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24-05-2008
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El rumano Horia Colibasanu, el navarro Otxoa de Olza y el canadiense Dan Bowie, con la cara sur del Annapurna a sus espaldas. Fotos www.navarra8000.com
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Otxoa de Olza se queda en el Annapurna
Amigos de Otxoa de Olza ensalzan su tremendo valor humano
Un obrero del Himalaya
Los 'ochomilistas' evitan el Annapurna por su peligro extremo de aludes
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tragedia en el himalaya
Otxoa de Olza se queda en el Annapurna
el alpinista navarro no reaccionó a los primeros cuidados y falleció ayer a las 8.45 horas.
las medicinas facilitadas por el suizo steck no bastaron tras cuatro días a 7.400 metros.
Un edema pulmonar complicó definitivamente el estado crítico del aplinista, cuyo cuerpo no será repatriado.
Iván Giménez
iruñea. La interminable arista Este del Annapurna (8.091 metros) resultó finalmente una trampa mortal para Iñaki Otxoa de Olza, cuyo organismo se paró para siempre a las 8.45 horas de ayer (12.30 horas en Nepal) mientras estaba acompañado por el suizo Uli Steck, quien había llegado a la tienda del montañero navarro la noche anterior y le había suministrado las primeras medicinas.

No obstante, ya era tarde. El estado físico de Otxoa de Olza (Iruñea, 1967) se fue agravando minuto a minuto atrapado en el campo IV, a unos 7.400 metros de altitud, exiguo refugio en el que ha resistido desde el lunes, semiinconsciente y aquejado de una lesión que bien podía ser una embolia o cualquier otra complicación por la escasez de oxígeno en el cerebro. Son detalles que han perdido ya trascendencia. Lo cierto es que un edema pulmonar se vino a sumar al grave estado de Otxoa de Olza y ni siquiera la dexametasona y los corticoides suministrados por Steck lograron reactivar su castigado organismo.

El alpinista navarro llevaba seis noches por encima de los 7.400 metros (dos durante el ascenso y cuatro tras darse la vuelta a unos 100 metros de la cumbre), el mayor periodo que Otxoa de Olza ha pasado nunca a semejante altitud. Su cuerpo, acostumbrado a ascensos y descensos exprés, se fue apagando conforme le fue faltando el oxígeno.

No estuvo solo durante esas cuatro noches interminables. El rumano Horia Colibasanu veló su estado semicomatoso, sintiendo también el inexorable y progresivo deterioro que cualquier ser humano sufre a esa altitud. Por abajo llegaba Uli Steck, un alpinista suizo que ha demostrado una fortaleza sobrehumana para escalar casi sin descanso desde el campo base hasta los 7.400 metros, por una de las vías más comprometidas del Himalaya, dada su exposición a las continuas avalanchas.

a punto de tener oxígeno El suizo, que apenas conocía a Otxoa de Olza, se jugó su vida para salvar la del montañero pamplonés. Llegó al campo IV el jueves por la noche, mandó para abajo a Colibasanu y le relevó en los cuidados a Ochoa de Olza. Steck sabía que el kazajo Dennis Urubko, uno de los mitos vivientes del himalayismo, estaba sólo a cuatro horas y que ascendía con una botella de oxígeno que podía ser clave en la reanimación del navarro. Sin embargo, no hubo tiempo para más. A las 8.45 horas de ayer, Iñaki se apagó definitivamente en los brazos de Uli Steck, que en los últimos momentos intentó un masaje cardiorrespiratorio de urgencia.

A partir de ese momento, la peor noticia posible se difundió como un mazazo en cuanto el rumano Colibasanu llegó al campo base, rescatado durante su penoso descenso por un helicóptero que logró alcanzar la peligrosa cota de los 6.200 metros. El suizo Steck, sin embargo, ha permanecido esta pasada noche junto al cadáver de Otxoa de Olza (la familia no lo repatriará, cumpliendo la voluntad del compañero), si bien ha informado de que se encuentra bien de salud y a estas horas ya estará descendiendo junto a Urubko, cuyo tremendo esfuerzo ha sido baldío. Sólo un empeoramiento del tiempo podría complicar la puesta a salvo del kazajo y el suizo. El ruso Bolotov, que consiguió hacer cumbre, también ha emprendido el descenso.

Con la muerte de Iñaki Otxoa de Olza en el Annapurna, el alpinismo navarro pierde a su exponente más significado. No en vano había ascendido 12 de los 14 ochomiles (sólo le faltaban el Annapurna y el Kangchenjunga, ambos en Nepal) y su compromiso con el himalayismo era total. Cada año protagonizaba dos o tres expediciones del más alto nivel, en total unas 30 desde que en 1990, con sólo 22 años, se lanzara a la conquista del temible Kangchenjunga (8.586 metros) de la mano de Koldo Aldaz y Juan Tomás. Ni en esa ocasión ni en posteriores intentos logró conquistar la tercera cumbre de la Tierra.

Ha sido el Annapurna, sin embargo, la montaña que se ha quedado para siempre con Otxoa de Olza, en su segundo intento tras la expedición fallida de la primavera de 2007, también con Colibasanu.
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