La decisión de Bilbao Dendak y BBK de impulsar una estrategia de colaboración para potenciar el sector comercial se plasmó en un acto celebrado en el antiguo cine Gran Vía, hoy reconvetido en espacio multiusos. EN la dura tierra del comercio, donde tanto cuesta que germine una buena idea entre la maleza, ya no impera de la ley de la jungla de antaño. Más allá de los salvajes dictados del libre mercado -vistas las consecuencias mejor hubiese sido encadenarlo con grilletes para evitar que se desbocase...-; más allá, incluso, de la competencia, los comerciantes de Bilbao decidieron, hace un puñado de años, que el vecino era tripulante de la misma nave y no un pirata al abordaje. De aquella unión salió Bilbao Dendak, una asociación que recuerda a la cebolla, donde una capa protege a la anterior, como una guardia pretoriana del corazón del fruto. Fue, ya digo, la forma de echar bíceps, de fortalecerse.
No sé si estos son días buenos para decirlo así (ya saben, llueven palos de ciego cuando el dinero derrapa en las curvas...), pero los bancos y cajas de ahorros siempre han tenido ojos de lince para ver, de un golpe, la liebre de la oportunidad. Así las cosas, hace ya tres años que BBK firmó un acuerdo de colaboración con Bilbao Dendak para impulsar una estrategia conjunta. Ayer se firmó la carta de continuidad entre las dos instituciones, con Juan Mari Sáenz de Buruaga y Arantza Matías como amanuenses que rubricaron un acuerdo tendido para sujetar el sector comercial unos metros por encima de ese suelo que hoy tanto quema. Eran, vamos a decirlo ya, dos tratantes con talante...
El acto, celebrado en el antiguo teatro Gran Vía, hoy reconvetido en sala multiusos, contó con los consabidos discursos y las ilustraciones musicales de Botxo Boogies(Iñaki Zallo, Carlos Velasco, Edu Basterra e Iñaki Jaio a los aparatos... ¡de tocar, se entiende!). Al mismo acudieron, entre otros, Ana Churruca, maestra de ceremonias, Inés Monguilot, Jon Andoni Zarate, Manu Sobrinos, representantes de diversa asociaciones de comerciantes como Jon Aldaiturriaga, Abel Txarkan, Begoña de la Cruz, Julia Diéguez, Elena del Campo, Ana Berta Campos o Manuel Herrero entre otros, Toño Foraster, José Carlos Ramos, el director comercial de DEIA, Kike Hermosilla, el director de Lan Ekintza, Juanan Arrieta, Hilario Pascual y un buen número de invitados, muchos de los cuales llegaron contrarreloj, con la caja registradora aún humeante y la persiana recién echada.
Cuentan los promotores de esta historia -más allá, incluso, de las ventajas firmadas: una tarifa plana para el cobro mediante tarjetas de crédito o una cuenta corriente a crédito para hacer frente al stock, palabra de preocupantes resonancias...- que el verdadero objetivo es convertir la ciudad en un parque multiaventuras, un lugar donde dejarse llevar por la imaginación. Fueron testigos de esta declaración de intenciones el pintor Antón Hurtado, Belén Sánchez, Jorge Aio, el padelista de bigotes husares, Julio Alegría, Jontxu Gangoiti, Ramón Sirés, Javier López, maestro en el buen vestir a la moderna, Jordi García, Isabel Sánchez Robles, el director de Promobisa, Marcos Muro, Rubén de la Cruz, Carlos Román, Óscar del Hoyo, Ricardo Barkala, Blanca Uriarte, Luis Alfonso García, Emilia Pérez Murillo, Eduardo Chapa, Marino Montero, Koldo Ortiz de Vallejuelo, Miguel Ángel Muguruza, Josean Iglesias, Yurdana Burgoa, atenta a que todo fluyese con soltura durante la noche, Javier Ormaetxea, Nuria Carrión, Idoia Olabarria, José Mendiguren, Nekane Ramírez, Olga Idoyaga, Luz Artetxe y un buen número de invitados que disfrutaron de una velada entreverada de buenas intenciones y mechada con algún que otro acuerdo comercial bajo cuerda. No por nada, un espíritu mercader, en el más noble sentido de la palabra, abomba, con su soplo, la voluntad de cuantos hacen del comercio un arte.