Francisco Ibáñez es el padre de estos dos cincuentones personajes que han cautivado a medio mundo. Va a cumplir en marzo setenta y dos años, y sigue atado al tablero de dibujo dando vida a Mortadelo y Filemón. A lo largo de la conversación nos cuenta cómo un día dijo en su casa que dejaba el banco, que el deber y el haber no iban con él, y que se iba a dedicar al dibujo de historietas. Le miraron raro, pero no cejó en su empeño. No hay generación que no conozca a Mortadelo y Filemón. ¿Cómo se siente usted?
Soy el dinosaurio del dibujo, un diplodocus total. Pero estoy encantado. Tengo lectores de todas las edades; de la mía, incluso mayores, maduros, jóvenes y hasta niños.
¿Se acuerda de sus primeros dibujos?
Era muy chiquito cuando empecé a dibujar, cuando tuve fuerza para agarrar el lápiz ya me gustaba emborronar papeles. Un poco másmayorcillo me di cuenta que no había nacido para hacer fortuna en el fútbol y me dediqué con más ahínco al dibujo. Amíme gustaba agarrar un lápiz y hacer monigotes.
Usted empieza a dibujar en un país que vive una dura postguerra. ¿Era difícil?
Faltaban muchas cosas, porque faltaba materia prima. Pero fue en aquella época, en los años de la dictadura del individuo aquel, cuando el tebeo y la historieta llegó a su esplendor. Fue el no va más de las tiradas. Claro que los niños de entonces eran los primeros en los escalafones de lectura.
¿Ahora?
Con las pantallitas y todas esas cosas han ido apartando el cómic de su vida.
¿Es capaz de elegir entre Mortadelo y Filemón?
No me gustan los personajes por separado. Quizá por eso siempre he creado parejas. Nome gusta el héroe que va andando solo, salvando situaciones.
¿Rompetechos?
Es cierto, va solo, pegándose contra las paredes, es el tonto. Pero él siempre habla con quien sea, siempre conversa con alguien y discute con el mundo. En todas mis historietas están el personaje y su interlocutor. Es la cosa más real.
Mortadelo y Filemón. ¿El tonto y el listo?
Sí, siempre me han seducido esos personajes del cine mudo. Quizá es toda aquella parte del celuloide rancio pasado al papel. Soy admirador de clásicos del cine cómico como Abbot y Costello, Chaplin y Harold Lloyd.
Pero, ¿quién sería el tonto y quién listo?
Sería un poco difícil de averiguar. Los dos son muy difíciles de clasificar.
Ha disfrazado, por decirlo de alguna forma, a Mortadelo de las cosasmás insospechadas.
Era una forma de hacer más entretenidos y creativos los tebeos. En aquella época había muchas historias de guardias y ladrones y yo quería algo que le diera un toque de originalidad. Mortadelo no se disfraza, se transforma. Me daba mucho juego; era un patinete, un transatlántico, el viento del norte o la ventosidad del sur… La cosa más burra del mundo se convertía en una originalidad en mis historias.
Dejó un trabajo seguro en un banco por algo mucho más inestable.
Cuando dije en casa que iba a dejar el banco y dedicarmea dibujarmemiraron raro, era como si les dijera que me iba a meter a corista. Me dijeron todo eso del empleo estable, del empleo seguro. Yo estuve en un banco, porque lo de trabajar, trabajar… Debajo de esas montañas de hojas de papel estaba mi libretita con mis dibujos, allí practicaba yo. Cuando me enganchaban dibujando,me decían: “Pero Ibáñez, ¿otra vez?”.
¿Cómo llegó usted al banco?
Hija, era una época difícil y me lo tomé como una transición. Había que llevar un sueldecillo a casa, no eran tiempos fáciles. Cuando empecé a colocar las historietas dije que a la porra el banco.
No le ha ido tan mal, ¿no?
