Domina toda la tierra encartada, el confín de Bizkaia que mira a los paisajes cántabros desde una silueta inconfundible a la vista del horizonte. Es una ermita dedicada a dos santos vecinos, a Fabián y San Sebastián, y algunos hablan de la dedicación a un tercero que es San Roque, protector de la peste. El templo de origen medieval se instaló en la cima del monte Kolitza, que ya era entonces uno de las cinco atalayas bocineras de Bizkaia utilizadas para, desde su altura, lanzar una señal acústica que convocaba a las reuniones de las Juntas Generales de Bizkaia. Sucedía entonces antes del amanecer; una gigantesca hoguera propagaba su destello desde la puntiaguda y visible cumbre a todos los valles de los alrededores. Y al poco de asomar la primera luz del amanecer el aullido de un cuerno extendía la llamada por todo el contorno. Así eran convocados los apoderados –los junteros– que dejaban sus caseríos y aldeas para acudir a la Casa de Juntas a tomar decisiones para la comunidad.
Los cinco montes bocineros de Bizkaia: Sollube, Oiz, Ganekogorta, Gorbea y Kolitza, gozan todos de una espléndida vista panorámica al estar situados en posiciones estratégicas y por ello el viaje hasta sus cimas está siempre recompensado por las vistas generosas y los horizontes ricos en paisajes.
Kolitza es la cumbre bocinera situada más al sur del territorio, asomada a tierras castellanas en el límite con Burgos y atalaya visual de las Encartaciones, que tenían su casa juntera en Avellaneda. La montaña se sitúa en la cadena de la Sierra de Ordunte, que separa los valles de Mena y Karrantza, elevada en su cima hasta los 874 metros de altitud.
PANDOZALES
Para ir al Kolitza hay casi trepar hasta el barrio de Pandozales, separado de Balmaseda por una larga cuesta de tres kilómetros entre bellos bosques y campiña. Al pie del último caserío se inicia el camino que pronto está capitaneado por la silueta piramidal del Kolitza. La pista se convierte pronto en sendero que avanza primero entre pinares y luego entre brezos. El camino sale a la pista forestal que llega desde la Garbea –un excelente recorrido de bicicleta de montaña para los que lleven buenas piernas a los pedales– y rápidamente deja al caminante al pie del fuerte repecho bajo la cima. Es muy empinado aunque corto y puede suavizarse prolongando el recorrido de la pista que llega hasta el refugio y la nevera deKolitza para remontar desde allí la loma y cresta hasta el mirador de la ermita.
En la cima apenas más espacio que el que ocupa la ermita. En derredor la vista, condicionada por la limpieza del ambiente se prolonga muy lejos, hasta la costa vizcaína, hasta las montañas de Burgos y Cantabria, todo el Cadagua y el interior de Bizkaia hacia Araba.
Según la inscripción que figura en el arco del templo este se construyó en 1111 y la adscripción de San Roque, abogado contra la peste, quedó introducida con motivo de la epidemia que asoló Balmaseda en el siglo XVI. Todavía en la actualidad se mantiene una vieja tradición instaurada hace más de cuatrocientos años; en el segundo día de Pentecostés toda Balmaseda y muchos vecinos del contorno suben a Kolitza. Allí se rezan en esa jornada tres misas, la primera ofrecida por el ayuntamiento de Artzentales, la segunda por el de Turtzios y la tercera por el de Balmaseda.
En Kolitzamemoria y paisajes son aliados lo mismo del viajero que del peregrino. Desde siempre.