Bilbao. La Diputación busca 22 familias dispuestas a acoger, de forma temporal, a niños y niñas que se encuentran en situación de desamparo. Es el objetivo de la campaña Este niño busca una familia acogedora que el Departamento de Acción Social ha puesto en marcha por décimo año consecutivo.
Según explicó ayer el diputado de este departamento, Juan Mari Aburto, el acogimiento familiar es una medida legal de protección a la infancia para niños que no pueden vivir con sus padres por diferentes circunstancias y que necesitan una familia. Aburto destacó que esta protección es "mejor" que su ingreso en una residencia ya que, aunque "en ambos casos supone crecer en un entorno amable, una familia otorga mayor estabilidad, calidez y normalización", más aún cuando estos menores aún son bebés.
En concreto, la Diputación busca en estos momentos ocho familias y personas para acogimientos de urgencia -de menos de seis meses- para niños menores de seis años, principalmente bebés, "para evitar que deban vivir en un centro de acogida en un momento tan clave de su desarrollo". En este sentido, lamentó que el año pasado tres bebés tuvieron que esperar más de seis meses en un centro, "y dos de ellos aún esperan. Lograr estas ocho familias supondría dar un paso de gigante en la protección de la infancia, de forma que ningún niño menor de tres años deba vivir en un centro de acogida".
Pero además, otros catorce pequeños de menos de diez años esperan desde hace tiempo una familia que les acoja temporalmente, entre ellos dos grupos de hermanos que necesitan ser acogidos juntos, cinco niños y niñas con dificultades especiales -"aunque sólo pueda ser los fines de semana y periodos vacacionales"-, seis pequeños de menos de siete años para un acogimiento de larga duración y los dos bebés anteriormente citados.
El diputado explicó que pueden participar en el programa tanto familias como parejas y personas solas, con o sin hijos. Además de una compensación económica, estas familias reciben también apoyo por parte de la Diputación.
Aburto no quiso ocultar que acoger a estos niños supone asumir "un compromiso difícil, que exige una gran dosis de solidaridad", ya que supone "implicarse en los problemas del menor, ayudarle a desarrollarse, crecer y madurar, y a volver con su familia natural. Como si fuera un hijo pero sabiendo que no lo es". Además, destacó que "muchas veces estos niños llevan consigo sus mochilas de experiencias y dificultades". |