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Alberto López Basaguren aboga por políticas que refuercen la comunidad lingüística en euskera. Foto: oskar Martínez |
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la política lingüística, a debate > alberto lópez basaguren catedrático de derecho constitucional y miembro de la comisión para la política lingüística del siglo XXI
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"Nos hemos obsesionado con el número cuando lo que interesa son los euskaldunes reales, no formales"
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Autor, junto a seis personas, de la ponencia base de Euskara 21 y miembro del comité de expertos de la carta europea de lenguas minoritarias, se muestra crítico con los logros de 25 años de política lingüística y defiende no tanto la expansión como el fortalecimiento de la lengua
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Concha Lago
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bilbao. El Consejo Asesor del Euskera ha abierto la espita del debate lingüístico y ha reafirmado su apuesta por lograr un consenso en la sociedad sobre política lingüística, como única vía de avance en el uso de la lengua.
Hace unos años, era impensable poner en cuestión la política lingüística y someterla a un debate tan abierto.
Eso es algo que hay que agradecer a los responsables de Política Lingüística. Después de más de 25 años de aplicación de la Ley del Euskera, en sectores cada vez más amplios de la sociedad estaba surgiendo una incomodidad con algunos efectos y medidas adoptadas. Así que este debate iba a terminar estallando. Y en ese sentido, creo que es de agradecer que los responsables hayan sabido captar que esto ocurría. Es positivo que el debate sea impulsado desde las instituciones, con la posibilidad de que la propia política pueda ser influida por los resultados del debate y que no haya una confrontación de la sociedad con sus gestores.
El documento base de Euskera 21 es muy crítico. Señala abiertamente que la ecuación que equipara el conocimiento del euskera a su utilización ha fallado. ¿Tan mal se ha llevado a cabo la euskaldunización?
Con un documento de este tipo, siempre surge un dilema. ¿A qué nos dedicamos: a mirarnos el ombligo y a recordarnos con satisfacción los logros o nos fustigamos y hablamos de los problemas? Ahora el reconocimiento público del euskera no es el mismo que a principios de la década de los 80 y en la medida que el euskera es una lengua viva, la vida pública debe adaptase a esa realidad. Es innegable que la política lingüística ha hecho muchas cosas buenas. ¿Pero se ha hecho todo bien? Yo creo que no. Aunque con independencia de que se haya actuado bien o mal, después de 25 años es el momento de mirar el futuro. Hay que detenerse en analizar cosas que en un momento dado se podían considerar convenientes. Es hora, sobre todo, de aquilatar qué medidas conviene seguir aplicando y cuáles no. No hay que dedicarnos a echarnos la culpa por el pasado y sí, debemos analizar con honestidad qué podemos hacer de cara al futuro. Además hace veinticinco años era imposible calcular el efecto de las medidas adoptadas.
Usted defiende que el objetivo no es tanto la expansión de la lengua sin límites como el fortalecimiento de la comunidad lingüística.
Visto con perspectiva, ése ha sido uno los grandes errores cometidos. Hemos diseñado una política como si la comunidad lingüística euskaldun fuera muy potente y mayoritaria pero la realidad es que no lo es. Y lo que se está demostrando es que el objeto de la política no debe ser la expansión sin límites de la comunidad. Por una parte, porque en una comunidad con dos lenguas oficiales, no se puede ignorar las características de la otra lengua y aplicar medidas como si el euskera fuera prácticamente la única lengua del territorio. En un contexto democrático, hay que tener en cuenta a la otra. Pero hay un segundo elemento que me preocupa más. Estas políticas, lejos de fortalecer a la comunidad lingüística euskaldun, la debilitan.
Llegan ustedes a señalar que Euskadi debe reconocer sin temor que nuestra sociedad no será bilingüe en otros 25 años.
