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'Many times' (1999), una de sus obras más conocidas, en la que cien esculturas de personas de origen chino, todas grises, sonrientes y sin pies, invaden la galería Foto: zigor alkorta |
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Las figuras de Juan Muñoz, el mago que engañaba a la realidad, cobran vida en Bilbao
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Se pueden ver obras como 'Many times' o 'Trece riéndose los unos de los otros', que recibe a los visitantes en el exterior.
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Maite Redondo
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bilbao. Figuras silenciosas, enigmáticas, misteriosas... Algunas hablan pero no se las oye, otras ríen, pero en realidad lloran, juegan con el espectador. Quietas. En silencio se agrupan en pequeños círculos de dos y hasta cuatro miembros. Susurran al oído inmóviles, miran de reojo. Son las figuras inquietantes y perturbadoras de Juan Muñoz (Madrid, 1953 Ibiza 2001), que durante todo el verano ocuparán el Guggenheim Bilbao.
El museo dedica hasta el 5 de octubre una gran retrospectiva al artista madrileño compuesta por cerca de 80 piezas entre esculturas, instalaciones, dibujos, escritos y obras radiofónicas. Comisariada por Carmen Giménez, conservadora de arte del Siglo XX del Guggenheim, y Sheena Wagstaff, curator jefe de la Tate Modern -donde se acaba de presentar con un gran éxito-, se trata de "la retrospectiva más importante dedicada hasta el momento al artista madrileño y revela algunos aspectos poco estudiados de su innovador lenguaje". Juan Muñoz, que estudió arte en Londres y Nueva York y a finales de los años ochenta y principios de los noventa, se consolidó internacionalmente como uno de los escultores más relevantes de las últimas décadas. En el Estado español, sin embargo, el verdadero reconocimiento le llegaría en el 2000, cuando recibió el Premio Nacional de las Artes Plásticas. Casado con la escultora donostiarra Cristina Iglesias, Juan Muñoz fallecía un año después súbitamente de un paro cardíaco provocado por un aneurisma de esófago y una hemorragia interna a los 48 años de edad en su casa de verano en Santa Eulalia del Río. En el momento de su muerte se encontraba su obra Double Bind expuesta en la Tate Modern de Londres.
"Juan se catalogaba a sí mismo como un engañador, un mago que engañaba al público y creaba realidades en paralelo". A juicio de Sheena Wagstaff, el artista compartía con Borges la capacidad de crear historias donde "existe una tensión entre la realidad y la fantasía".
arquitectura Sus figuras tienen tanta energía que salen del museo. Mientras el espectador desciende por las escaleras, sus enigmáticos hombrecillos le están contemplando. "Me gusta ver como la gente se fotografía en la pieza Trece riéndose los unos de los otros, se suben, la tocan. Está hecha para eso, adquiere vida", confiesa Cristina Iglesias, que está muy satisfecha con la exhibición del Guggenheim.
En la galería 205 el visitante se topa con las primeras piezas arquitectónicas de los años ochenta: escaleras y balcones que no llevan a ningún lado y reclaman la atención de un visitante que se siente observado y que, a su vez, observa.
Carmen Giménez ha jugado con el espacio arquitectónico del edificio de Gehry. "Aquí se ha trabajado con el espacio, es más teatral, que es lo que le gustaba a Juan. Algo que no ha sido posible en la Tate, donde hay menos luz y la disposición es de sala tras sala, mientras que aquí se van estableciendo relaciones". Una de estas relaciones es la que se crea entre el conjunto escultórico La materia del tiempo de Richard Serra y la obra Pieza tartamudeante, formada por dos pequeñas esculturas sentadas que mantienen una conversación insustancial. "Existía un cariño y un respeto entre los dos artistas y por ello he querido que dialogaran. Él fue quien me presentó a Juan Muñoz. Entonces decía que no quería ser artista, que quería ser curator. Quería hacer muchas cosas, pero por encima de todo era un artista, un generador de ideas constante".
La sombra de las esculturas proyectadas por focos de luz potentes nos sumerge en una atmósfera inquietante y perturbadora. Como la figura colgante, que cuelga del techo, o Sombra y boca, en la que presenta dos figuras separadas por una mesa, cuyas sombras proyectadas evidencian el sordo diálogo que recorre toda la muestra.
Pero la que mejor describe su obra es Many times, cien figuras casi idénticas, de la misma altura y con rasgos asiáticos, que reconstruyen la ausencia del individuo en medio de la multitud. Así era Juan Muñoz. Un mago que nos invita a descubrir el secreto de su obra. |
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