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La construcción emplea a más de 86.000 trabajadores en el País Vasco. Foto: deia |
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El parón inmobiliario arrastra a una veintena de firmas vascas a la quiebra
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Los juzgados esperan una oleada de insolvencias en los próximos meses.
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Ibai Cereijo
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bilbao. El sector de la construcción aguanta la respiración en Euskadi. La suspensión de pagos presentada esta pasada semana por Urazca ha roto mitos sobre la relativa inmunidad de la actividad inmobiliaria en el País Vasco frente a la crisis. La caída de esta compañía ha confirmado que la quiebra de la promotora Ereaga hace pocos meses no fue un hecho aislado.
Aunque las empresas vascas han tenido una modesta participación en los recientes excesos más flagrantes del ladrillo -el estallido de la vivienda vacacional en Levante o las macrourbanizaciones como la de Paco El Pocero en Seseña (Toledo)-, los últimos episodios han demostrado que una parte importante del sector se ha expuesto en demasía al riesgo.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) referidos al primer trimestre, 12 firmas del sector se encuentran en proceso concursal -la antigua suspensión de pagos- en Euskadi, de las que ocho son constructoras y cuatro prestan servicios inmobiliarios. La lista se completa con una decena de sociedades, generalmente de carácter industrial, que han acudido al juzgado al no poder hacer frente a las facturas. Se trata de proveedores de material -ferralla, hormigón, etc.- y de pequeñas empresas de electricidad o montaje de mobiliario.
En el conjunto del estado, ya son 83 las constructoras que se han declarado en bancarrota, además de otras 57 empresas de servicios vinculadas al sector.
bálsamo en la obra pública Hace pocas semanas, la patronal vizcaina de la construcción Ascobi reconocía que la coyuntura de la edificación residencial era de "incertidumbre". Su gerente, Iñaki Urresti, se felicitaba por el bálsamo que supone el enorme volumen de obra pública que las Administraciones tienen en cartera. Las obras de la Y vasca (3.300 millones de euros) y la Supersur (1.290 millones), representan los principales pilares de sustento para que la actividad no se derrumbe.
Sin embargo, el naufragio de Urazca levanta dudas sobre si las adjudicaciones públicas van a ser suficientes para frenar el desplome de empresas que se habían lanzado al mercado con excesiva alegría. El grupo comandado por Ignacio Ugartetxe, ex presidente del Athletic, aglutina una cartera de pedidos de 320 millones compuesta principalmente por contratos de infraestructuras -tiene tramos encargados en la Y vasca, la Supersur y Metro Bilbao-, pero eso no ha evitado que se abra un agujero en su contabilidad.
Urazca ha solicitado la suspensión de pagos con el pasivo más cuantioso de la historia empresarial de Euskadi. Podría superar los 400 millones entre deudas con bancos, proveedores y avales técnicos. Ereaga acumulaba obligaciones por valor de 160 millones. Es necesario remontarse a 1992 para hallar un caso de similar magnitud, cuando Tubacex declaró una deuda de 20.000 millones de pesetas, el equivalente actual de 120 millones de euros.
Edorta Etxarandio, el magistrado que tramita el caso en el juzgado de lo mercantil número 2 de Bilbao, fue muy explícito este pasado viernes al advertir de que en el futuro "vendrán otras empresas" con el mismo problema. El juez tiene una amplia experiencia en la gestión de concursos de acreedores. Recientemente llevó también el de la fábrica vizcaina Matrinor. En un encuentro con periodistas, lanzó su pronóstico: "Van a batirse todos los récords sucesivamente en los distintos concursos que se presenten de promotores y constructoras".
"ni un palo de escoba" El mercado de la vivienda está congelado. "No vendemos ni un palo de escoba", declara a DEIA la responsable de una inmobiliaria en Getxo. "No es un problema que atañe exclusivamente a los grandes promotores. Las pequeñas constructoras o lo particulares que han empeñado su dinero no pueden pagar las letras al banco, y están seguros de que no podrán hacerlo en meses", confesó.
Los datos son elocuentes. La venta de viviendas cayó el pasado mes de febrero -último del que hay cifras- un 40% en la CAV. En el Estado el desplome se cifra en el 24,4%, lo que ya ha arrastrado a inmobiliarias como Llanera, Lábaro, Temple, Contsa, mientras que otras como Hábitat, Martinsa o Colonial se han salvado sobre la bocina.
El escaso peso del ladrillo sobre el PIB y el empleo en el País Vasco parece una garantía de que la crisis no va a desencadenar un desastre. 86.200 personas (el 8,8% de los activos) trabajan en la construcción, que aporta el 6,8% de la riqueza económica, frente al 32% de la industria.
Los implicados en este bache ya saben que deberán pasar el trago sin fármacos gubernamentales. El vicepresidente Pedro Solbes, se negó esta pasada semana a aprobar ventajas fiscales extraordinarias que impidan "artificialmente" el "necesario" ajuste del sector. |
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