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Riccardo Riccò celebra, con los brazos en cruz, su segunda victoria de etapa en el Giro de Italia tras la que conquistó en 2007. Foto: efe |
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Riccò camina entre gigantes
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Franco Pellizotti, cuarto ayer, es el nuevo líder tras desbancar a Vande Velde.
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Alain Laiseka
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Bilbao. "¿Dónde está el equipo?". El grito de Riccardo Riccò va de oreja en oreja. De pinganillo en pinganillo. Pasea por la atmósfera de Agrigento. La ciudad que linda con el Valle de los Templos, un trozo de tierra pretérito entre la montaña y el Mediterráneo edificado en honor a los dioses. Palacios de culto. Ruinas. Patrimonio de la Unesco desde 1997. Un lugar de peregrinaje para pieles rosadas al sol, chancletas, bermudas, gafas de sol y cámaras digitales. Turismo. Agrigento, la ciudad, también guarda un pequeño hueco, una salita con cuatro sillas, para la historia ciclista. En ellas se sientan Guido Carlesi (ganador de etapa en 1965), Moreno Argentin (1982) y Bjarne Riis (1993). Todos laureados en el Giro. Pero el nombre más recordado en Sicilia es el de Claudio Chiappucci. El diablo perdió allí un Mundial. Segundo. Plata. El oro se lo colgó Luc Leblanc en su año mágico, 1994, tras atacar en el último kilómetro del circuito que ayer volvió a pisar un pelotón ciclista. A un kilómetro arrancó también Joaquim Rodríguez, queriendo emular a Leblanc, pero a Purito le faltó porcentaje. Su llama se apagó en la recta, plana, de meta, ahogado por la generosidad de Savoldelli para con su líder Di Luca, al que remató Riccardo Riccò.
"¿Dónde está el equipo?". El grito era una válvula de escape. Por ahí desescombraba los nervios, los que le atoraban al comprobar que sus piernas funcionaban, que iban, cuando sólo restaban 14 kilómetros para la meta, la última vuelta al circuito mundialista del que acababa de examinar la subida final. Se dijo: "Voy bien". Por eso gritaba. "¿Dónde está el equipo?". Y mientras lo hacía, puro nervio, no se dio cuenta de que el equipo estaba a su espalda, esperando la señal que habían acordado horas antes cuando vislumbraban de voz de Pietro Algeri (30 Giros a su espalda) en el estómago del autobús del Saunier Duval el final de etapa. "Riccardo, tú dirás cómo te ves", le había dicho a La cobra, el corredor irreverente, el mismo que el pasado invierno, tras una temporada espectacular, había afirmado en la prensa italiana que era mejor ciclista que Filippo Pozzato y Paolo Bettini. Josean Fernández Matxín ha desvestido la mente de su corredor en innumerables ocasiones: "Es bueno el cabrón". Lo ha repetido hasta la saciedad, siempre con una coletilla: "Pero zorro. Nunca da una pedalada de más. Además, tiene carisma. O te gusta o no, pero no deja indiferente a nadie".
El grito, casi desesperado, disipó las dudas en el último giro al exigente circuito, justo cuando el LPR de Danilo di Luca y Paolo Savoldelli había tomado los galones de la carrera relevando al Slipstream de Vande Velde, que pasaba a un segundo plano tras una etapa marcada por la fuga de Loosli y Roy que murió de la manera más extraña: cuando ambos dejaron de dar pedales, enfadados, enzarzados. Así se precipitaron al vacío los casi siete minutos que amasaban a 50 kilómetros de meta.
Y a la llamada de Riccò acudió el equipo. En el tramo decisivo. A cuatro de meta. En una subida prolongada que laminó el grupo al ritmo del LPR de Di Luca. Cedió Bettini, ahogado, y Riccò se colgó del dorsal de Piepoli. Cuerpo y sombra. Igual que en la concentración de invierno que el equipo realizó en Granada. No se separaron. Tampoco cuando bajo el triángulo rojo, Purito quiso emular a Luc Leblanc. Leo tomó entonces el mando, acunando a Riccò. Padre e hijo. "Se lo agradezco, porque me ha ayudado mucho", dijo el italiano en meta. También Savoldelli, que volvió a encender al grupo, íntimo ya, cuando Piepoli se apagaba. El último relevo de Il Falco llevó a Di Luca, Riccò, Rebellin y Pellizotti hasta la estela de Joaquim Rodríguez, atascado en la recta llana de meta, torpe, extraño. Anónimo a 200 metros de la llegada, cuando La cobra le borró al lanzar el sprint confiado, como cuando dice que es mejor que Pozzatto y Bettini. Quizás no lo sea aún, pero tras dominar con suficiencia a Di Luca y Rebellin en Agrigento, puede asegurar que ya camina entre ellos, entre gigantes, por el Valle de los Templos.
Astarloa, enfermo, primera baja vasca
Igor Astarloa es la primera baja de la 'armada vasca'desplazada al Giro de Italia después de que no fuese ayer de la partida en la segunda etapa. El ermuarra, campeón del mundo en 2003, arrastraba desde antes de la crono por equipos de Palermo una gastroenteritis que ha terminado por abatir sus sueños en la ronda transalpina, en la que esperaba tener su oportunidad de brillar tras la ausencia de Alessandro Petacchi. Con la marcha de Astarloa, quedan ahora doce ciclistas vascos en carrera. Uno de ellos, Dioni Galparsoro, tuvo el honor de protagonizar ayer el primer ataque de la 'corsa rosa' al buscar la fuga en solitario en el kilómetro 16 de una etapa exigente que cruzaba la isla de Sicilia de norte a sur. El ataundarra de Euskaltel-Euskadi llegó a tener una diferencia máxima que rondó el minuto y medio y que se esfumó a un kilómetro de la primera cota puntuable del Giro, el alto Di Gratteri, que cruzó en primer lugar el italiano Emanuele Sella. En meta, el mejor ciclista vasco fue Juanma Garate, que se dejó diez segundos con Riccò. El irundarra es el único corredor de Euskal Herria con opciones serias en la general de este Giro. >A. Laiseka |
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