Es un escenario mágico que nos recuerda escenas oscuras y brumosas del cine. El Señor de los Anillos, tal vez. Las formaciones nos apuntan de forma constante. Dentro de El Soplao podemos contemplar lo bien que diseña la naturaleza y lo bien que se conserva cuando se oculta durante millones de años a los ojos del hombre. El viaje merece la pena. Al año, cerca de trescientas mil personas se adentran en esta cueva para disfrutar de su grandiosidad. Fermín Unzué, su director, señala que no hay más porque son muy estrictos controlando las visitas para que no se deteriore el interior. Un día de agosto pueden darse cita en ella unas dos mil personas.
Fueron unos mineros que trabajaban en La Isidra los que un día, al realizar una labor de expansión, se encontraron con una galería de cuevas que en principio utilizaron para labores propias de su trabajo. Fue en 1908, han pasado cien años, y su interior, manipulado en parte pero muy respetado por la acción de estos hombres, mantiene una belleza espectacular.
Las instalaciones de El Soplao sorprenden a la llegada del visitante; sin ser ostentosas, son más espectaculares de lo que nos imaginamos. Según llegamos y aparcamos el coche, nos encontramos de frente con un tren que nos espera para hacer el recorrido. Durante 400 metros iremos plácidamente sentados. El recorrido termina y empieza la incursión en un paraíso que empezó a formarse hace 240 millones de años. La visita no sólo tiene el interés geológico de la cueva, sino también la recreación de arqueología minera.
Dejamos el tren y recorremos 60 metros andando por unas antiguas galerías mineras, accediendo por éstas a la cavidad, concretamente a la Galería Gorda. El recorrido completo por la cueva está perfectamente acondicionado para todo tipo de visitantes.
Serán unos 1.500 metros de longitud y el tiempo estimado en recorrerlo será de una hora aproximadamente. Es impresionante ver cómo las formaciones se acercan y se alejan de nosotros a lo largo del trayecto. El visitante se queda con la boca abierta ante lo que ha diseñado la propia naturaleza. En determinadas paredes se van viendo los desconchados. Antes de que el Gobierno de Cantabria se hiciera cargo de estas cuevas algunos intrusos se dedicaron a recolectar trozos de formaciones para venderlas en el mercado negro, donde han alcanzado precios considerables.
Los daños son más perceptibles para los expertos que para los ojos de los que nos adentramos en las sucesivas salas de la cueva. Grupos de personas se van sumando a la visita. Faltan dos días para la llegada de los Reyes Magos y en La Gorda nos sorprende un Belén. Días antes se ha celebrado un concierto de villancicos. Las instalaciones interiores permiten este tipo de actos, pero siempre de forma muy controlada y con un aforo limitado.
AVENTURA
Hemos caminado por pasarelas muy transitables, cómodas y con luz. Pero ahora vamos a adentrarnos en el paseo aventura. Nada que ver. Para empezar hay que cubrirse la ropa con un buzo desechable de color blanco. Un casco con luz protege la cabeza de los posibles golpes que podamos sufrir cuando tengamos que pasar por zonas de escasa altura. También será necesario llevar unas botas de goma. Todo el equipamiento lo proporcionan allí. La aventura comienza ya.
Por razones de seguridad, no se admitirá la entrada de menores de 12 años. Las visitas duran sobre dos horas y media. Los grupos estarán formados por un máximo de 20 personas, que accede rán al interior con dos guías. En este nuevo tramo abierto al público con el nombre de Turismo-aventura los visitantes podrán recorrer hasta tres kilómetros dentro de la cueva, cuya longitud total es de 14 kilómetros. El trayecto comienza en el túnel La Isidra, desde donde se accede a la parte superior del Falso Suelo. Desde ahí el grupo se dirige hacia la entrada de la galería Los Italianos, para visitar posteriormente Campamento, la sala de El Órgano, y la galería El Bosque, todas ellas vírgenes y donde el visitante podrá disfrutar de sus maravillosas formaciones.
Para hacer este recorrido necesitaremos tener los ojos bien abiertos para empaparnos de toda la belleza del paisaje subterráneo y para no tropezar en ningún momento. Hay tramos en los que es necesario deslizarse para acceder de un nivel a otro, trepar por escaleras metálicas casi en posición vertical, agarrarse a cuerdas para pasar por tramos estrechos… Una pequeña aventura para los que estamos acostumbrados a la comodidad urbana. Pero como dato para que nos animemos más, hay que decir que un religioso vizcaíno, el padre Eliseo, ha hecho recientemente todo este recorrido; su edad es de 92 años. Difícil sí, pero imposible no. La aventura ha merecido la pena.
EL LUGAR
La cueva se encuentra entre los Ayuntamientos de Valdáliga y Rionansa, al Oeste de Cantabria, en la zona conocida como altos de La Florida y a unos 540 metros de altitud. Se sabe de su existencia, en parte, desde principios del siglo XX, cuando empezó de manera subterránea la explotación de las minas conocidas como Grupo La Florida. Pero no se valoró su singularidad hasta quedar abandonada ya la explotación minera en la zona. Los expertos empezaron a reconocerla valorando su contenido cristalográfico como uno de los más espectaculares conocidos hasta el momento, en lo referente a la formación de helíctitas (concreciones excéntricas) tanto de calcita como de aragonito.
El Soplao es un término minero vinculado al calado de túneles y galerías. Da nombre a la cueva porque fue descubierta cuando se realizaban labores de expansión en la mina. Los mineros fueron los primeros, y durante mucho tiempo los únicos, en disfrutar de la belleza interior de este paraje subterráneo.