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Mesa de redacción
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Los jueces
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Oscar Subijana
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eL común de los mortales piensa, por desconocimiento, que cuanto más lejos esté uno de un juez... mejor. No se sabe por qué, pero al togado se le asocia con algo malo. Será por el mal trago que uno pasa cuando tiene que declarar en un juicio, o por la distancia con la que se ve a esas personas de carne y hueso, pero que parecen no tener ni carnes ni huesos. La profesión periodística da satisfacciones como la de poder compartir una charla amigable, distendida y sincera con un grupo de magistrados del TSJPV que sí tienen carne y hueso. Y que, además, despliegan perspicacia en la conversación, incluso erudición. Amplios conocimientos en lenguaje hipertécnico la mitad de los cuales a uno se le escapan. Ahora bien. Lo que no se le escapa a una persona con conocimientos medios es la gesticulación de unos profesionales que, como muchos otros gremios, viven con pasión todo lo que hacen. Uno podrá estar de acuerdo o no con las resoluciones finales que adopten, si éstas llegan cargadas de contenido político más o menos intencionado, o no. Esta columna reivindica el lado humano del profesional de la Justicia. El que vale al final del camino. Desde el desconocimiento más absoluto de todos los razonamientos judiciales, un encuentro formal pero distendido con personas que ejercen la judicatura ayuda a conocer lo desconocido. Seguiremos pasándolo mal en el estrado de un juzgado, sin duda. Pero una vez visto el apasionamiento con el que algunos de ellos viven la profesión, no queda más que reconciliarse con el grueso de la profesión togada. Miles de cosas en la no nos llegan con claridad por desconocimiento. Tras un contacto personal con sectores de la sociedad cuya labor se nos escapa, podemos relativizar, criticar, compartir. Alguien me dijo que sólo sabría si me gustaban los percebes si no los probaba. Pues eso. |
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