Sesenta años en guerra Desde la creación del Estado de Israel en 1948, su población ha pasado de un millón a siete y ha habido un solo instante de paz en la zona, donde la coexistencia de las comunidades palestina y judía es prácticamente imposible.
EL pasado miércoles, 14 de mayo, se cumplieron sesenta años de la creación del Estado de Israel. David Ben Gurion asumió la jefatura de Estado y justo al día siguiente los países árabes del entorno le declararon la guerra. Desde entonces, la coexistencia pacífica entre las comunidades árabe y judía ha sido imposible. Israel ha ido creciendo durante todos estos años bajo el paraguas de EE.UU. Los norteamericanos necesitaban un aliado en la zona que les garantizase el buen funcionamiento de las redes de abastecimiento de los pozos petroleros. Armaron a Israel y financiaron su desarrollo económico. Al cabo de sesenta años Israel había multiplicado por siete la población y había expulsado a casi cinco millones de palestinos. Si durante la II Guerra Mundial los judíos se habían ganado las simpatías del mundo, pronto se situaron en el polo opuesto. La Guerra de los Seis Días de 1967, además, puso las nuevas bases para el enfrentamiento bélico de los próximos años. Los árabes vencidos por el Ejército hebreo vieron cómo se radicalizaban los jóvenes de sus países, dando paso al surgimiento de las organizaciones terroristas. Hasta hoy. Las declaraciones de Bin Laden, líder de Al Qaeda, reflejan a la perfección esta situación. Se vale de la situación palestina para declarar la guerra a todo Occidente, los "colaboradores de los sionistas". La irrupción de Hamás y la Yihad Islámica en perjuicio de la OLP de los años sesenta y setenta indica también esta tendencia: organizaciones árabes cada vez más violentas a las que Israel, donde el peso de la ultraderecha que reclama más mano dura contra los palestinos es considerable, responde castigando a la población civil. En estas circunstancias es sumamente difícil que el proceso de paz dibujado en las negociaciones de Annapolis pueda abrirse paso. La hoja de ruta dibujada por israelíes y palestinos con el visto bueno del presidente norteamericano George W. Bush no ha superado ninguna prueba. El presidente israelí, Ehud Olmert, y el palestino, Mahmud Abbas, no han sido capaces de desbloquear la situación y ya es prácticamente imposible que la paz que preveían para finales de 2008 pueda materializarse. La paz en Oriente Medio exige un Estado palestino viable y seguro a la par que el reconocimiento del Estado de Israel por la otra parte. Las negociaciones están estancadas y tampoco Bush hará ningún esfuerzo para obligar a Israel a que se implique de verdad en el proceso. A EE.UU. no le interesa tanto la paz sino garantizar que su fiel aliado pueda cumplir con la tarea que le ha designado. No es de extrañar que en los actos conmemorativos de la creación del Estado judío Bush sólo haya tenido palabras de exigencia hacia la parte palestina, indicándole que no avanzará el proceso si no desarma los grupos militares. Pero eso no sucederá si a la par Israel no da los pasos que le toca dar.