Lo que se constata es que tras 25 años hay capacidad suficiente para asentar de forma potente el euskera, pero al mismo tiempo se ponen de manifiesto importantes problemas. Por ejemplo, que la inversión de la realidad lingüística no es posible a corto plazo. Pero para mí ése no es el objetivo. El objetivo es permitir a las diferentes lenguas que tengan una fortaleza razonable pero teniendo en cuenta la voluntad de sus ciudadanos. El castellano es una lengua muy fuerte y no todas las personas van a ser capaces de ser euskaldunes. Puede existir un conocimiento más o menos generalizado del idioma pero eso no significa que vaya a tener un uso mayoritario. Eso es una prueba de realismo. Ahí incidimos en el error de una política en el que el objetivo era expandir la comunidad. Lo que necesita el euskera no es que todo el mundo lo sepa, sino convertirse en una comunidad lingüísticamente fuerte. No nos obsesionemos con el número de euskaldunes porque se ha demostrado que es malo obsesionarse con el crecimiento numérico. Porque el euskera necesita euskaldunes reales no sólo formales. Lo que tenemos en juego es la supervivencia de este idioma y no el ser más o menos hablantes.
Perdone que sea impertinente pero el documento contiene verdaderas cargas de profundidad: "La voluntad no se lleva bien con la imposición", aseguran categóricos.
Cuando se critica el voluntarismo se pone sobre la mesa un problema que cada uno de los ponentes expresa con diferente matiz. Lo que se quiere decir es que una política asentada sobre el voluntarismo de sus ciudadanos está abocada al fracaso. Fracasa si se asienta sobre la creencia de que si los ciudadanos tienen la voluntad de que sus hijos se eduquen en euskera eso se puede hacer sin tener en cuenta la situación lingüística de la zona, de la familia, independientemente de cómo se haya euskaldunizado la escuela, con profesores que han aprendido a una edad avanzada y de forma acelerada etc... Se creía que con transformar la escuela era suficiente pero a veces el conocimiento de la lengua es muy artificial y limitado. Se ha demostrado que no ha dado resultado mandar a un hijo al modelo D y creer que con eso está todo resuelto.
¿Por eso afirman, por ejemplo, que cada vez más niños saben euskera pero que cuando salen al patio juegan en castellano?
La presunción que muchos tenían de que, si se sabe euskera, automáticamente eso va a traer el uso del idioma, es totalmente falsa. La cuestión no es ver cómo forzamos a que los que lo saben lo hablen. Una lengua o sale natural o es muy difícil que salga. Por eso hay que fortalecer la comunidad euskaldun, con aquellos que hablan euskera de manera tradicional para que sigan utilizando su lengua y para que sea natural y fácil. Y luego los que se vayan incorporando a esa comunidad irán haciéndolo muy poco a poco pero es necesario que la utilicen con solvencia.
En la Universidad se han disparado el número de créditos, el 95% de la contrataciones de nuevo profesorado son bilingües, más de la mitad del alumnado es euskaldun. ¿Esta progresión no significa nada?
El problema es que lo que hay dentro de esos datos puede inducir a una confusión. Los datos estadísticos son indicativos siempre pero aquí necesitamos análisis cualitativos. Cuando vemos las estadísticas o el número de personas que cursan su licenciatura en euskera, estamos hablando de euskaldunes aparentes pero no reales. De ahí que yo diga que ha existido mucha obsesión con incrementar la comunidad. Yo imparto docencia en euskera y los datos sólo indican lo que indican. Indican muchas cosas positivas como por ejemplo la capacidad de adaptación de universidad pero respecto a lo que se discute en el documento representan muy poco.
¿Quiere eso decir que sus alumnos estudian en euskera pero luego se relacionan en castellano?
No me gustaría traer aquí a colocación a mis alumnos ni que se sientan aludidos negativamente. Hay de todo pero mayoritariamente se relacionan en castellano. Pero nunca debemos dejar de tener muy claro nuestro objetivo. Por eso siempre cito a Koldo Mitxelena, quien en sus escritos en euskera recuerda que la lengua es únicamente un medio de comunicación porque el simbolismo puede acabar ahogando al euskera como lengua realmente viva. Un poco de simbolismo está bien pero no nos ahoguemos de simbolismo. |
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