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Samuel Sánchez se agarra el cuadriceps tras concluir la etapa con fuertes pinchazos. Foto: efe |
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Los calambres de 'Samu' y el curso acelerado de Hinault
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El de Euskaltel-euskadi se lanzó en el descenso, pero, acalambrado, fue engullido por el grupo del líder.
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Alain Laiseka
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jausiers. Pedía agua como un poseso sobre la cima de la Bonette el sorprendente austriaco Bernhard Kohl, que encabezaba el grupo de favoritos. Clamaba por una botella, un botellín, cualquier cosa que hiciera desaparecer de su boca esa desagradable sensación pastosa. Chivato de la deshidratación. Su gesto desesperado se ha repetido siempre en el coloso alpino, desde la década de los 60, desde que hollara por primera vez su cima Federico Martín Bahamontes en 1962. El Águila de Toledo, que coronó primero también en 1964, se deleita siempre desempolvando su anecdotario ciclista y recuerda de la Bonette esa sensación de sed que paliaba bajándose de la bici en pleno ascenso y robándosela, literalmente, a los aficionados. A Kohl, claro, no se le pasó por la cabeza esa posibilidad, pero si lo hubiera hecho, habría perdido su privilegiado puesto en la general. Porque, sobre el techo del Tour, lejos de finalizar la agonía, lejos de enterrarse el hacha de guerra, comenzó otra batalla, más técnica, más espectacular, más temeraria, en la que Samuel Sánchez es especialista. No cedió el de Euskaltel-Euskadi al sufrimiento en el último y desalmado tramo de la Bonette espoleado por una ambición, una victoria de etapa que le esperaba en Jausiers, una meta gemela de la de Cuenca (Vuelta de 2006) y la de Granada (Vuelta 2007).
Subsistió Samuel al tormento eterno de la Bonette, ciclista de exquisita técnica que pulió en su niñez sobre una moto (su padre tenía un taller en Granda y a los tres años ya montaba en una) y, después, en los circuitos de motocross en invierno, antes de empezar la temporada, para lanzarse de inmediato, sin preámbulos en el descenso en busca de los fugados, de los que le separaban dos minutos. Demasiado, incluso para él. Samu abrió brecha con el grupo del líder en la primera parte, en la misma curva en la que un momento antes Augustyn se había asomado al vacío. El sudafricano esperaba una bicicleta nueva (la suya se había quedado en el barranco) de pie, al borde del barranco, cuando llegó Samuel precipitado, con Evans a rueda. El australiano tuvo que corregir la trayectoria para no seguir el camino del corredor del Barloworld y entre el ovetense y el grupo de favoritos se instaló el aire. Pero no contó Samuel con el calor, la deshidratación. Abrió, es cierto, un hueco que se congeló en los diez segundos antes de que las piernas le advirtieran. "He sentido calambres", explicaba en la meta que alcanzó a cola del grupo del líder (cedió cuatro segundos), el sorprendente Frank Schleck, un reconocido pésimo bajador (nadie olvida su recto en la pasada Vuelta a Suiza), que ayer no pasó ningún apuro en el descenso e incluso sacó tiempo a Denis Menchov, uno de sus máximos rivales, después de recibir un curso de aprendizaje acelerado antes de que el Tour partiera de Brest. Sabedor de que podía perder sus opciones de victoria en un descenso, se encomendó al Tejón, un maestro en ese arte, que le aconsejó. Al parecer, Frank le escuchó. Ahora, también sabe bajar. |
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