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La aventura italiana
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No me tocaba, pero...
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Iñigo Landaluze
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Ya, ya sé que hoy no me tocaba escribir a mí, que era el turno de Iker, pero hemos pensado que era mejor que él descansase para la etapa de hoy, en la que le va a tocar trabajar para Riccò y Piepoli, porque he oído por ahí que La cobra piensa ganar hoy en Pescocostanzo, en la primera etapa de montaña. La de ayer no lo era, claro, pero fue una de esas jornadas tipo Tour en las que se sale a tope, envenenados. En dos horas, cerca de cien kilómetros. ¡Buff! Hasta que se ha hecho la fuga después de mil intentos y en la que hemos logrado meter a Alan. En todo ese tiempo no vi a Iker en la parte de adelante. Me extrañó. Luego, se hizo la escapada y el pelotón se paró. Allí apareció él, resoplando, explicando que había pinchado en el kilómetro cinco y que había estado no sé cuanto tiempo entre coches, persiguiendo. Por cierto, que lo del piñón de 25 dientes es verdad. Lo lleva. Y lo usa. Ayer le dije que lo quitase, que era exagerado, pero pensándolo bien, mejor que lo deje donde está. Hoy, igual lo necesita.
Seguimos como forofos, por la radio, el final de etapa. Escuchamos encendidos que Alan atacaba, y que abría hueco. "20 segundos", decían las ondas. Y lo último que pudimos oír fue que ya no les cogían. Luego, se hizo un enorme silencio y con él llegaron los nervios que se disiparon cuando nos alcanzó el oído un lacónico: "Segundo".
Cuando llegamos al autobús, Alan estaba en la ducha. Le noté algo enfadado, y me recordó a mí mismo en situaciones parecidas en el Tour y la Vuelta. Me dije: "Es cierto, el segundo es el peor puesto". Fue lo primero que me vino a la cabeza, pero luego, recapacitando, pensé que Alan tenía que estar contento por lo que había hecho, al igual que el equipo. Sí, es cierto, fuimos segundos en una etapa, pero en un Giro, en una grande. Ya estamos más cerca de ganar. También Alan. |
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