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La aventura italiana
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Aquí nadie se queja
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Iñigo Landaluze
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SON las 21.30 horas y aquí estamos, en un ferry sobre el Mediterráneo, en alguna parte del estrecho de Mesina, camino de tierra firme, de la Italia peninsular. Calculo que llegaremos al hotel sobre las 23.00, sólo dos horas y media más tarde que el domingo, en la primera etapa en línea, cuando lo hicimos a eso de las 20.30. Y todo el día igual. Y lo peor, claro, es para los mecánicos y los auxiliares, que no podrán ni siquiera cenar porque tendrán que ponerse a limpiar las bicis y demás. Esto es un jungla, o, al menos, lo ha sido Sicilia. ¿Problemas de tráfico en Bilbao? Hay que ver esto. Ayer, el Slipstream-Chipotle llegó cerca de un cuarto de hora tarde a la salida porque su autobús estaba atascado entre cientos de coches. Alguno pensará: falta de previsión. ¡Qué va! ¿Quién prevé una hora de duración para un trayecto de siete kilómetros? Nadie. Pero es igual, aquí no se queja nadie, aunque sigamos, a las 21:40 horas, en un ferry sobre el Mediterráneo. Será eso, que Italia es así.
Leí ayer por la mañana en esta misma columna que Camaño decía que no iba a quitar el 25 en todo el Giro. No sé si es para tanto, pero he visto en el libro de ruta que en total se ascenderán 19.000 metros de altituda en toda la carrera. O se refiere sólo a las etapas de montaña, o no me lo creo. No es por nada, pero en dos etapas en línea llanas que llevamos hemos hecho ya 6.000 metros de desnivel, 3.800 el domingo y otros 2.100 ayer. Las cuentas a mí no me salen. Voy a apuntar los datos de todos los días para hacer la suma al final. Veremos.
Ayer fue la primera oportunidad de Koldo para ganar en una etapa repleta de caídas debido, principalmente, al mal estado de la carretera. No pudo ser. ¿Si estaba demasiado solo? Quizás sí, pero fue porque una avería descartó a Alan y los demás hicimos lo que pudimos. Hoy puede ser su día. |
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