Uribe cerca a las FARC La propuesta de negociación directa y sin intermediarios ofrecida por el presidente colombiano a las FARC concluirá en ataque abierto contra las posiciones guerrilleras si no obtiene la respuesta exigida, que no es otra sino la rendición.
LAS tornas han cambiado en Colombia a raíz de la liberación de Ingrid Betancourt y 14 rehenes más -tres de ellos norteamericanos- que estaban en manos de la guerrilla de las FARC. En los últimos meses los guerrilleros colombianos han sufrido fuertes golpes como la muerte accidental de su máximo jefe Marulanda, la eliminación de su número dos Raúl Reyes o la deserción de Karina, una de las más carismáticas jefas de la organización. Sin embargo, ninguna de las bajas anteriores es comparable con la captura de Betancourt y los rehenes norteamericanos. Hasta ese día en que la Operación Jaque dio los resultados apetecidos por el presidente Álvaro Uribe era la guerrilla quien marcaba el calendario negociador. Los secuestrados eran su mejor botín ante la estrategia negociadora del nuevo jefe Alfonso Cano y a su vez el escudo protector ante las posibles acciones militares del Ejército colombiano y un freno a la intervención directa o indirecta de los norteamericanos. Con la liberación de Betancourt la posición de fuerza ha pasado a manos de Uribe. Sin su rehén más cotizada, las FARC no podrán implicar a Francia en la negociación humanitaria, y sin los tres norteamericanos los EE.UU. no tendrán tantas razones para contenerse ante un ataque masivo contra las fuerzas guerrilleras. Y es ése precisamente el futuro que espera a corto plazo: la guerra sin cuartel contra las debilitadas FARC. Álvaro Uribe acaba de dar el ultimátum que precederá a un ataque si no se atiende a sus exigencias. En su llamamiento a negociar directamente con los guerrilleros -sin intermediarios a los que ya no necesita- ha exigido una respuesta clara y nítida de Alfonso Cano en la que exprese su voluntad de negociar para poner fin a la actual situación. Si esa respuesta no llegara, y no parece que llegue en los términos exigidos por el presidente colombiano, la intervención militar estaría garantizada. Las FARC mantienen secuestrados todavía a 27 personas canjeables por guerrilleros lo que, a su vez, podría acelerar un proceso de final negociado. Pero a nadie se le escapa que esas decenas de políticos y empresarios carecen del peso que poseían los recién liberados en la Operación Jaque. El futuro de la guerrilla más antigua de Suramérica puede verse resuelto en los próximos meses. Ya no sirve la estrategia negociadora porque la que propone el Gobierno de Uribe es más una rendición con un acuerdo humanitario, que un proceso de soluciones políticas que viene reclamando la guerrilla. Mal futuro espera a los guerrilleros, tan negro como al resto de rehenes que continúan con ellos porque ante un eventual ataque "nunca visto hasta ahora" por parte de las Fuerzas Armadas colombianas serían los más desprotegidos e indefensos.