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Santi Santamaría, durante la presentación de su libro, que volvió a despertar una inusitada expectación mediática. |
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Santamaría añade picante
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La guerra de los fogones ha devorado ya los entremeses y el primer plato, pero aún queda menú. Ayer mismo, Santi Santamaría añadió un nuevo plato a la carta del enfrentamiento entre chefs.
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I. Basaraz
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LA polémica estaba servida desde hace días porque la venganza es plato que no se debe digerir en caliente y algo de eso hay -dicen- entre Santi Santamaría y Ferrá Adriá, chefs de chefs junto a algunos franceses y vascos, según dicen también. Pero el cocinero de El Racò de Can Fabes, quien suma nada menos que seis estrellas Michelin, pretende engordar aún más la salsa e incluso añadir picante. Lo hizo ayer, en otra presentación de su libro La cocina al desnudo, pero no se antoja que todo el lío sea sólo una operación de marketing. Santamaría ha prometido dividir los ingresos por la venta de ejemplares -que va viento en popa- en dos partes: un 50% para una fundación que trabaja contra la esclerosis múltiple y el otro 50% a una organización de defensa de los consumidores.
Esto último tiene su explicación, porque el picante que añadió ayer el chef de El Racò no es sino el solicitar -acaso exigir- que los grandes chefs desgranen y especifiquen los ingredientes de cada plato en el menú que ofrecen a sus comensales para que éstos sepan a ciencia cierta lo que comen.
informar al comensal Santamaría, que mantiene así el pulso con sus colegas, a algunos de los cuales acusa de cocinar platos "que ni ellos mismos comerían", ha explicado su postura con tanta claridad como la que exige en esta guerra de los fogones que ha entablado. "Cuando la industria alimentaria está obligada por ley a informar a los consumidores de los ingredientes y en especial de los aditivos, ¿es acaso excesivo defender el derecho de que el público reciba la información acerca de los aditivos que se emplean en los platos de algunos restaurantes?", se ha preguntado en público.
El cocinero, quien ha bajado el tono para apuntar que "no pretendo en absoluto colocar bajo sospecha a todos mis compañeros y compañeras, pero tampoco puedo negar lo que es un hecho", ha ido un poco más lejos al contraponer las dos cocinas con otra pregunta: "¿qué queremos? ¿una dieta mediterránea de producto fresco o aditivos químicos?".
El chef, quien admite ser consciente de que estos productos cumplen con la legislación más estricta y que sus declaraciones levantarán de nuevo ampollas entre sus compañeros, que en número de varios centenares ya criticaron la semana pasada sus opiniones; ha emprendido una auténtica cruzada personal para preservar la cocina tradicional, una cruzada que posiblemente le cueste menos que ese intento de perder peso -ha bajado diez kilos en dos meses- en el que se ha obligado a pasar dos semanas de tratamiento en un hospital... alimentándose "con el mismo menú que los enfermos ingresados". |
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