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Cine con niños para acongojar a adultos vulnerables Desproporción melodramática y sensación de artificio
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JUAN ZAPATER
SEGUNDA jornada del festival de Donostia. Dos películas en la sección infantil, perdón, en la Sección Oficial atravesadas por el protagonismo decisivo de niños haciendo de niños. Niños atenazados por el horror, el exceso y la crueldad. Niños que en manos de los mayores conjuran el terror del mundo adulto con la presumible intención de denunciarlo. Esa es su justificación y esa suele ser la madre de todos sus defectos.
La primera, Two-legged horse (El caballo de dos piernas), ha sido realizada por Samira Makhmalbaf, la hermana mayor de la autora premiada el año pasado por Buda explotó por vergüenza, y responde a lo que ya es el signo de su cine. La segunda, The boy in the striped pyjamas (El niño con el pijama de rayas) fue alumbrada a partir del best seller del mismo título y se sabe destinada a seguir su mismo camino: sacudir a ese gran público deseoso de ser agitado, si se cuenta con una buena coartada.
En cuestión de coartadas benéficas y benefactoras ambas las tienen: los campos de minas que siembran la muerte en los parajes desérticos de Irán y los campos de concentración que convocaron un terrible holocausto durante la segunda guerra mundial. Es imposible no estar de acuerdo. Esa es su jugada y, en ambos casos, sus respectivos autores han hecho caso omiso de los consejos de Hitchcock, evitar los animales y huir de los niños.
Por eso mismo en ambos casos, aunque por diferentes motivos, el resultado se mueve entre la desproporción melodramática y una molesta sensación de artificio. Pero empecemos por la que va a concurso en un festival muy dispuesto a premiar este tipo de cine hecho de tortugas voladoras, budas que saltan en añicos y fantasías lunáticas.
Two-legged horse crece sobre la plantilla habitual con la que Samira Makhmalbaf y otros realizadores cercanos, no así Kiarostami, su cine por fortuna se mueve en otros espacios, resuelve todo su cine. Esto consiste en generar fábulas más o menos alegóricas de un tema simple y directo. Fábulas pobladas con decenas de niños reclutados de la miseria del camino. Actores que no lo son y que, en manos de la dirección, conforman coreografías impactantes y cuasi imposibles con las que el espectador del primer mundo se estremece.
obvio Eso es precisamente lo que parece buscar de manera desesperada este filme: estremecer por la vía de lo obvio. Este caballo de dos patas es por supuesto un ser humano, un niño con problemas de comunicación que trabaja a cambio de un dólar diario como equino de otro niño mutilado por las minas. El será sus piernas y él será el animal de carga que, día tras día, lo lleve al colegio ante la ausencia de su padre que viaja a la India en busca de salud para su otro vástago.
Makhmalbaf, deseosa de ir más lejos de lo que fue con sus pizarras y sus manzanas, funde y confunde La parada de los monstruos de Browning con el ejercicio de un Buñuel pasado ya de manera definitiva al bando del Marqués de Sade. Eso lleva a que durante cien minutos el público se enfrente a una tortura in crescendo por la que el jinete humilla más y más a su víctima hasta reducirlo a la condición de animal. Al mismo tiempo, la exhibición del cuerpo mutilado del niño-jinete, diluye toda fuerza poética, si es que alguna quedaba en este relato, convirtiéndolo en un mal chiste casi pornográfico.
Gratuita en su desnudez, mínima en su capacidad de análisis e innecesariamente larga en su duración; lo mejor del filme hay que buscarlo en esos detalles apenas entrevistos. Como esas mujeres-fantasmas protegidas por un burka que dejan al descubierto unos pies de uñas pintadas que reposan extrañados sobre tacones propios de un night-club. ¿Quiere sugerir Samira que debajo de la opresión se encuentra la perversión? Sin duda, pero ese es el nivel del filme, subrayar lo subrayado y repetir lo repetido. Con tan escaso vuelo su película desemboca en un ritual de ignominia y dolor hecho de cartón piedra y barnizado con un confuso discurso que nada añade a lo que, antes que ella, cientos de textos fílmicos ya habían dicho.
guerra Claro que si hablamos de verosimilitud, el británico Mark Herman no va mucho más allá. Aunque, en la taquilla, desde luego que le sacará muchos cuerpos al filme iraní porque, entre otras cosas, parte de un texto que figura en las mesillas de cientos de miles de adolescentes, ha procurado una reconstrucción de la época y de la situación solventes y conforma un relato que, aunque resulta previsible, no oculta su vocación de cine educativo.
Cuando Benigni tuvo la feliz idea de dar la vuelta al tradicional relato del holocausto, ya saben, La vida es bella; combinó con acierto el humor con el desgarro. Su personaje se empecinaba en transformar con la fantasía la realidad para que su hijo pequeño no fuera consciente del infierno en el que estaban metidos. Tuvo éxito, ¿recuerdan a Roberto saltando por encima del cogote del mismísimo Spielberg para recoger el Oscar? Algo de aquello late en The boy in the striped pyjamas; la diferencia sustancial estriba en que aquí la fantasía llega desde el interior del niño y, en el filme, resulta increíble.
