Buena noticia hacia la paz La operación de ayer contra el 'comando Bizkaia' es un paso en el camino hacia la desaparición de ETA, pero no es suficiente si no lleva pareja una política valiente que propicie la consecución de una paz definitiva en Euskadi.
LA detención, ayer, de nueve presuntos miembros de ETA ha supuesto, según el ministro español de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, la desarticulación del complejo Bizkaia de esta organización, al que se atribuye buena parte de los atentados cometidos en el último año. En concreto, al supuesto responsable del comando, Arkaitz Goikoetxea, arrestado en un piso de la calle Iturribide de Bilbao, la Guardia Civil le adjudica la participación en los atentados contra los cuarteles de Durango, Calahorra y Legutiano, con la muerte en este último del agente Juan Manuel Piñuel; el intento de hacer estallar una bomba en el juzgado de Getxo, y el ataque contra la comisaría de la Ertzaintza en Zarautz. La lista de atentados en los que se sospecha han tomado parte los ahora detenidos se extiende hasta el punto de que el ministro aseguró que este comando era el más "activo, dinámico y, por supuesto, el más buscado" por las fuerzas de seguridad. A la espera de la confirmación de estas informaciones, y reconociendo en primer lugar el derecho a la presunción de inocencia que asiste a todo ciudadano en tanto no haya sido juzgado, la primera valoración que se puede hacer de cualquier operación que propicie un debilitamiento de ETA es que se trata de una buena noticia para la sociedad vasca. Esta organización no tiene capacidad más que para causar dolor al pueblo al que dice defender y, en este sentido, menguar su operatividad no puede sino causar alivio en la ciudadanía en general y, de forma especial, en aquellos colectivos que aparecen subrayados en rojo en la agenda del terror. Los éxitos policiales, no obstante, no deben llevar a la euforia, porque ETA sigue activa y la experiencia dice que, pese a su evidente debilitamiento, es capaz de causar mucho daño. Manteniendo, por tanto, la prudencia, lo que sí se puede afirmar es que la organización se encuentra en fase terminal, con unos comandos cada vez más controlados por los cuerpos policiales, lo que acorta de forma drástica sus fases de actividad, y con un aislamiento social tan clamoroso que resulta patético oírle hablar en sus comunicados en nombre del pueblo vasco. Precisamente, la innegable realidad de que su actividad violenta no va a llevarle a ningún meta hace aún más indignante la persistencia en el camino del dolor. Asesinan, amedrentan y extorsionan por absolutamente nada. Es la violencia por la violencia. El dolor por el dolor. Un terror gratuito. La única contribución que ETA puede hacer al pueblo vasco es desaparecer. La obligación de las instituciones y los partidos políticos es acelerar esa desaparición, de forma que se acorte el ciclo de sufrimiento que aún permanece abierto. La operación de ayer es un paso en ese camino, pero no es suficiente si no lleva pareja una acción política valiente que propicie una paz definitiva en Euskadi.