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La Guardia Civil se incautó de este vehículo en un garaje de la plaza del Gas, en Bilbao. Foto: jose mari martínez |
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El coche abandonado tras el ataque de Legutiano, clave en la investigación
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Los terroristas quisieron quemarlo con una bomba incendiaria para evitar que los policías lograran pistas.
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I.C.
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bilbao. Aquella mañana del miércoles 14 de mayo faltó poco, muy poco, para que hubiera un conflicto diplomático serio entre cuerpos policiales. Agentes de la Ertzaintza acababan de localizar en uno de los aparcamientos del Santuario de Urkiola el Peugeot 306 robado un mes antes en Berango en el que habían huido los autores del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Legutiano, en el que murió un agente de la Benemérita. Dentro había una bomba incendiaria con dos garrafas de gasolina que no llegó a explotar. Querían haberlo quemado y, con él, todas las pruebas. Falló el mecanismo de ignición.
Los expertos de la Policía Científica y de la Unidad de Información de la Policía vasca se frotaban las manos. Era el escenario perfecto. Ideal. Delante de ellos tenían un vehículo en el que probablemente sería muy fácil obtener una huella, un rastro de ADN o alguna otra evidencia física que pudiera convertirse en una vía de investigación. La alegría duró poco a la Ertzaintza. Agentes de la Guardia Civil se personaron en el lugar y, no de muy buenos modos, según cuentas los conocedores del episodio, se hicieron cargo del automóvil. La tensión se podía tocar. El Departamento de Interior había recibido una llamada de la Audiencia Nacional que le ordenaba dejar la investigación en manos de la Benemérita.
Desde entonces no se volvió a saber nada del 306 ni de lo que el instituto armado pudo encontrar en su interior -entre otras cosas, un pasamontañas utilizado por uno de los autores del atentado-. El silencio administrativo en cuestiones antiterroristas suele significar que hay algo. En este sentido, expertos de la lucha antiterrorista consultados por este periódico otorgan a este vehículo una gran importancia en la operación policial que propició ayer la detención de Arkaitz Goikoetxea y otros ocho presuntos miembros de ETA. El otro extremo del hilo que condujo a las fuerzas de seguridad hasta el domicilio de Iturribide, el de Getxo y el de Elorrio pudo estar precisamente en el interior del Peugeot que los miembros de ETA quisieron quemar en Urkiola y no pudieron. Un caso similar -una huella en el automóvil- permitió a la Policía vasca identificar a Arkaitz Iriondo como uno de los implicados en el intento frustrado de atentado con coche bomba en Logroño a principios de setiembre de 2007. Las fuerzas policiales colocan a Iriondo como uno de los activistas más próximos a Txeroki, el considerado responsable militar de ETA. Es uno de los más buscados, como Goikoetxea.
El Ministerio de Interior español no alberga ninguna duda de que Arkaitz Goikoetxea fue uno de los autores materiales del atentado contra la casa cuartel de Legutiano. Los expertos policiales subrayaron entonces que el modus operandi empleado en el territorio alavés fue idéntido al utilizado meses antes contra el acuartelamiento de la Guardia Civil Durango. La Er-tzaintza atribuyó esta última acción -que causó daños leves a dos agentes y cuantiosos desperfectos materiales a vecinos de la zona- al propio Goikoetxea y a Jurdan Martitegi, aún huido. |
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