TODA obra toca a su fin. Cada vez queda más cercano el espacio para sentar crítica, el momento de obtener conclusiones, algunas buenas y otras no tanto. Por de pronto, San Mamés baja el telón a una temporada que comenzó con muchas dudas pero que se concluirá con más alegrías que penas. Precisamente por eso, porque los bilbainos echan un vistazo al retrovisor de la historia y rememoran angustiosos trances como los acaecidos por estas alturas de la campaña 2006-07. Pero esa es otra historia. La de ayer, en concreto, era una segunda entrega que trataba de revancha, de leones con hambre de victoria. De una antigua profanación en La Catedral, domicilio de uno de los reyes de Copas. Pues tanto el Athletic de césped como el de grada, así concebía la contienda. Fue duro el revés que sufrió el conjunto dirigido por Joaquín Caparrós ante el Racing en los cuartos de final de la competición del KO. Hizo mella. Eso se percibía en el graderío. De ahí que el Athletic quería devolver la misma moneda. Buscó beneficiarse del cuadro cántabro para mantener vivo un sueño llamado Intertoto.
En la cabeza de los asistentes rondaba la noticia del fallecimiento del ex componente del organigrama técnico del Athletic Eusebio Ríos, padre del ex jugador rojiblanco Roberto Ríos. Lástima, el minuto de silencio que no se pudo guardar, pues la Federación no permite protocolos previos en estas dos decisivas jornadas. Fue un ausente pero a la vez presente último adiós.
La primera imagen fue concretamente la de solidaridad. Ambos equipos saltaron al terreno de juego portando una pancarta que rezaba: Levante justicia. Pero el silencio duró poco, pues el Racing se llevó la primera pitada de la noche. Pronto se pudo percibir el hostil ambiente que los jugadores de Marcelino se toparían en tierras vizcainas.
Aunque sería el colegiado Velasco Carballo quien más inquietó a la grada con sus decisiones, como la del penalti sobre Llorente que vio la afición rojiblanca en el minuto 35.
Mientras unos comentaban las jugadas, otros se interesaban por los resultados del resto de encuentros de la jornada. No fueron pocos quienes acompañaban el partido con el transistor en una oreja.
En la grada hubo instantes de suma tensión en el ecuador de la primera mitad. Los seguidores racinguistas fueron desplazados a una zona apartada para no tener roces con la parroquia rojiblanca. Aunque sí que hubo cruce de palabras.
Conscientes de que se traba de la última ocasión para acudir a San Mamés en unos meses, los seguidores del club bilbaino empeñaron hasta la última cuerda vocal, como se vio en la despedida de los leones, que al término se juntaron en el círculo central para intercambiar unas palmadas con su público. Hasta la próxima campaña se decían jugadores y aficionados con la mirada.
San Mamés descansará de nuevo. Una temporada menos en la longeva vida de uno de los campos más prestigiosos del fútbol mundial. Reconocimiento ganado a pulso por su afición, sangre que corre por las venas del Athletic. Un conjunto que ayer no pudo pasar del empate para conceder ese pequeño homenaje a la grada. Una pena. Se baja el telón. |