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Golpe de autoridad
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un parcial de 21-2 mediado el tercer cuarto propulsa al tau hacia el primer éxito en la serie.
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Oscar San Martín
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vitoria. Abrumador 1-0. Con suficiencia y más facilidad de la esperada en los pronósticos previos. El TAU arrancó ayer de forma inmejorable el pedregoso camino hacia el segundo título liguero de su historia. En realidad, no dio margen para la sorpresa. La anhelada semifinal será ahora una realidad si gana este domingo en La Fonteta o, en su defecto, el próximo martes en el Buesa Arena en un hipotético duelo de desempate que el Pamesa ni siquiera tiene garantizado.
El cuadro valenciano, intimidado y apocado cada vez que le toca rendir visita al escenario vitoriano, asustó muy poquito. La esperanza de enjugar la ventaja de campo tan sólo le duró 25 minutos. Hasta que fue engullido por un vendaval. Medroso, sin convicción y lastrado por el aciago día de sus anárquicos tiradores, no encontró la pócima para rozar la sorpresa. Enfrente se topó, eso sí, con la versión más rocosa, seria y atinada de un Baskonia que necesita grandes desafíos para estar a la altura de su nombre.
El grupo apático, desganado y falto de tesón que mana sangre sin cesar durante las citas de poco pelo se transforma cuando la ocasión lo merece. En cuanto divisa la posibilidad de ganar un título, el TAU se pone el traje de faena. Puede mirar a la cara y batirse el cobre con cualquiera. Así de claro.
Apenas repercutieron negativamente la sensible ausencia de Planinic, el escaso protagonismo de Jasaitis -de nuevo olvidado por Spahija tras su inclusión en el cinco titular- o los altibajos que, hasta en las veladas más fructíferas como la de ayer, se adueñan de su figura.
Entre que los alaveses recobraron el esplendor en una jornada propicia para ello y el nulo equilibrio del Pamesa, que fió casi siempre toda su suerte a la ruleta rusa del triple, olvidó el juega interior y fracasó a la hora de desgastar a Prigioni, las constantes vitales permanecieron inalterables.
El TAU manejó el duelo a su antojo. En realidad tan sólo dio muestras de fragilidad en ese desconcertante segundo cuarto, donde perdió la brújula y notó en exceso la marcha al banquillo de Mickeal y Splitter, las dos vigas sobre las que sustentó el éxito junto al temple de Prigioni en la dirección y los fogonazos ofensivos de Rakocevic.
El interior brasileño es imprescindible para sobrevivir en la zona. Sobre todo porque McDonald sigue exasperando a todo el personal con sus constantes despropósitos. El alero estadounidense, sin parangón en esta ACB huérfana de aleros altos tan fornidos como él, resultó una pesadilla para Katsikaris. Los temores del preparador griego en los días previos al choque inaugural estaban más que justificados.
escapada brutal La emoción se fue al traste mediado el tercer cuarto. El momentáneo empate en el marcador, fruto de dos triples de House y Oliver, dio paso a un racial despegue baskonista. Un escandaloso parcial de 21-2, pleno de intensidad atrás, acierto y un alto índice de compromiso, sepultó drásticamente (69-50) las esperanzas del Pamesa, que se diluyó como un azucarillo y acusó su miedo escénico en una pista que se le atraganta.
La identidad del ganador quedó resuelta mucho antes del bocinazo final. Los siete últimos minutos, que se hicieron eternos por culpa de la interminable sucesión de tiros libres en ambas canastas, prolongaron la agonía taronja. Sólo sirvieron para un maquillaje ficticio que, bajo ningún concepto, discutió la clara hegemonía local.
Sin tiempo para corregir casi nada y obligado a recuperarse del generoso derroche físico, el segundo envite ya está al caer. Quedan dos balas en la recámara, pero bueno sería resolver el cruce por la vía rápida para evitar agobios innecesarios. |
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