comunión del hijo y no saben si sobrevivirán para contarlo.
luis maría gonzález, 46 años
"Me gasto 120 euros en llenar el carro, 40 más que antes"
El origen del estallido alimentario fue la introducción el euro: "Equipararon las 100 pesetas con un euro, y así nos va". Luis María ya ha hecho cuentas. Acompañado de su mujer, hace una compra "fuerte" cada "15 ó 20 días". Para llenar el carro está aflojando del orden de 120 euros, unos 40 más de lo que necesitaba antes. "Y eso que -precisa- tiramos mucho de productos blancos para todos los artículos secundarios, como jabón, lavavajillas...".
Este chófer de autobús de 46 años tiene la ventaja de vivir en un piso que heredó de sus padres. Se ahorra la hipoteca, pero le pasa una pensión mensual a la hija de un matrimonio anterior. Debido a su oficio, utiliza el coche a menudo, y tirita cada vez que entra en una estación de servicio. "En mi casa hay dos sueldos y sí llegamos a fin de mes, pero cada vez es más difícil hacer planes de ocio normales, como salir a tomar cervezas o ir a cenar", explica. Y para cuadrar el presupuesto de las vacaciones, "no hay más remedio que ir ahorrando poquito a poco, como se pueda".
Con las anchoas "a precio de solomillo" y el café "a 200 pesetas de las de antes, una burrada", Luis María considera que la Administración no puede eludir su responsabilidad en este problema. "Deberían ver cómo se vive a pie de calle, no desde el despacho. Que se impliquen con la gente en el día a día, y ya verán como se vive", reclama.
por las nubes
El Ministerio de Industria, Comercio y Turismo hizo pública esta semana la evolución de los precios de los principales productos de alimentación. Éstas son algunas de las subidas medias más significativas:
· Aceite de girasol. A 1,48¤ el litro. Ha subido un 40,65% en un año.
· Limones. A 1,80¤ el kilo. Han subido un 38,45% en un año.
· Harina de trigo. A 0,74¤ el kilo. Ha subido un 28,37% en un año.
· Leche A 0,96¤ el kilo. Ha subido un 23.57% en un año.
· Espaguetis. A 0,71¤ el paquete de medio kilo. Han subido un 20,27% en un año.
· Plátano de Canarias. A 1,91¤ el kilo. Ha subido un 19,47% en un año.
· Naranjas. A 1,43¤ el kilo. Han subido un 14,51% en un año.
· Pollo. A 2,98¤ el kilo. Han subido un 12,93% en un año.
· Arroz. A 1,11¤ el kilo. Ha subido un 12,67% en un año.
· Huevos. A 1,65¤ la docena. Han subido un 10,74% en un año.
En contraste, unos pocos artículos han bajado de precio:
· Patatas. A 0,94¤ el kilo. Han bajado un 7,51% en un año.
· Tomates de ensalada. A 2,06¤ el kilo. Han bajado un 16,69% en un año.
· Lechuga. A 0,87¤ la unidad. Ha bajado un 4,37% en un año.
la subida del precio de los alimentos |
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