BILBAO. El histórico dirigente nacionalista y uno de los fundadores de Eusko Alkartasuna Sabin Zubiri falleció ayer a los 87 años en su domicilio en Bilbao. La muerte de Zubiri se produce dos días después del deceso de otro destacado miembro de EA, Imanol Murua, que fue enterrado ayer en su localidad natal de Zarautz.
La muerte le sobrevino a Zubiri repentinamente, después de levantarse de la cama a la hora de costumbre. El funeral se celebrará mañana, a las 13.30 horas, en la parroquia de los Padres Agustinos en Bilbao.
La vida de Zubiri estuvo dedicada en cuerpo y alma a la causa nacional de Euskal Herria. Su militancia en el nacionalismo vasco ha sido muy activa tanto durante el franquismo, como en la transición y en la democracia. A pesar de permanecer un tiempo en el exilio, participó en algunos avatares de la lucha antifranquista y la construcción del nacionalismo, primero y durante varias décadas militando en el PNV y desde la escisión hace veintidós años en EA.
Actualmente militaba en el partido presidido por Unai Ziarreta, del que fue uno de sus fundadores tras la ruptura de un importante grupo de militantes y dirigentes del PNV. "No cabe duda que su memoria y ejemplo seguirá vigente en Eusko Alkartasuna y en Euskal Herria", destaca Ziarreta. En estos 22 años, Zubiri ha estado alejado de la primera línea de la política, pero, fiel a sí mismo, ha vivido pegado a la política y participado en muchos actos organizados por su partido.
Con tan sólo diez años participó en el primer Aberri Eguna de la historia celebrado en Bilbao en marzo de 1932. El año pasado, Zubiri rememoraba aquella jornada en DEIA, en una de sus últimas entrevistas a un medio de comunicación: "Fue un Aberri Eguna maravilloso. Yo era un crío, pero me acuerdo porque iba con mis aitas. Desfilaron los mendigoizales vascos. Se habló de unos 30.000".
Su espíritu indómito le llevó a estar detrás de otros Aberri Eguna, entre ellos el que se celebró en Gernika en 1974. Zubiri era entonces secretario del EBB del PNV presidido por Juan Ajuriaguerra, de quien también era chófer y, junto con otros burukides, protagonizaron uno de los episodios más señalados en el imaginario del nacionalismo vasco. A Ajuriaguerra se le ocurrió traer clandestinamente al lehendakari Leizaola -37 años en el exilio- hasta Gernika. "Si le llegan a detener, ¡qué responsabilidad para nosotros, que le habíamos hecho venir y correr un peligro tremendo!". Al día siguiente los periódicos italianos y franceses publicaron que Leizaola había celebrado el Aberri Eguna clandestinamente en Gernika. "Nos pareció que traer a Leizaola sería un aldabonazo para la dictadura", recordaba.
LA TUMBA DE SABINO ARANA Pero, sin duda, la más controvertida de sus actuaciones estuvo relacionada con los restos mortales de Sabino Arana. En 1989, PNV y EA se enredaron en una disputa por el traslado del cadáver del fundador del PNV desde el lugar en el que estaba oculto (Zalla) hasta su sepultura original en Sukarrieta. Zubiri y Luis Mari Retolaza eran los dos depositarios del secreto que les confió Ajuriaguerra, pero otras dos personas conocían el paradero de la tumba a través de un texto remitido por un sacerdote y el partido jeltzale decidió el traslado, lo que le enfrentó con EA.
La intervención de Zubiri fue decisiva para el alumbramiento y los primeros pasos de DEIA. A él se le encomendó la ardua tarea de recaudar los fondos necesarios y se convirtió en el segundo presidente del Consejo de Administración de su empresa editora, Editorial Iparraguirre S.A. Su labor, una vez más, fue tan diligente como eficaz y el periódico echó a andar hasta hoy. Goian bego. |