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Jesús Núñez, Peli Larreategi, Sonia Reoyo, Aitziber Ajuria, Elena Uriarte, Mari Sol Campo e Iván Lahidalga. |
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El callejón de las botxerías
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El legado de la tía Florence
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La celebración del 'Día internacional de la enfermería' sacó a la palestra el brillo de una profesión que acostumbra a realizarse con sigilo pese a que se ha convertido, con el paso de los años, en la piedra angular de la sanidad de medio mundo. Fotos Oskar Martínez
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Jon Mujika
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CUENTAN los libros de historia que la guerra de Crimea fue un conflicto bélico entre el Imperio Ruso dirigido por los Romanov y la alianza formada por el Reino Unido, Francia, el Imperio Otomano -al que apoyaban para evitar su hundimiento y el excesivo crecimiento de Rusia...- y el Reino de Piamonte y Cerdeña. Datan el conflicto entre 1854 a 1856 y lo ubican en la península de Crimea, anclada en el Mar Negro. Muy a menudo se olvida que fue allí, en los confines de la civilización, donde Florence Nightingale fundó, si es que se puede decir así, la enfermería moderna. Hasta la fecha la profesión estaba destinada para mujeres de baja condición social y la aparición de esta mujer rompió la invisible barrera. En Scutari -hoy Uskudar-, Nightingale y sus compañeras de trabajo reformaron y limpiaron el hospital, a pesar de la reacción adversa de doctores y oficiales. E hicieron caer la tasa de mortalidad desde el 40% al 2%, todo un prodigio para la época.
Heredero de aquella proeza es el cuerpo de enfermería de hoy en día, un batallón de voces silenciosas que van, a menudo, más allá de eso tan mal llamado del cumplimiento del deber. El alivio del dolor o la aplicación de terapias, los cuidados sanitarios e incluso el consuelo configuran un arsenal de actividades que, en ocasiones, llevan a la enfermería a hincar rodilla en tierra y pedir oxígeno, dicho sea a modo de metáfora. El hHotel Carlton acogió ayer la conmemoración del Día internacional de la Enfermeríaque recuerda a Florence. Lo hizo para albergar el acto organizado por el Colegio de Enfermería de Bizkaia, que bajo la presidencia de María José García Etxaniz, se repite año tras año. La conferencia del psiquiatra José Carlos Mingote alrededor del desgaste profesional de la enfermería y la concesión del premio Vicenta López Echevarría a Javier González Caballero por su trabajo de investigación titulado "Aplicación de los diagnósticos de enfermería en el ámbito de la salud laboral. Ejemplos de prescripción enfermera" fueron los puntos luminosos de una tarde en la que también se recompensaron las investigaciones de Susana Marqués y Koldo Santisteban desempolvó su vieja y magnífica colección de libros antiguos relacionados con la enfermería. De todo cuanto les cuento fueron testigos la directora general de Osakidetza, Gloria Quesada, Manuel Guerro, Ignacio González, José María Viñals, Francisco Javier Campo, Eguskiñe Gallastegi, María Victoria García, María Asunción García, Carmen Parra, Teresa Macía, Doity de la Hera, Francisco Velázquez, Susi García, Arantza Alegría, Lourdes Guerra, Jesús Núñez, Peli Larreategi, Sonia Reoyo, Aitziber Ajuria, Elena Uriarte, Mari Sol Campo, Iván Lahidalga y una larga legión de gente silenciosa cuya voz se escuchó ayer al brindar por el legado de la tía Florence. |
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