"Soy ante todo una abogada de a pie, estoy muy en la realidad". Así de rotunda se muestra esta abogada bilbaina que hoy recogerá este galardón junto a Carmena. El jurado ha valorado en la labor de Juana Balmaseda su "firme compromiso con los derechos humanos" bilbao.¿Qué supone recibir un premio así?
Un honor muy grande. Es un reconocimiento a la labor hecha sobre todo en el campo institucional, desde el Colegio de Abogados y en muy diversos ámbitos: en el trabajo en el turno de oficio, con la formación, con la labor en todo lo que es la violencia sexista, el compromiso desde la abogacía con la defensa de las víctimas de violencia de género... He trabajado en derecho penitenciario, en el derecho de extranjería, de menores, de familia... Reconociéndome a mí siento que de alguna forma se reconoce también a la profesión.
La clave está entonces en no perder de vista el factor humano.
Para mí es fundamental. Yo no lo puedo hacer de otra manera. Quizá también sea por mi forma de ser y de entender la vida en general y la profesión. La abogacía tiene una dimensión radicalmente humana porque tratamos con personas en conflicto. Conocemos a las personas en los momentos más difíciles de sus vidas. A los abogados nos toca explicar a las personas qué se puede esperar de la administración de justicia, y cómo hay muchos conflictos que no terminan de solucionarse en los tribunales. Los conflictos que tienen más dimensión humana generalmente son aquellos con los que la ley a veces queda un poco limitada, porque los problemas van más allá de lo que es el pleito.
Ha trabajado en campos como la violencia sexista y el derecho de familia. Son ámbitos muy delicados. ¿Es capaz de separar lo profesional de lo personal?
Sí. Hasta la fecha lo he podido hacer. La grandeza que tiene nuestra profesión es que es una profesión libre. Nosotros estamos únicamente sometidos al respeto a la ley y a nuestra conciencia y por tanto cuando decidimos aceptar el asunto de un cliente no nos debemos más que a él, dentro del respeto a la ley. Pero hay otras ocasiones en las que yo no voy a ser elegida por la persona en cuestión, ni yo voy a elegirle a ella, como cuando trabajas en turno de oficio. Eso también tiene su importancia, porque exige incluso un compromiso mayor en la medida en que te tienes ganar la confianza de esa persona. Continuo inscrita en el turno de oficio porque creo en él.
Ha llevado casos tan duros como el de Aintzane Garay, ¿una no acaba cayendo en la implicación personal?
Llevo ya trabajando más de 25 años y eso supone una experiencia humana, personal y también profesional. Es como si ya estuvieses madura para afrontar determinados asuntos. No cabe duda de que son temas de una trascendencia y una gravedad terrible, son auténticos dramas humanos y siempre te conmueven. Tiene que haber una muy buena relación de confianza y de armonía con las personas para las que trabajas. Que ellas puedan desahogarse para que eso sirva en la defensa de sus intereses. Los abogados debemos aprender a distinguir hasta dónde podemos llegar como profesionales. Lo importante es que la calidad del trabajo no queda mermada por la sensibilidad que pongas en él; incluso muchas veces esa calidad puede ser mayor. La experiencia profesional es la base del logro y esa experiencia la he aprendido de las personas para las que he trabajado.