 |
|
|
 |
Bennati entra en meta por delante de Erik Zabel. Foto: efe |
|
|
|
Bennati suplanta a Petacchi
|
|
En una etapa caótica, Riccó acabó con un dedo fracturado e Iván Velasco, con una posible rotura de escafoides.
|
 |
|
Alain Laiseka
|
 |
Bilbao. Bennati nunca olvidará Milazzo, ni Milazzo al Liquigas, el equipo local de Sicilia. De la vecina Messina es Vincenzo Nibali, otra perla del ciclismo italiano que mima el ex equipo de Danilo Di Luca y que se destapó hace apenas un mes ganando el Giro del Trentino. "Si me visto de rosa en Sicilia, me hacen presidente de la región", dijo entonces. Le idolatran. Pero el joven Nibali (23 años) ni se ha enfundado la maglia ni logró ayer vencer en una etapa que buscó con un ataque baldío (más corazón que cabeza) en los últimos diez kilómetros. Todo eso, la etapa y la general, están en poder de su equipo. Pellizotti acapara el rosa tras defender sin problemas el segundo de ventaja que le lleva a Vande Velde; Daniele Bennati, después de batir a Erik Zabel, ganó su primera etapa en el Giro, se metió en el selecto grupo de laureados en las tres grandes y se proclamó, de paso, en sucesor del ausente Petacchi. "Lo único que me entristece es que no está él", dijo Bennati en meta, poco después de suplantar a su gran rival.
"Vencer en un Giro es especial". Viniendo de un velocista que ha ganado en los Campos Elíseos de París y en el Paseo de la Castellana, la afirmación toma otra dimensión. Palabra de italiano, claro. Sueñan con una etapa en su carrera. También Koldo Fernández de Larrea, el esprinter de Euskaltel-Euskadi, el ciclista llamado a romper el maleficio que persigue al conjunto naranja en la ronda transalpina, donde nunca ha logrado alzar los brazos. Ayer tampoco, claro. Fue sexto el de Zuiano en un sprint en el que le faltó colocación pese al derroche de garra y valentía del que hizo gala en los últimos cinco kilómetros. Bajo esa pancarta, Koldo no existía. Apareció dos kilómetros más adelante, como de la nada. Solo. Principalmente, porque su gran valedor en ese tramo decisivo, Alan Pérez, sufría para agarrarse a la cola del pelotón tras destrozar una de sus ruedas en una etapa caótica. El parte de guerra fue una lista interminable. Los más graves, Bradley McGee y Stuart O'Grady, quienes acabaron en el hospital tras fracturarse, ambos, la clavícula derecha. Riccardo Riccò también visitó urgencias tras finalizar la etapa con el dedo índice de la mano izquierda roto, aunque hoy, será de la partida. La desdicha también tocó a Euskaltel-Euskadi, que vio cómo Lander Aperribay se iba al suelo, aunque sin consecuencias, y suplica para que los temores por la posible fractura de escafoides que sufre Iván Velasco no se tornen realidad. Y todo ello, antes de un escalofriante final en el que, a falta del treno del Milram, reinó la anarquía en un grupo que rodaba descabezado, a impulsos, camino de la primera volatta que Bennati lanzó de lejos. A 200 metros. La distancia a la que Koldo hubiese buscado el triunfo si no fuese porque se encontraba encerrado entre una marea de manillares, codos y pretensiones sin cabeza, de la que logró escapar demasiado tarde para ver desde la sexta plaza el primer triunfo de Bennati en el Giro. |
|