|
|
|
Kartografiak
|
|
Buena idea
|
 |
|
Jesús Mª Lazkano
|
 |
|
ANDAR siempre nos ha llevado lejos. Por un lado, el propio avance físico del caminar nos sitúa en nuevos escenarios, aunque la mayoría de las veces nos lleva al mismo sitio. Nos empeñamos en dar vueltas al mismo lugar, siempre alrededor de algo, siempre alrededor de lo mismo ¿Hasta dónde hubiéramos llegado y por dónde, si hubiéramos seguido adelante sin dar la vuelta, sin cimas que nos empujan a descender, sin valles que acaban en el mar, sin ciudades cortadas por periferias…? Pero siempre giramos, siempre desandamos lo avanzado. Por otro lado, andar nos lleva lejos de otra manera, andar nos permite mirar, a veces mirar atrás, también atender, observar y sobre todo pensar, cambiar de horizontes, cambiar de pensamientos. Andar para pensar. Atraídos por el efecto magnético de las cumbres, de las alturas, sentimos una comunión de contrarios, entre la vista atrapada en la más absoluta lejanía y lo cercano, la roca que pisamos, que nos sujeta. Mirar de lo próximo a lo distante, de lo concreto a lo abstracto, del presente al futuro. Andar es pensar, quizás pensamos poco porque no andamos lo suficiente y cuando lo hacemos acortamos la mirada, bajamos demasiado la cabeza, perdemos el horizonte y nos centramos en el camino, en el siguiente paso, en lo inevitable… Friedrich Nietzsche, el gran nómada intelectual, a través de su Ecce Homo, nos invitaba a "no creer en ningún pensamiento en cuya génesis no intervenga alegremente también los músculos". No en vano él consideraba que la filosofía se resumía en poder pensar al aire libre. No es el único filósofo andarín. Soren Kierkegaard nos recuerda que, "caminando he tomado contacto con mis mejores ideas pero cuando te quedas quieto y cuanto más te quedas quieto, más próximo estás de sentirte enfermo… De modo que si caminas sin parar, todo te saldrá bien". Puede que tenga razón, pero todavía nos quedan demasiados kilómetros por delante, para alcanzar algún buen día, alguna buena idea. |
|