Es difícil verla sin ropa deportiva. Su entrenamiento diario tiene más horas que las que nos podamos imaginar: ejercicio físico, control de comidas y descanso… Casi una vida dedicada al triatlón. Le gusta la ropa y es coqueta a su manera. Sobre todo después de regresar del rodaje El conquistador del fin del mundo, cuyos capítulos se están emitiendo ahora. Ha sido capitana de uno de los dos equipos y cuando regresó a Bilbao tenía verdaderas ganas de vestirse de mujer. Virginia aparenta menos años de los que tiene, va ligeramente maquillada y viste en tonos negros y grises. Observando lo menuda y frágil que parece mientras paseamos por el barrio bilbaíno de Miribilla, cuesta creer que sea capaz de enfrentarse a un deporte tan duro y sacrificado. Ella nos cuenta sus sueños. ¿Le gusta la aventura?
Sobre todo las cosas nuevas, los retos difíciles. Quizá por esome gusta tanto el triatlón; tiene diferentes distancias en las distintas pruebas que hay. Me gusta lo nuevo porque me puede enriquecer y lo difícil porque hace que me supere.
Usted llega al deporte…
Está claro que por la familia, por mi padre. Él fue quien me enseñó lo que era la natación, el atletismo, fue el primero en hacer triatlón en el Estado. Pero está claro que a la que le ha gustado y la que ha seguido he sido yo.
¿Se puede vivir del deporte?
Claro, ahí están los futbolistas y los tenistas… Parece que se puede vivir. Dejando la ironía, hablemos de su caso.
Vivo, y vivo el día a día, no me puedo quejar. Tengo mi casa y vivo. Más que pensar en el dinero, pienso en el deporte que hago; hago el que me gusta y eso no todo el mundo lo puede hacer. Vivir de lo que te gusta es difícil y yo lo hago.
¿Faltan ayudas?
A veces te paras y piensas: con el currículo deportivo que tengo, si fuera otro deporte yme retirase podría vivir de las rentas. Sé que cuando termine mi carrera deportiva tendré que seguir trabajando. Ahora gano para vivir, para sobrevivir, más o menos. Vivo sin grandes lujos, pero me siento afortunada.
¿Y el futuro?
Antes lo tenía muy claro y siempre respondía. Está claro que tengo cosas en mi mente, pero no me gusta decirlas.
¿Le han compensado los esfuerzos?
Creo que sí. Lo que sale en los medios es ese segundo de felicidad que tienes cuando llegas a meta y consigues un buen lugar. Ese instante de gloria nos compensa de todos los días, de todos los meses o de todos los años que llevamos entrenándonos para conseguir el momento. Unos segundos, sólo unos segundos, hacen que se olvide todo lo malo. Siempre se ve lo bonito.
Decide siendo una niña que quiere dedicarse a esto, ¿no temía equivocarse?
No. Tengo treinta y dos años y llevo en el triatlón desde los quince. Fue cuando decidí que quería dedicarme a esto. A los 18 me lo tomé muy en serio.
¿Ha perdido muchas cosas en el camino?
Mucho contacto con las amigas de Plentzia de toda la vida. Quieras que no, el verano es época de competir. Y estoy, pero no estoy. No puedo quedar con ellas, no puedo llevar el mismo ritmo de vida. Cenar a las diez y media y luego dar una vuelta, imposible; para esas horas estoy más que cenada y estoy que se me cae el ojo. Vas diciendo que no y ellas ya ni te llaman, porque sabes que vas a decir que no.
Duro, ¿no?
Es que es como todo, todo en la vida requiere un tiempo. El deporte requiere tiempo, el trabajo también y las amistades también. Reconozco que no he dado todo el tiempo que necesitaba para mantener algunas amistades. He perdido amistades de la infancia, pero también en mi camino hay cosas nuevas. Amigos más acordes con el ritmo de vida que llevo yo.
¿Qué le gusta?
Me gusta mucho el cine, no me importa ir sola. Incluso he salido de ver una película yme he metido a ver otra. También me gusta la música. En casa tengo un armario con música ordenada alfabéticamente, tengo más de trescientos álbumes y son todos legales, que yo eso de música pirateada, ni hablar. También me gusta la batería, aunque la tengo un poco abandonada.
¿Qué tal con las cámaras de televisión en El conquistador del fin del mundo?
Procuraba olvidarme de ellas. En las pruebas físicas ni me acordaba. ¿Cuál era su mayor miedo? La convivencia. Más que el hambre o la dureza de las pruebas, lo que más me preocupaba era cómo nos íbamos a llevar.
Era la capitana, ¿qué tal se le daba lo de mandar?
Mal. Yo ya dije que ni era Korta ni Juanito Oiarzabal.Me daba mucho respeto. Al equipo le dije que iba intentar el consenso y llevarme bien con todos.
Hemos hablado de aventura, de deporte… Frivolicemos un poco. ¿Le gusta ir de compras?
Hace dos años que no iba de compras. No soy la típica que dice: “Hoy voy de compras o quiero ir de tiendas”. No, eso no. A lo mejor voy al Deportivo a entrenar y cuando paso por la Gran Vía y por otras calles encuentro algo que me gusta. Y depende del momento económico, me lo compro o no. Cuando iba de compras con mi madre no encontraba nada. Pero reconozco que me gusta.
¿Compra a primera vista?
No, me lo pienso bastante, a no ser que sea una cosa clara. Pero soy una personana que me lo pienso bastante todo. Doy muchas vueltas a todo. ¿Sabes una cosa?
Cuente.
Cuando he vuelto del programa me dio la neura de vestirme de chica, de mujer; mira tú que yo soy de chándal. Te lo juro, me quería ver de chica, no soy de pintarme ni nada y me ha dado como una personecesidad imperiosa de sentirme femenina. Pero no creas, cuando tengo que echar el escupitajo o el grito lo echo yme convierto en lo más basta. Pero en este momento estoy en plan femenino.
¿Se adapta bien a las circunstancias?
Ya te digo que sí. Las semanas que he estado en la Patagonia hemos estado sin jabón y sin pasta dental, y yo encantada de la vida. ¿Qué te parece?
Bueno. Supongo que pediría un baño después de acabar el programa.
Un baño, unos buenos masajes, una cura de hidratación y un bocadillo, unos pintxos por el Casco Viejo, unos vinitos…