Depende desde dónde te sitúes. Yo empecé en una editorial modestita de tercera o cuarta fila. El trabajo de verdad, la labor tremenda no era realizar la viñeta, era intentar cobrar. Esto sí que era un trabajo espantoso, terrible.
¿Se acuerda de sus primeros personajes?
Recuerdo que en lo que se llamaba prensa delMovimiento había una página para los niños los fines de semana, yo publicaba allí una tira que no tenía un personaje fijo y que salió bajo el nombre de Hacer el indio. Pero lo que te decía antes, lo difícil no era la tira, no era el trabajo, era tratar de cobrarlo. Era una tarea ímproba.
¿Cómo le trataba la censura?
En aquellos momentos ya se trabajaba con un ojo puesto en el papel que tenías delante y con otro en la censura. Con nosotros era rigidísima, era tremenda. A lo mínimo ya te tachaban con aquel odiado lápiz rojo.
¿Tiene anécdotas de la censura?
Al principio la historieta era un chiste inflado que se desarrollaba al final. Los de la censura querían que nadie pensara, que la gente pasara el rato. Por eso no aparecían mujeres en las historietas; cuando los censores veían a una le empezaban a recortar las curvas hasta dejarla como un espárrago cabezón.Undía dibujé un perro comiéndose un hueso yme lo censuraron porque afirmaban que aquello no era un hueso, sino un miembro viril y que había que quitarlo.
Salvando mucho las distancias, dígame, ¿qué opina de esa portada de El Jueves que fue censurada?
Creo al final todo esto quedará en nada. Si pueden recurrir, recurrirán, ante el Tribunal de La Haya o ante el de las Aguas de Valencia, que lo mismo da, todo esto es ridículo.
¿Le reconoce la gente?
Sí, y eso que ya no hay en los kioscos cientos de publicaciones semanales. La revista como tal ha desaparecido. Los lectores infantiles han sido suplidos por otros más adultos a los que les sigue gustando leer historietas.Me encuentro con todo tipo de edades; el niño, el jovencito, el adulto, el anciano.
Tebeo o cómic, ¿cuál es el término?
Para mí, tebeo o historieta. Cómic se presta a confusión. Para Ibáñez será siempre historieta y será siempre tebeo.
Parece que se está imponiendo el dibujo manga. ¿Cómo lo ve usted?
Yo no lo veo así.Aquí tenemos dibujantes que son verdaderos artistazos, no puede compararse la calidad de lo que ellos hacen con el dibujo manga. Hacen incluso viñetas al óleo, unos trabajos que pueden colgarse en cualquier museo. Para mí lo del manga es una moda, eso que es temporal y luego desaparece.
Imagínese, comienza de nuevo. Es 2008. ¿Volvería a hacer Mortadelo y Filemón?
Por supuesto.Mortadelo y Filemón de ahora no se parecen en nada a aquellos personajes del 58. Ha cambiado todo, desde la forma de hacer el personaje hasta la forma de hablar, los temas a tratar…
¿Se jubilarán?
La jubilación de estos dos depende del autor. Eso será cuando no pueda aguantar el lápiz o cuando empiecen a llegar las cartas de los lectores diciendo que es un plomo. Entonces quizá sea la hora de cambiar a los personajes; renovarlos o suprimirlos, no sé.
¿Su personaje favorito?
Sin ninguna duda Rompetechos. Es un hombrecillo bajito y simpático que se ha hecho famoso por ser más cegato que un topo. Ni siquiera con sus gafas de culo de botella es capaz de ver tres en un burro. Por esoRompetechos lo confunde siempre todo. Él solito se mete en unos líos monumentales y provoca las situaciones más cómicas y divertidas que te puedas imaginar. Sin gafas es como yo.
¿Le ha gustado la película?
Fue un exitazo tremendo. Gustaba a la familia completa. Rompió los esquemas y se llevó el presupuesto más alto del cine español. En cuanto me lo propusieron estuve de acuerdo.