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17-05-2008
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Ministras
José Serna Andrés
Es interesante que el elemento femenino se encuentre presente en los ministerios. Es una manera de hablar de igualdad de género con algo más que palabras. Cuando hayamos dejado de calcular el número de hombres y mujeres en un ejecutivo y de alardear de ello en el Parlamento significará que la cosa se va normalizando.

Sin embargo ha calado más entre la ciudadanía la imagen de la ministra de Defensa Rosa Chacón, ante la tropa, caras serias, perfiles hacia el cielo, prietas las filas, recias, marciales. Y ella tan seria, con su camisa blanca al viento, con su embarazo manifiesto, en lugares de riesgo, como Afganistán, o Líbano. Ha funcionado la Brunete mediática para decir que en presencia de una mujer en estado de gestación, el signo mayor del monopolio de la violencia, el mando del Ejército, puede ser controlado. Me parece bien. No hay ninguna razón para poner en cuestión la eficacia de una tarea. Se trata de mantener la mente fría y ágil para tomar decisiones. Es difícil explicar por qué, pero uno asocia esta imagen con aquella otra en la que el señor Tejero indicaba, con una frase machista, que se sentasen sus señorías, y mientras nadie se sentaba, el señor Suárez y el señor Gutiérrez Mellado se mantenían de pie, recios, marciales, afrontando la situación. Es como si la imagen de la ministra hubiese dado una vuelta de tuerca a aquella crisis, y los chirridos de las críticas recibidas desde algunos medios, indicasen que todavía queda mucha tarea por la igualdad. Y a pesar de estas satisfacciones ante tales imágenes a uno le entran algunas dudas. Porque quizá estas imágenes, además de los símbolos mencionados, pueden utilizarse para suavizar la presencia del Ejército español en la guerra de Afganistán. Porque la invasión de aquel país, como venganza o justificación tras el atentado a las Torres Gemelas, tiene una intención geoestratégica, que no ética.

Ejércitos ingleses o rusos han sido sustituidos por ejércitos de ocupación norteamericanos o europeos en aquel maltratado país. Y la blusa blanca de la ministra puede ser utilizada, también, por la Brunete mediática para suavizar una presencia que, desde algunos puntos de vista, no tiene más justificación que la de no enfadar más al gigante americano por haber sacado las tropas españolas de Irak. Y hace falta una constante campaña mediática para reconquistar la opinión de la gente que vota.

Nuestro vergonzoso mundo -lujo a raudales, miseria en la acera de enfrente, palabras de paz, presupuestos multimillonarios para la guerra- necesita la sensibilidad de quienes están para alumbrar una vida nueva, un mundo nuevo, pero hay algo que cruje en las imágenes, porque la realidad sigue siendo la misma, las decisiones de presencia de los ejércitos son idénticas, con imagen mediática de ternura incluida. Condolezza Rice, la secretaria de Estado de los Estados Unidos de América, no representa un ejemplo para alabar en relación a su género o a su origen étnico.

Hay teorías que explican la prisa y la actitud belicosa del varón en relación a su dedicación prehistórica a la caza, desde los primeros tiempos, y la paciencia de la mujer en su dedicación a la siembra de la tierra y a la recolección. Sabemos que toda teoría simplificadora no puede ser verdadera en su conjunto, pero puede aportar pistas. Un ejecutivo predominantemente femenino en el gobierno de España que se dedique a la siembra puede ser un gran ejemplo, aunque lleve a perder elecciones, pues siempre es lo que menos se aprecia. Pero con ministras o con ministros debemos seguir preguntándonos si nos preocupa más el índice el mercado o el índice de humanidad en el que convive nuestra sociedad. Ha llegado la hora de no contar representaciones de género. Es el momento de actuar con total competencia y honestidad en cada ministerio y de pedir a la ciudadanía que se juzgue la eficacia de un ministerio sin tener en cuenta el género de la persona que figura a la cabeza.

La invasión de Afganistán, como venganza tras el atentado de las Torres Gemelas, no tuvo una intención ética

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Ha llegado la hora de no contar representaciones de género; es el momento de actuar con honestidad
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