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Antonio Basagoiti, presidente del PP en Bizkaia. Foto: EFE |
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El PP vasco lanza un órdago a Rajoy por su apuesta aperturista a los nacionalismos
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La renuncia de la líder del partido en la CAV agudiza la crisis y la fractura entre los reformistas y los 'aznaristas'.
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Humberto Unzueta
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BILBAO. La presidenta del Partido Popular en la CAV, María San Gil, avivó aún más el fuego que desde las elecciones del 9-M devasta la casa popular en el conjunto del Estado con su renuncia a firmar la ponencia política de su partido, de la que ella era una de los tres ponentes. Las diferencias de criterio sobre las relaciones que su formación debería de tener con el nacionalismo vasco parecen ser el detonante de la penúltima crisis que le estalla a Mariano Rajoy en los preámbulos del decisivo Congreso Nacional que el PP celebrará en Valencia a finales de junio.
El PP vasco entra así de lleno en la encarnizada pugna que dirimen el sector más centrista que propugna el actual presidente de la formación y el más conservador y aznarista atrincherado en torno a Esperanza Aguirre. La deserción de San Gil se suma a las de otros pesos pesados como Eduardo Zaplana, Ángel Acebes o Manuel Pizarro y agranda la hemorragia interna de los populares, pese a las vendas colocadas por Rajoy para suturar las heridas.
En los pasillos de Génova se respiraba ayer ambiente de hospital de urgencias. Las sirenas de alarma se oían a modo de telefonazos desde todas las delegaciones territoriales del PP en el Estado y el ulular de las ambulancias se presentía en forma de idas y venidas de los dirigentes más significados del partido. El despacho de Rajoy se convirtió en improvisado quirófano para intentar reconducir la situación y buscar un acuerdo de emergencia entre los tres encargados de redactar la ponencia política: Alicia Sánchez Camacho, José Manuel Soria y la propia San Gil.
reformista y centrista Las diferencias se ciernen en torno a la presidenta del PP vasco y al líder de los populares en Canarias, quien hace unos días declaró que el texto de la ponencia supone "una reafirmación de los principios y valores del partido" y definía al Partido Popular como una formación "reformista, liberal y centrista", que apostaba por impulsar los pactos de Estado con el PSOE, recuperar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo para "derrotar a ETA y aplicar una política de inmigración realista". Sus manifestaciones contrastan con las tesis de San Gil, a la que se sitúa en la línea dura del partido frente a los nacionalismos vasco y catalán. Rajoy echó mano de los oficios del diputado José María Lasalle para acercar posturas, pero el abandono de San Gil -que según algunas fuentes llegó a definir la posición de Soria como una contraponencia- muestra el fracaso de su mediación.
Los intentos realizados ayer para que la presidenta del PP vasco se incorporase de nuevo a la Ponencia Política también fracasaron. Rajoy conversó con ella pero con resultado nulo, según informaron fuentes del partido. También los otros dos ponentes hablaron telefónicamente con la política vasca, con idéntico resultado. Por eso, la ponencia se presentará mañana en la sede nacional del partido sin la presencia de San Gil.
Con su dimisión, San Gil lanza un órdago a la dirección de su partido y ahonda la fractura entre los que abogan por una renovación política y de caras y un giro hacia el centro, y los que se aferran a la escuela de Aznar, capitaneados por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Su decisión ha pillado por sorpresa a sus compañeros de partido en Euskadi. Un significado dirigente señaló ayer a este diario que si bien estaba al tanto de algunas diferencias con el equipo redactor, no creía que las desavenencias fueran de tanto alcance y desembocaran en una crisis. Este extremo era negado desde instancias muy próximas a San Gil, lo que da una idea del desconcierto que reina en estos momentos en las filas populares.
El pulso de San Gil ha contado con respaldo casi unánime de sus correligionarios en los tres herrialdes de la CAV. Tan sólo se registró una voz disonante, la del secretario general de los populares alaveses, Iñaki Oyarzabal, quien tachó el desmarque de San Gil de "personal y equivocado" y abogó por dirimir estas cuestiones en los foros internos del partido.
EL Silencio de Alonso Mientras algunas voces más moderadas como Alfonso Alonso o Eugenio Azpiroz optaron por un elocuente silencio, buena parte de la plana mayor cerró filas en torno su líder y, sin entrar demasiado en el fondo político de la cuestión en liza, ensalzó la figura y el liderazgo de San Gil. Incluso la voz más heterodoxa del partido, Antonio Basagoiti, salió en defensa de su presidenta y señaló que "si alguien está capacitada para plantear la línea que debe seguir este partido en la defensa de la libertad, en la defensa de los derechos y en la defensa de una España moderna, esa es María San Gil".
Las voces que con más ahínco defendieron a San Gil procedieron de Gipuzkoa, provincia donde se concentra el núcleo duro del PP vasco. Tras expresarle su apoyo, la presidenta del partido en ese herrialde, María José Usandizaga, señaló que San Gil "es el mejor exponente de la defensa de la libertad por la que estamos luchando". Otra de sus lugartenientes, la alcalde de Lizar-tza, Regina Otaola, dijo "no entender por qué su formación tiene que acercarse a los nacionalistas".
La guardia pretoriana del aznarismo en Madrid representada por Acebes, Gustavo de Aristegui o Ana Botella también cerró filas en torno a San Gil. Cada día que pasa, a Rajoy se le abren nuevos frentes en su partido y, pese a que de momento, es el único candidato a la reelección en el congreso, su situación se debilita por momentos.
El lunar de Euskadi y Catalunya
Los polvos de las generales del 9-M han dejado en el PP los lodos que ahora lo arrastran al borde de una grave fractura interna entre quienes abogan por una reforma y los que opositan por mantener sin grandes variaciones la línea política de los últimos tiempos. Aquellos comicios relegaron a Rajoy a la bancada de la oposición por segunda vez consecutiva, a pesar de haber obtenido más votos que nunca. La llave que abrió la puerta a la Moncloa a Zapatero y, al mismo tiempo, se la cerró a Rajoy fueron Euskadi y Cataluña. Sin la contribución de ambas autonomías al zurrón socialista, el PP habría ganado en las urnas y hubiera obtenido una renta de ocho escaños sobre el PSOE. Rajoy tomó nota del 'escrutinio' vasco y catalán e intenta -a la tercera va la vencida- allanar el camino hacia la presidencia del Gobierno ensanchando su espacio político hacia el centro derecha y aflojando la mano a los nacionalismos vasco y catalán. Para ello tendrá que superar el duro escollo del Congreso, en el que los 'aznaristas', entre los que se sitúa San Gil, intentarán tenderle la primera emboscada de las que habrá de librarse hasta las próximas generales de 2012. |
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