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Arthur y su aita, Francis, han venido al festival desde Nantes. |
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Puretas y yogurines
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Ayer, las campas de Kobetamendi se llenaron de gentes de distintas edades y generaciones. Es la magia de The Police, que a pesar de los tiempos, siguen teniendo el suficiente gancho como para embaucar a padres y a hijos.
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Es lo bueno que tienen los grandes: que no caducan. Por eso, ayer en las campas de Kobetamendi convivían sin desentonar diferentes generaciones. El afilado aguijón de Sting y compañía tuvieron el poder de convocatoria suficiente como para poner a sus pies tanto a tiernos veinteañeros como a curtidos treintañeros, cuarentones, cincuentones y demás grupos de edad que terminan en ones. Y es que los que en los años 80 eran adolescentes escuchaban a The Police en vinilo y los de ahora, en pleno siglo XXI, llevan sus temas comprimidos en diminutos mp3. Los tiempos corren que se las pelan, pero la buena música no calla.
La apertura de las puertas del recinto ayer recibió a menos gente que la de la pasada edición del Bilbao BBK Live. El goteo de asistentes que llegó a las campas fue más discreto a primera hora, pero se fue animando a medida que avanzaba la jornada, de manera que a las ocho de la tarde era considerable la marea humana que subía a Kobetamendi desde Beyena (nunca 800 metros fueron tan largos...). El de ayer no era el mismo ardor guerrero que desde primera hora de la tarde arrasaba las entradas al festival en su apertura el año pasado con Iron Maiden como cabeza de cartel. Ayer, los melómanos que ya al anochecer subían en tropel a las campas, eran más reposados, mas tranquilos que los heavies del pasado año. Y con una media de edad superior... Pero no menos fanáticos. The Police eran las dos palabras que tenían todos en los labios.
Pero a pesar de que fueron muchos, muchísismos, los puretas, (con perdón) que ayer tomaron el festival, no fueron menos los veinteañeros que fueron a jalear a The Police y al resto de grupos que llenaron de música la abrasadora tarde.
Y entre todas las especies humanas que ayer se movían por Kobetamendi, (que eran muchas y variadas, doy fe), había muchos grupos de individuos poco frecuentes en este hábitat de los macroconciertos: las familias. Campa arriba y campa abajo pululaban orgullosos aitas y amas que han conseguido meter en vena a sus vástagos los ritmos de los Police. Así que, era difícil saber quiénes estaban más emocionados de empaparse de los ritmos punk-pop-reague-rock de Sting y compañía.
Era el caso de Juanjo, de Mungia, que ayer a las cinco de la tarde ya estaba en Kobetamendi con su hijo Iker y con Antxon, una amigo de éste. Los dos chavales, de apenas 11 ó 12 años, ya le dan a la guitarra y les encanta la música. Por eso, ayer acompañaban a Juanjo que enfatizaba que era seguidor de The Police desde hace 25 años. Aunque a Iker y Antxon les tiran más grupos como Greenday, afirman que también tocan algunos temas de The Police como Every breath you take o Message in the bottle.
Y nada menos que desde Nantes, en Francia, llegaron ayer Frances y su hijo Arthur, de 11 años. Decidieron pasar toda la tarde por Kobetamendi para empaparse de la música y del buen ambiente. Francis es un gran fan de los británicos desde hace años, pero Arthur ayer tuvo su primer contacto con los ritmos de este grupo. Sólo quedaba esperar que éste acabara contagiado del entusiasmo de su padre.
El de ayer fue un espectáculo ecléctico, diverso, para todos los públicos, y eso se notaba en las gentes que se movían por Kobetamendi. Ni el calor, ni las altas temperaturas, ni los 800 metros que hubo que subir andando hicieron decrecer las ganas de buena música. Ayer, en el Bilbao BBK Live la policía estuvo sobre el escenario. Pero de buen rollito. Haciendo música.
En las campas de Kobetamendi se codeaban varias generaciones
Durante la tarde y noche se vieron muchos padres que acudían con sus hijos |
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