bilbao. El eco de la bomba en el Club Marítimo del Abra aún resuena en los oídos. El estruendo que ETA ha solapado al diálogo político que el lehendakari Ibarretxe propone al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, se escucha como un intento de presión, como una nueva pretensión de los violentos por interferir en la vida política, por influir en la reunión que ambos representantes institucionales mantendrán en la mañana de hoy. Con ese sonido y el del no que, a todas luces, recibirá el lehendakari de Zapatero se aborda una jornada que el Gobierno vasco plantea como un primer paso para tratar de avanzar en la solución del conflicto político vasco.
El atentado en Getxo y el perpetrado contra la casa cuartel de Legutiano parecen una llamada de atención al Gobierno español. "Estamos aquí y es con nosotros con quien debes negociar", parece decir ETA con estas demostraciones de fuerza. Al menos, es lo que se interpreta en las formaciones políticas. Por eso, ayer la portavoz del Ejecutivo vasco decía: "El lehendakari acudirá mañana a La Moncloa para poner a ETA en su sitio y para demostrar que los acuerdos son posibles. La solución a los problemas políticos está en manos de los representantes políticos, de nadie más". Y el presidente del Euzkadi Buru Batzar del PNV, Iñigo Urkullu, corroboraba la impresión pocas horas antes expresada por el portavoz jeltzale en el Congreso, Josu Erkoreka: "Una vez más, la sinrazón de ETA pretende condicionar la convivencia entre los ciudadanos y la vida y la política en la sociedad vasca, y condicionar el propósito de un acuerdo que corresponde sólo a las fuerzas políticas y a las máximas instituciones del Estado".
loiola, ya no Ese intento de condicionar el escenario político, en cualquier caso, no va a ser aceptado ni por los jeltzales ni por el Ejecutivo vasco. Mucho menos por el propio lehendakari, que ya ha planteado que el diálogo que pretende abordar con el presidente español busca, precisamente, avanzar en una solución política que deslegitime la violencia terrorista. Sin embargo, sí parece tener influencia en el Partido Socialista, que mantiene la postura de no entablar negociaciones políticas de calado con las instituciones y formaciones vascas en un escenario en el que la violencia terrorista se mantiene. Y permanece enrocado en esa postura desde el fracaso del último proceso de paz y de la ruptura de la mesa de partidos después de intensas negociaciones que estuvieron a punto de prosperar. "La solución se rozó con la yema de los dedos", dijo en ese momento el entonces presidente del EBB, Josu Jon Imaz.
La misma solución, sus bases, las bases del acuerdo de Loiola están ahora de nuevo sobre la mesa. Sobre la mesa del presidente español, que ya les dio el visto bueno en otoño de 2006. Pero Zapatero tilda ahora esos principios que Ibarretxe incluye en su propuesta abierta de "ocurrencia" del lehendakari. Dirigentes socialistas se han apresurado a decir en los últimos días que en Loiola no hubo acuerdo. Que no se firmó nada, aunque en otros momentos no muy lejanos se esgrimieron las conversaciones como un exponente de la capacidad de diálogo y de la apuesta por la paz de los socialistas. Que el lehendakari retome ahora esos principios se considera también en las filas del Partido Socialista una "deslealtad".
El planteamiento actual en el PSOE y en el PSE es el que ya dejara ver hace un par de meses Jesús Eguiguren, uno de los participantes en la elaboración de ese principio de acuerdo: "Las conversaciones de Loiola tuvieron una lógica, llegar a un gran acuerdo político en Euskadi para reformar la autonomía actual. Otra cosa es que si no vamos a acabar con el terrorismo y no vamos a incorporar a la izquierda abertzale, lo que se habló en Loiola, sin negar su validez y su importancia, deja de ser políticamente útil en estos momentos... Para negociar con el PNV ya está el Parlamento". Una actitud ante la que el lehendakari se rebela: "No estoy dispuesto a que lo que los presidentes españoles estén dispuestos a negociar y firmar con ETA no lo puedan hacer con el lehendakari".
elecciones a la vista Y, por eso, mantiene su empeño negociador, pese a que las expectativas no sean precisamente halagüeñas. Antes incluso de que se conociera el contenido de la propuesta inicial de pacto, en las filas socialistas se avanzaba el rechazo que con toda probabilidad -casi con certeza- recibirá por parte de Zapatero. Algo que no es nuevo, porque ya cuando el lehendakari trasladó en octubre de 2007 al presidente español su disposición para el acuerdo recibió una negativa.
La excusa esgrimida entonces y ahora es que la iniciativa del lehendakari no cabe en la Constitución y, por tanto, no es aceptable. Además, la negación se produce en escenarios análogos. En octubre, las elecciones generales estaban a la vuelta de la esquina y la presión que ejercía el PP -enrocado en sus planteamientos más beligerantes en torno a la cuestión vasca- limitaba el margen de acción del PSOE y de Zapatero. El presidente español no quería arriesgar para evitar una fuga de votantes.
Ahora, su mirada está también puesta en las elecciones autonómicas. El Gobierno socialista ha estado midiendo los tiempos. No podía hacer movimientos que perjudicaran la imagen de alternativa de gobierno que el PSE plantea desde los comicios generales. Retrasó el encuentro entre Zapatero e Ibarretxe hasta que los continuos emplazamientos de este último forzaron que se fijara una fecha. Esperar más podía ser entendido en Euskadi como una negativa a hablar, una posición que perjudicaría el perfil dialogante que el PSE -que ha aprendido de su experiencia frentista de 2001- quiere proyectar.
Este planteamiento se trasluce en las declaraciones de los dirigentes socialistas en Madrid y en Euskadi, que al analizar la reunión entre Zapatero e Ibarretxe no han evitado hacer referencia a las próximas elecciones autonómicas y a las posibilidades electorales del PSE. Ayer mismo, el secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, Ramón Jáuregui aseguraba: "Sólo una catarsis electoral tiene que decidir el futuro de la política en Euskadi".
Y mientras los socialistas miran de reojo a Ajuria Enea, la única propuesta sobre la mesa es la realizada por el lehendakari. Zapatero y el PSOE sólo hablan de limitar cualquier acuerdo a lo que establece la Constitución y, en los últimos días, de reformas estatutarias. En cualquier caso, sin concretar exactamente las posibilidades. |