E S la primera vez que vengo, todavía me sigue dando un poco de vergüenza hablar en euskera, pero bueno, ya por el segundo nivel, poco a poco me voy soltando". El caso del bonaerense Oscar González, de 25 años, era una buena muestra del mosaico cultural que conforma una fiesta como el Herri Urrats, que atrajo ayer a miles de fieles, algunos de ellos también de otras latitudes
El chaval, sentado a orillas del lago, se disponía a iniciar junto a su familia el recorrido por el circuito, del que ya se descolgaban los enérgicos acordes del grupo Betagarri, en plena actuación. "Estos actos me gustan, pero creo que la clave está en que no quede en un acto simbólico de un día sino que el euskera siga vivo el resto del año", agregaba el chaval, un tanto más confiado, dando rienda suelta a lo aprendido en el euskaltegi.
Oscar González aguardaba en la entrada principal, en la espacio bautizado como Bajo Navarra. La concepción del circuito resultaba de lo más original, una suerte de recorrido por Euskal Herria pero en tan sólo cuatro kilómetros, los mismos que circundan las verdes aguas de Senpere.
actuaciones musicales Celtas Cortos
Siete zonas (Bizkaia, Gipuzkoa, Araba, Nafarroa, Lapurdi, Zuberoa, y un espacio infantil) repletas de reclamos, que impidieron a más de uno finalizar el recorrido porque caían seducidos por el jolgorio y sus reclamos. Era el caso, más que visible, del bilbaino Mikel Arregi, con alguna cañita de más. "Ehhh txo, dantza egin", balbuceaba bajo su gorra con el reivindicativo lema de Gora Euskadi. Entretanto, gigantes con las manos alzadas al más puro estilo Marijaia animaban al personal con sus proclamas en favor de la lengua vasca y su uso.
Para mediodía, el olor a talos resultaba más que tentador y los katxis de cerveza era ya moneda de curso legal. Fue muy esperada la actuación de Celtas Cortos, uno de los principales reclamos musicales de la jornada, pero la fiesta dio mucho más de sí. Sobre todo en la zonas Araba, Nafarroa y Lapurdi, donde tuvieron lugar las actuaciones de bandas como Esne Beltza, Deabruak Teilatuetan y MAK, entre otros.
Los más amigos de cultivar el intelecto, ésos que siempre aprovechan este tipo de festejos para hacerse con algún que otro ejemplar, tuvieron ocasión de dar rienda suelta a su inquietud con libros a la venta como el celebrado Requien pour la Navarre, de Pello Guerra.
Pero uno de los guiños más cómplices en la bodas de plata del Herri Urrats se lo llevó el público infantil, que ayer se lo pasó de lo lindo con los castillos hinchables, la omnipresente y festiva vaquita Betizu. También hubo espacio para que los escolares midieran sus fuerzas en un sinfín de juegos rurales organizados por la Federación de Ikastolas de Iparralde.
las más fieles El perro 'Askatu'
Y sobre todo, lo que perdura en la fiesta es la fidelidad de los que llevan años tras ella, como las hermanas donostiarras Irune y Amalia Uribeetxeberria, que atesoran ya dos décadas de idilio con el Herri Urrats y se permiten acudir a Senpere con un perro que responde al nombre de Askatu, con una pegatina en su testa. "Sí, se lo pusimos por libertad, con un espíritu reivindicativo como el que tiene esta fiesta. Es una celebración perfecta, con buen ambiente, agua, arena de playa, y resulta comodísima para los chavales", reconocía Amalia, de 33 años, junto a su hijo, Iker Alonso, de tan solo un añito.
A última hora, la Cruz Roja tuvo que emplearse a fondo para trasladar en camilla a más de un chaval que se entregó demasiado a la fiesta. Algunos vecinos de la zona, que habitan esas villas próxima, que han ido creciendo con el paso de los años junto al lago, seguían sin quitar ojo el devenir de una fiesta que discurrió a la perfección en sus bodas de plata. |