El profesor entra en clase y dice: "Hoy os hablaré de dos libros". Los niños, muy espabilados, responden: "¡Pero si llevas tres!". El docente, con toda seriedad, les responde: "Es que éste no es para vosotros. Cuenta unas historias únicas, que vosotros nunca viviréis...". Después de un breve discurso, el profesor sale de clase. Todos los alumnos se precipitan sobre el libro prohibido.
El escritor Emili Texeidor, premio Nacional de literatura en 1997, y autor de La lectura y la vida, ofrece algunos truquitos para transmitir el amor por la lectura a niños y adolescentes aunque, como le gusta advertir, "cada maestrillo tiene su librillo". Texeidor participa, junto a nueve ponentes más, en las jornadas que ha organizado la AlhóndigaBilbao y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez del 22 al 24 de octubre en Bilbao, y en las que se abordará la importancia del papel de la familia para fomentar el hábito de la lectura entre los niños.
Entre los participantes se encuentran Enrique Gil Calvo (doctor en sociología), Rosemary Clark (directora del Bookstart, el primer programa de lectura para bebés en el mundo) y Dolores González López-Casero (directora del Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Salamanca).
"Todos leemos por atracción a lo prohibido, o por alguna cuestión de esas, ¿no? Por eso es absurdo cuando alguien pregunta al otro qué está leyendo. Imagínate que estoy leyendo cómo asaltar bancos porque estoy preparando un robo al Banco de España", comenta Texeidor con una sonrisa. "En realidad, pedirle a alguien lo que lee es entrar en su condición más íntima, y con los chavales ocurre igual", continúa.
El periodista y sociólogo Fabricio Caivano Quará, coordinador de los Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil (CLIJ), ha titulado su intervención en las jornadas de la Alhóndiga Del fuego al microondas. "Antes se contaban historias en torno al fuego. Era el escenario de la transmisión oral de padres a hijos. Ahora, con el microondas, el plato está caliente y se come en diez minutos. Hemos perdido tiempo, y el tiempo es la sustancia de la literatura, el lugar del relato", afirma. Él, como Texeidor, nació en los años 30, un tiempo en que el cine y la literatura eran "la única manera de evadirse de la realidad". "Yo me introduje en el mundo de la lectura por una cosa tan simple como que hubiera una pequeña biblioteca en la familia", cuenta Caivano. "Casualmente, una extraña bibliotecaria que se llamaba Emilia, y que vivía en mi calle, alquilaba libros. Por 50 céntimos te leías una novela y, si tenías tiempo antes de las siete, ibas, y la cambiabas por otra", relata. "Además, los libros eran tema de conversación entre amigos", apunta.
Texeidor conserva recuerdos muy similares. "En mi infancia los libros eran muy preciados porque no había. Algunos conservaban libros de la guerra, y colecciones prohibidas que nos prestaban fuera de la escuela, naturalmente. Leer en la escuela era perder el tiempo. Si leías, te castigaban", asegura. "Por aquél entonces, te decían: Si leyeras menos esas novelotas, traerías mejores notas de inglés, o de física".
Hoy, desde muchas bibliotecas y centros educativos, se realiza un esfuerzo enorme para el fomento de la lectura entre los niños y adolescentes. Ése ha sido durante mucho tiempo el trabajo de Sara Iglesias Hernández, bibliotecaria encargada de la dinamización de la sala de lectura de la Fundación Ruipérez y responsable de los programas dirigidos a primeros lectores. "Trabajamos en programas de fomento de la lectura para niños en los que los padres ocupan un papel fundamental".
en la biblioteca > actividades "El gusto por la lectura se transmite por contagio"
Iglesias, que relatará en las jornadas de la Alhóndiga su experiencia en actividades de dinamización de la lectura, ha trabajado en la biblioteca con padres interesados en que sus hijos pequeños (hasta los seis años), lean. "Hay programas, como el llamado Ronda de libros, en los que los padres forman parte de la actividad que se desarrolla con ellos", explica. "El padre debe acompañar al niño en el descubrimiento de los libros, aunque a medida que se van haciendo mayores los chavales ganan en autonomía", explica. "El gusto por la lectura se transmite por contagio".
En la biblioteca de la Fundación tratan de crear un espacio de encuentro para que los niños se relacionen entre ellos. "Intentamos crear un ambiente distendido en el que el contacto con los libros sresulte agradable". Las actividades tienen que ver, sobre todo, con la narración oral.
"El objetivo de aprender está ahí, y los libros enseñan, pero yo sobre todo primo lo que tiene que ver con lo lúdico y los afectos", dice Teresa Corchete, compañera de trabajo de Iglesias y responsable de la Sección Infantil en el Centro Internacional del Libro de la Fundación Ruipérez. "Acercar el libro en el entorno familiar tiene que ser un estímulo, un juego, una manera de comunicarse con los niños", continúa.
Texeidor propone convertir el libro en un objeto misterioso y apasionante. "Cuando los amigos están a punto de llegar a comer a casa, cuando está todo el mundo nervioso porque hay invitados, la madre coge un libro tranquilamente y se pone a leer. Los niños le dicen que lo deje, pero ella les responde que no, que el libro está en un punto apasionante, y que no puede parar".
El ex primer ministro de Reino Unido, Tony Blair, implantó en la escuela inglesa lo que se llamaba la hora del silencio, en la que toda la escuela tenía que quedar en silencio y leer un libro, desde la directora, hasta el conserje. "Hubo un profesor de aquí que lo hizo, pero que iba apuntando cuánto leían los chavales. Me parece fatal esa manía evaluatoria. Lo importante es que exista un clima de libertad y confianza", opina Texeidor.
Corchete aboga por establecer rutinas de lectura sin que se conviertan en una imposición. "Ni para los niños, ni para los padres. No tiene sentido leerle un cuento a nuestro hijo por obligación", dice. "No se debe tener una preocupación exagerada, pero tampoco creer que las cosas van solas", reflexiona.
"Generalmente estamos tan cerca de los niños que no los vemos", dice Caivano. "Quizá ahora, en tiempos de crisis, y con menos dinero, se frente este capitalismo agresivo y tengamos más tiempo para contar y leer historias", desea.
Historias para niños que no excluyen, necesariamente, a los adultos. "Lo más importante para los niños es que lean los mayores, y eso es de lo que no se habla nunca", sostiene Texeidor.
Quizá, quién sabe, la próxima vez que alguien acuda a la biblioteca esté cerrada. Y quizá, al acercarse, encuentre un cartel que rece: "Nos han llegado libros tan apasionantes, que no tenemos tiempo de abrir". |