El filme se propone ser un acto de justicia poética, una revancha contra uno de los muchos monstruos que dirigieron campos de exterminio y si La vida es bella arrancaba sonrisas e incluso risas, aquí Mark Herman engola la voz con la disposición de quien está compitiendo con la Historia. Pero esta novela no fluye por los senderos de lo real sino que desgrana un cuento terrible de vocación reparadora, el relato de un lobo feroz desalmado y horrible que se encontró con la horma de su propio zapato.
Bien ambientado y narrado con pulcritud, el filme se desarrolla por el cauce de lo excesivamente correcto; o sea apenas una traslación respetuosa con una historia que sabe que es al final cuando aguarda lo mejor de sí mismo. En sus últimos minutos es cuando el filme suelta ese golpe decisivo y aleccionador para noquear al público. En consecuencia todo en el filme apunta de manera empecinada hacia ese desenlace. El resto de los personajes y situaciones deviene en simple pretexto para acumular el tiempo necesario para lo que ha de venir.
En esa moraleja final se desequilibra fatalmente la película; en esa explosión final que si en la letra escrita consigue mantenerse en pie, aquí se tambalea y cae por la escasa fuerza de sus protagonistas-niños.
Basta con prestar atención a la partitura final, estridente y sin ninguna sutileza, para percibir las dudas que sobre esa secuencia decisiva debieron de surgir en la mesa de edición. Ahora bien, lo que no da la verdad del plano no hay orquesta que lo preste; todo lo más, disimula y sólo (con)vence a quien se entrega a las buenas causas al margen de la calidad del texto. Como son muchos, seguramente el filme tendrá éxito, pero no hablamos de cantidad aquí sino de cine y de eso, ayer hubo más bien poco.
'Two-Legged Horse'
Dirección. Samira Makhmalbaf. Guión. Mohsen Makhmalbaf. Intérpretes. Ziya Mirza Mohamad, Haron Ahad, Gol Gotai Karimi, Khojeh Nader. Duración. 101 m. País. Irán - Francia. Sinopsis. A cambio de un dólar al día, el chico se encarga de llevar al niño cojo al colegio y de recogerle, como si de un caballo se tratara. Mientras lo lleva a la espalda, suele echar carreras con los burros y caballos que se encuentra por el camino. Baña, lava y prepara al niño para empezar el día. Pero el niño cojo no es feliz, pues el chico no se ha convertido en caballo como él deseaba...
'el niño con el pijama de rayas'
Dirección. Mark Herman. Guión. Mark Herman. Intérpretes. Asa Butterfield, David Thewlis, Vera Farmiga, Jack Scanlon, Rupert Friend. Duración. 95 minutos. País. Gran Bretaña - EEUU. Sinopsis. Berlín, 1942. Bruno tiene nueve años y desconoce el significado de la Solución Final y del Holocausto. Lo que sabe es que su padre ha ascendido en su trabajo y que ha pasado de vivir en una confortable casa de Berlín a una zona aislada. Todo cambia cuando conoce a Shmuel, un chico que vive una extraña existencia paralela al otro lado de la alambrada. Basada en el best-seller de John Boyne.
JUAN g. andrés
EL cine ha contado en múltiples ocasiones y de distintas maneras la sangrienta y vergonzosa historia del Holocausto. Algunas películas, como La vida es bella (1997), de Roberto Benigni, han abordado el tema desde la inocente mirada infantil. El niño con el pijama de rayas también, pero su característica diferenciadora es que el protagonista es un chico alemán, hijo de un oficial nazi, que ignora todo lo relativo al exterminio del pueblo judío.
El cineasta británico Mark Herman ha sido el encargado de llevar a la gran pantalla el best seller homónimo del irlandés John Boyne. Según confesó ayer, nunca quiso hacer "otra película sobre el Holocausto". Le atrajo la "perspectiva singular" de una historia que no transcurre en el campo de concentración, sino fuera de la alambrada, en la casa del pequeño Bruno, que pierde la inocencia tras intimar con Shmuel, un niño judío que vive una extraña existencia tras el alambre de espino. "Como en las películas de terror, el monstruo está oculto y no aparece hasta el final", dijo el director de títulos como Little Voice.
También se refirió a los niños protagonistas que, como sus personajes, rondan los 8 años. Ni Asa Butterfield (Bruno) ni Jack Scanlon (Shmuel) sabían gran cosa del Holocausto, algo que, por otra parte, fue de "utilidad" para realzar la necesaria ingenuidad de sus interpretaciones. Tanto Herman como la actriz Vera Farmiga, que interpreta a la madre del niño, consideraron "vital" mostrar a las nuevas generaciones una "verdad horrible" que no debe repetirse.
Por su parte, David Thewlis, que encarna al oficial nazi, explicó que para dar vida a su personaje primero intentó abordarlo "como ser humano, padre y marido" y después pensó en sus "aspectos monstruosos". En ese sentido le resultó de gran ayuda la biografía del comandante Rudolf Hess, el jefe del campo de Auschwitz. "Conseguí el libro, que tiene unas 300 páginas, y fui subrayándolo. En una página, por ejemplo, describe el amor que siente por su familia, mientras que en la siguiente incluye descripciones espantosas de su trabajo en el campo", relató. |
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