San Gil y el PP vasco plantan a Rajoy La espantada de la presidenta de los 'populares' vascos confirma la dificultad de desmontar la nefasta política de crispación antinacionalista y utilización de la violencia y la oposición al aperturismo de este partido en Euskadi.
eL viejo PP se resquebraja al mismo tiempo y con proporcional intensidad a como el nuevo partido de la gran derecha española intenta resurgir de sus cenizas abriendo nuevos caminos. Pero ocurre que lo antiguo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Lo que está sucediendo en las últimas semanas en el seno del Partido Popular confirma la secular enseñanza de que no se puede echar vino nuevo en odres viejos, porque la fuerza del caldo termina rompiendo el recipiente -endurecido e incapaz de tener la suficiente elasticidad- y perdiéndose. El último capítulo de este derramamiento se ha producido con la inesperada espantada de la presidenta del PP del País Vasco, María San Gil. La dirigente popular vasca ha decidido también exteriorizar de forma palpable su malestar con el rumbo que está imprimiendo Mariano Rajoy a la nave del PP tras el 9-M. Siguiendo los pasos de otros halcones que han sido el referente del partido conservador en los últimos años, como Eduardo Zaplana y Ángel Acebes, San Gil ha plantado a Rajoy y a su nuevo proyecto. Con la diferencia -notable- de que la presidenta del partido en Euskadi tiene un valor añadido para muchos militantes, dirigentes y votantes del PP, y también de otros partidos: es un referente en esa engañosa y nefasta pero lucrativa política que se ha alimentado de utilización política de las víctimas del terrorismo en favor de determinadas opciones ideológicas y de fustigamiento al nacionalismo, haciéndole cómplice, instigador o beneficiario de la violencia. Y para quienes han hecho bandera de su política de manipulación de las víctimas y la utilización del terrorismo para captar votos, catapultando a San Gil a figura poco menos que de heroína frente a las hordas nacionalistas, ha tenido que ser duro que ésta haya puesto pie en pared a las supuestas intenciones de Rajoy de acercarse, siquiera tímidamente, al maligno soberanismo que pretende romper la sacrosanta unidad de la patria española. Esta salida de María San Gil confirma la crisis por la que atraviesa el PP y las dificultades y zancadillas que se le van a poner a Rajoy a poco que intente cualquier aperturismo. Pero dibuja también a la perfección la situación de este partido en Euskadi. San Gil fue encumbrada por obra y gracia de Jaime Mayor Oreja en su fiel estrategia aznarista de confrontación política sin matices y bajo el paraguas de "todo el nacionalismo es ETA o es cómplice de ETA". Y desmontar ese entramado costará lo suyo. Ahora, quienes lo propugnaron o consintieron pagan también las consecuencias. Si se atiende al casi unánime cierre de filas de los dirigentes vascos con San Gil, el PP vasco está instalado en la crispación y alineado con las tesis más duras e inmovilistas. Sin sorpresas. Habrá que ver cómo la díscola San Gil encaja su candidatura a lehendakari en un PP más abierto y flexible que ella rechaza.