BILBAO. María San Gil rompió ayer su silencio tras la espantada del domingo por la noche y lanzó un nuevo órdago a Mariano Rajoy al amagar con dejar la dirección del partido si no recupera la confianza en el líder y la estrategia del partido. San Gil anunció además su intención de adelantar a julio el congreso del PP vasco, dando así el pistoletazo de salida a las escaramuzas internas para la renovación de la ejecutiva vasca.
El emocional cierre de filas inicial de la plana mayor del PP vasco en torno a su presidenta ha dejado paso a intervenciones -y silencios clamorosos-, menos afectivas y más en clave política, que dejan entrever bastante malestar y posiciones diferentes en algunos dirigentes populares vascos, especialmente alaveses y también vizcainos. San Gil confirmó ayer que el texto de la ponencia política que el PP discutirá en el congreso nacional en Valencia los próximos 20, 21 y 22 de junio ha sido redactado con su puño y caligrafiado con su letra. Esto ha creado desconcierto en amplios sectores del Partido Popular vasco que entienden como suyo el documento del que se ha desmarcado San Gil. En estos términos se manifestaron el martes el portavoz parlamentario del PP, Leopoldo Barreda, y el presidente de la formación en Bizkaia, Antonio Basagoiti, sumándose así a los silentes marianistas Alfonso Alonso y Ramón Rabanera, así como al secretario general de los populares alaveses, Iñaki Oyarzabal, el primero y el más claro a la hora de expresar su discrepancia con San Gil.
FALTA DE UNIDAD Una muestra de que el partido no estaba tan unido como parecía fue que San Gil no había comunicado su decisión a los dirigentes territoriales antes de anunciarlo a la prensa. La descoordinación en sus respuestas al día siguiente también fueron reveladoras.
Rajoy, que tiene interiorizado que éste no es el último temblor de tierra bajo sus pies, ha optado por no entrar de lleno a la refriega y ha lanzado a los suyos la consigna de mantenerse en silencio "y no meterse en líos", mientras él continúa preparando su candidatura para el congreso. De momento, es el único aspirante, aunque los críticos siguen buscando una alternativa.
La cuestión radica en saber hasta dónde va a llevar su amenaza de marcharse, cuánto hay de cálculo para reforzar su debilitado liderazgo tras los fracasos electorales en Euskadi y cuánto de estrategia de desgaste en el ultimátum lanzado a Rajoy. De entrada, ya ha logrado arrastrar a algunos de sus fieles como la alcaldesa de Lizartza, Regina Otaola, que ayer revalidó su apoyo absoluto a San Gil y aseguró que "si no se presenta a la reelección, puede haber más renuncias", entre las que adelantó la suya.
San Gil afirmó sentirse "poco respaldada y engañada en la ponencia política, no por Mariano Rajoy, pero sí por algún colaborador cercano suyo", en referencia al asesor de aquel, José María Lacalle, quien según sus palabras intentó modificar el texto, pese a que finalmente Rajoy aceptó la versión original para evitar la marcha de San Gil. "El problema no es el texto -admitió la líder del PP vasco-, sino que hay una clara quiebra de la confianza con la dirección nacional. Y eso es suficientemente serio para que yo diera un paso atrás".
Por encima de otras consideraciones formales y políticas, los recelos y las desconfianzas de San Gil se centran en el tipo de relación de su partido con los nacionalismos vasco y catalán, cuestión de la que ha hecho bandera la discípula predilecta de Jaime Mayor Oreja -al que se considera como el muñidor del frente vasco antimarianista- desde que sucediera a Carlos Iturgaitz al frente del Partido Popular en la CAV. En este sentido, justificó su postura afirmando que "yo estoy para negociar cosas, pero no la esencia de mi partido, y si la persona que Rajoy pone como interlocutor me discute hasta el concepto de nación, me preocupo, y y si se sugiere un cambio de estrategia respecto a los nacionalismos tanto en el País Vasco como en Cataluña, lo único que hago es ponerlo encima de la mesa".
A LA SOMBRA DE AZNAR Rajoy y San Gil aparcaron ayer sus desencuentros para ir juntos desde el aeropuerto de Foronda a la Subdelegación del Gobierno en Gasteiz, donde estaba instalada la capilla ardiente con los restos mortales del guardia civil asesinado por ETA, Juan Manuel Piñuel. Fue una escenificación, una tregua, en un combate fratricida entre el aparato liderado por el actual presidente en funciones del PP y el sector crítico agrupado en torno al aznarismo, cuyas cabezas más visibles son Esperanza Aguirre -que ha pactado un armisticio temporal con Rajoy y no se presentará como candidata a presidir el partido-, el reaparecido Mayor Oreja o el diputado Gustavo de Arístegui. En los últimos días ha vuelto a salir a la arena el ex secretario general Ángel Acebes, defenestrado por Rajoy por su proximidad a los postulados de Aznar.
Aunque desde este sector se niega la existencia de una conspiración contra Rajoy, fue el propio Mayor Oreja el que, el pasado lunes, reconoció que San Gil, él y muchos más iban "a dar batalla". |