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¿Por qué Japón nos saca tanta ventaja?
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Zigor Aldama
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Shigeru Aida, un compañero japonés, tiene clara la respuesta al título de este artículo: "Porque vivimos en el futuro", suele decir. No le falta razón. La ventaja es, en realidad, de siete horas en verano y ocho en invierno. Pero caminando por las calles de Tokio es imposible dejar de pensar que el Imperio del Sol Naciente va mucho más adelantado en infinidad de asuntos.
El más obvio es el tecnológico. Una visita a Japón sirve de introducción al mañana. Empezando, por ejemplo, por las telecomunicaciones. Mi teléfono, como el de cualquier occidental, no funciona en este país. Es casi una reliquia. Los japoneses disfrutan de todo tipo de servicios en su aparato: email del propio teléfono, conexión a internet, videoconferencia, gps, pago centralizado, televisión, y un largo etcétera que ahora comienza su tímido camino en Europa a precios astronómicos. En Japón, sin embargo, las compañías telefónicas no parecen dedicarse a estafar a sus clientes, y los precios son muy razonables. Quizá por eso, el iPhone no tiene gran acogida. "Nuestros teléfonos son mucho mejores, y ofrecen todas las prestaciones de Apple desde hace tiempo", me comenta Aida.
Lo mismo pasa con la banda ancha y el wi-fi. Tokio, por ejemplo, es una maraña de redes de alta velocidad. Siempre hay alguna disponible, gratis. Y hace tiempo que dejaron atrás lo de los 20 megas, que en nuestro país parece una utopía, para introducirse en los 160 megas. Pero de verdad, no sólo en la publicidad.
Hay otras cosas que sorprenden, no por novedad sino por su aplicación desde hace años. Una de ellas es la tarjeta de transporte electromagnética que permite el acceso rápido y ecológico a todo tipo de transporte urbano que, además, es infinitamente mejor que el del País Vasco. Sólo hace falta tocar con la tarjeta en la puerta para poder pasar. No hay necesidad de billetes de papel, y se puede recargar fácilmente en cualquier parte. En Bilbao hace tiempo que llevan pensando en la posibilidad de introducirlo pero, como todo en nuestro país, parece llevar una eternidad desde que se plantea hasta que se lleva a cabo.
Si sólo fuera eso… Pero es que, aunque la sociedad nipona pueda dar miedo en muchos aspectos, no nos vendría mal aprender de algunos otros. Por ejemplo, en Tokio, la ciudad más poblada del mundo, con más de 26 millones de habitantes, no hay atascos. La gente va a trabajar en metro, tren, autobús, bicicleta, o andando. Eso sí, lo hacen porque en toda la capital hay carril bici, e incluso los pasos de cebra cuentan con un espacio para este medio de transporte.
Y el silencio. Nada de gritos por el móvil, porque su uso está prohibido en el transporte urbano. Se puede descansar en el tren sin tener que escuchar la conversación del compañero de compartimiento. Ni malos humos. Porque mientras media España se queja de la ley antitabaco, en Japón, como en algunos estados de Estados Unidos, no se puede fumar en la calle, salvo en divertidos puestos especiales en torno a los que se concentran los nicotinómanos. A nadie parece importarle, y se agradece poder caminar libre de señales de humo.
La seguridad es también un plus. A pesar de la variedad de vestimentas y estilos, desde hard rock hasta cosplay pasando por el traje y corbata de toda la vida, no hay nada que temer. Uno puede olvidarse la cartera en la mesa de un bar y, muy posiblemente, la encontrará, intacta, en el mostrador del establecimiento. A veces, sin embargo, el asunto puede llegar a la paranoia, como cuando un amigo vasco residente en Tokio fue perseguido por el dependiente de una tienda para devolverle cinco yenes que no había cogido, unos 3 céntimos de euro. Así, no es de extrañar que los japoneses, confiados ellos, sean el objetivo principal de los amigos de lo ajeno en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Tanto que algunas compañías distribuyen hojas de advertencia entre los visitantes nipones que se dirigen a la capital española.
Una visita a Japón sirve de introducción al mañana. Empezando, por ejemplo, por las telecomunicaciones
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Las compañías telefónicas no parecen dedicarse a estafar a sus clientes, y los precios son muy razonables |
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