|
|
|
Micro on
|
|
Morgan
|
 |
|
Xabier Lapitz
|
 |
|
Morgan es muy formal. Entra en un sitio lleno de gente, se sienta y guarda silencio. Nunca protesta, ni siquiera cuando le tratan mal sus congéneres. Huye de las peleas y nadie repararía en ella si no fuera porque siempre acompaña a una persona. Está acostumbrada a ser así desde que nació y su destino parece feliz porque ayuda a quien lo necesita. Sin embargo, de vez en cuando le niegan la entrada en establecimientos abiertos al público, una discriminación que la Ley sanciona como "falta grave". Le ha ocurrido hace muy poco en un restaurante y, claro, a falta de su protesta, ha sido su inseparable compañera la que alza la voz. Morgan es una perra de raza labradora y además, o sobre todo, los ojos de Charo. Ella le cuida, le cepilla, le alimenta, le quiere. La perra, adiestrada para cumplir con diligencia su cometido, le guía por la jungla urbana. Charo, ciega, confía más en Morgan que en otra persona para ser acompañada sin problemas por la calle y no termina de entender las reticencias que a veces surgen en los lugares públicos cuando accede a ellos con su perra. Nos pone otro ejemplo. Aficionada a la ópera, allá que va con Morgan siempre que puede. Ni los responsables del auditorio, ni la organización le ponen reparos, pero sus vecinos de localidad han llegado a protestar. Y eso que Morgan, como digo, además de silenciosa es obediente y se tumba a los pies de su dueña y no hace aspavientos si no le gusta la función, ni tose reiteradamente, ni atruena al abrir el celofán de los caramelos, ni le suenan las pulseras al abanicarse, ni se le olvida apagar el teléfono móvil con melodías de SMS, ni usa reloj digital que hace piiiiiii para avisarnos que es la hora en punto. En realidad, Morgan se comporta mejor que muchas de las personas que acuden a la ópera. Jesús, de la Fundación ONCE del Perro Guía, lo explica gráficamente con una pregunta: ¿obligarían a alguien paralítico a dejar su silla de ruedas en la puerta? |
|