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Doinu txikian
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Lekuko
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Kepa Junkera
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CUÁNTAS veces he escuchado eso de: "Qué suerte tienes", "en cuántos sitios has estado", "debes conocer más de medio mundo ya". Y asiento con la cabeza, aunque sé que eso no es así. La semana pasada asistí a un evento organizado por la Universidad del País Vasco. En él, se reunieron más de un centenar de jóvenes Erasmus y Séneca, con motivo del tradicional encuentro de estudiantes foráneos de la UPV. Me llamaron para ofrecer una especie de demostración de los diferentes ritmos e instrumentos de la música tradicional vasca y al mismo tiempo compartía escenario con Alberto Iñurrategi, que hizo una breve pero interesantísima introducción de lo que es el alpinismo, completando su particular visión sobre el tema con la emisión de su documental Begiz Begi, que verá la luz en diciembre. Escuchando a Alberto me doy cuenta de que lo que a él le ocurre no dista mucho de lo que me pasa a mí cuando salgo de gira. Alberto comentaba cómo ha ido cambiando el alpinismo desde que él empezó. Cómo poco a poco todo se ha ido volviendo más profesional, de manera que lejos quedan ya los días en los que sus aventuras eran una mezcla de deporte y experiencia vital. En mi caso ocurre lo mismo. Hoy en día uno sale de casa hacia el aeropuerto, coge el avión, llega a su destino, si hay tiempo va al hotel, se da una ducha rápida y al auditorio para llevar a cabo las pruebas de sonido. Después una pequeña cena y de inmediato el concierto. Cuando se termina, fotos, firmas, y vuelta al hotel. Al día siguiente vuelta a casa o quizás otro concierto en otro lugar. Llegamos a más sitios en menos tiempo pero perdemos una parte importantísima de la esencia viajera, tan sólo nos desplazamos; no conocemos, no descubrimos y volvemos pero no traemos. Siempre que puedo intento luchar contra esta corriente para descubrir esa tienda escondida, ese lugar especial o esas gentes cercanas. A lo que me niego es a convertirme en aquel que encuentra la belleza y no la mira, pues para siempre será pobre. |
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