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11-05-2008
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Las verdades de Van Walsum sobre el Sahara occidental
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Las verdades de Van Walsum sobre el Sahara occidental
Elmami Brahim Ahmed-salim
El examen periódico de la cuestión del Sahara occidental, en el Consejo de Seguridad hubiese sido un trámite más de los que viene haciendo esté órgano desde que asumió el asunto en el marco de sus responsabilidades sobre las cuestiones de paz y seguridad desde 1991 si no fuese por las declaraciones del actual enviado personal del secretario general para el Sahara, cuyos ecos provocaron indignación en unos y euforia en otros, según sea el impacto sobre las posiciones que defiende cada parte.

El hombre que sustituyó a James Beker, recibió como mandato sacar del impass al proceso estancado y conducir a las partes a un acuerdo de solución mutuamente aceptable, que respeta el derecho de la libre determinación sin condiciones previas, pautas que el Consejo le fijó en las resoluciones 1754 y 1783, bases formales del mandato negociador que Walsum llevó a cabo durante cuatro rondas de conversaciones entre Marruecos y el Polisario en la localidad de Manhasset, cerca de Nueva York.

Después de comprobar en primera persona que los encuentros celebrados hasta el momento no han sido fructíferos y ni siquiera pueden ser considerados verdaderas negociaciones porque las conocidas posiciones de las partes se siguen manteniendo a pesar de la plena disposición que ambas partes dicen tener para seguir buscando una solución pacífica. El enviado personal del secretario general se dirigió al pleno del Consejo en su primera sesión, y en formato de intercambio informal, expuso lo que dice ser su criterio y conclusiones personales en una aparente sintonía con el informe presentado un poco antes por el secretario general, que anticipaba entre líneas lo que su representante guardaba en silencio para su intercambio con los miembros del Consejo.

El señor Van Walsum, para sorpresa de muchos, dijo entre otras cosas que la alternativa de la independencia del territorio no es realista e insinuó que el Polisario debe abandonarla en pro de una solución autonomista que él consideraba la razón oculta del proceso de negociaciones en marcha. Estos términos expresados por el enviado personal, difundidos inmediatamente por los medios de comunicación, no son lo único, que ese día escucharon los miembros del consejo de seguridad.

El experimentado diplomático, al parecer acusando un cansancio sintomático de una labor que antes que él desempeñaron destacadas figuras y frustró los esfuerzos de cinco secretarios generales, vio en esta ocasión la oportunidad -desafortunada quizás- para decir ciertas verdades que a mi parecer debieron ser destacadas, todas en su justa medida.

El enviado personal del secretario general reconoció ante el Consejo de Seguridad que el Polisario es la parte que cuenta con el más sólido argumento legal por cuanto el territorio está inscrito como pendiente de descolonización y hay infinidad de pronunciamientos del Consejo y de la Asamblea General que respaldan el derecho de sus habitantes a la autodeterminación, como también el hecho de que Marruecos no tiene soberanía reconocida sobre el territorio.

La sabia elocuencia de sus palabras y el sentido que estas tienen no debe ser desaprovechado. Independientemente de lo que una de las partes puede achacarle después de haber dicho lo que dijo respecto a la independencia del territorio porque en segundas lecturas estas significan en primer lugar un mensaje claro que si retumba en los oídos de las partes en conflicto de modos diferentes, pero tiene un único sentido para el Consejo de Seguridad y por extensión a toda la comunidad internacional.

El señor Peter Van Walsum no alega razones económicas, sociales, ni políticas para la inviabilidad de un futuro estado saharaui, porque estos pretextos no invalidan el ejercicio del derecho de libre determinación, según el derecho internacional aplicable. Él lo hace arguyendo que Marruecos no está dispuesto a abandonar el territorio y ningún miembro del Consejo de Seguridad de los que tienen ascendencia sobre este país está dispuesto a convencerle y ahí es donde radica la principal cuestión.

En definitiva, el enviado personal del secretario general más que perjudicar al Polisario o beneficiar a Marruecos, lo que ha hecho es desvelar una verdad, aunque conocida, que siempre estuvo oculta detrás del poco expresivo lenguaje diplomático. Lo que sucedió en el Consejo de Seguridad ese día no es en todo caso un hecho aislado ni es el humo de un fuego inexistente, más bien es el primer eslabón hacia el desvío de un proceso a la deriva desde hace ya un tiempo atrás, es introducir cada vez más nuevos elementos en pequeñas dosis para la modificación definitiva del curso lógico que debe seguir una solución de un caso de descolonización clásico.

La gravedad de estos planteamientos no hay que buscarla en el hecho de que fueron expresados por quien su papel de mediador le exige prudencia y cierta equidistancia respecto a las pretensiones de las partes en pugna, cosa que con toda seguridad el diplomático holandés conoce mejor que nadie, porque, él es un hombre curtido en mil batallas de diplomacia internacional. La preocupación por ello, está en lo que le ha inducido a lanzar este órdago. ¿En nombre de quién se expresa Van Walsum? ¿ A quién comprometen sus palabras? Decir que sus palabras sólo le comprometen a él sería poco juicioso, porque así serán únicamente hasta que el Consejo las endose en una futura resolución aunque busque para encajarlas referencias indirectas, como hizo en su momento con la propuesta de autonomía, invitando a las partes a negociar teniendo en cuenta los nuevos acontecimientos. Cuesta creer que lo expresado por este hombre, sólo es su criterio personal y nada más.

Una cosa puede ser cierta. El enviado personal del secretario general, convencido de que eso es lo que piensan algunos miembros del Consejo en voz baja, quiso ponerlo en evidencia y ahorrarles el trauma de asumirlo ellos mismos, aún a riesgo de jugarse su credibilidad como mediador. En definitiva él es efímero y ellos permanentes.

En todo caso, las declaraciones del diplomático desde luego no son inocentes, con ellas se busca sacar de su marco lógico la cuestión del Sahara y ponerla a merced de cualquier criterio, borrando rápidamente sus rasgos esenciales para al final precipitar cualquier solución y encima reconocerla como válida por el mero hecho de estar refrendada por el consejo de seguridad. Facilitar las cosas a los que tienen decidido su apoyo a la propuesta marroquí es lo que ha hecho Van Walsum, porque estos a partir de ahora pueden alegar la opinión del enviado personal, que en apariencia sólo le compromete a él, como algo a tener en cuenta para las futuras negociaciones.

* Jurista saharaui y doctor en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales
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