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Vida sin fronteras
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Escuchar lo nuevo
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Rafa Redondo
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EN cada instante las cosas nos interpelan a mirarlas bien, o a re-mirarlas, como si se dejaran ver por vez primera. Cada cosa encierra en su seno una noticia. El saber escuchar se hace imperativo.
Pero es preciso, para ello, cambiar de giro en la mirada, cambiar de anteojeras, o, sí se me apura, cambiar de ojos. Captar la noticia que las cosas ofrecen requiere, sin embargo, la osadía de desnudarse no sólo por afuera sino incluso por dentro: cambiar de forma, quedarse sin el nudo del nombre; eso es des-nudarse, liberarse de una forma de vida desorientada en su ceguera.
Tan sólo la desnudez revela la belleza oculta en nuestro fondo, y para eso la educación se hace innecesaria. Sólo así, des-nudos de los ruidos que causan las creencias, la escucha puede tornarse diáfana. Los dogmas son el velo que filtra lo real e impiden la manifestación de lo desconocido, que, de suyo, sólo brota en la espontaneidad de la escucha inocente. Conocer la antorcha que fulge en nuestro fondo sería la educación real y no informarnos de toneladas de contenidos desusanciados.
Saber escuchar, desnudo de prejuicios, la noticia que en cada instante se revela, es un acto revolucionario que requiere valor porque cambia al observador y, además, re-genera y recompone nuestras percepciones.
Toda una reorquestación de la realidad que captan los sentidos. Lo que estaba oculto se torna luminoso y lo que es aún mejor: nuestro cuerpo entero será como una mano abierta a todo lo que la vida ofrece, incluso lo que los llamados -hasta entonces- enemigos ofrecen. Eso altera al poder.
Y todo eso es el despertar; despertar a la gran mentira de una pedagogía que utiliza sus más grandes y eficaces medios por mantenernos dormidos. Hora es ya de despertar del sueño que censura las conciencias. |
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