Es soñadora, fantasiosa e imaginativa. Pero hace tiempo que puso los pies en la tierra y sabe que vivir de la interpretación no es una tarea fácil. Fue Sonia en Un paso adelante y ahora es Kitty, el personaje que representa al diario en el musical de Ana Frank. Ha vivido a los pies de Igeldo y echa de menos Donostia, pero piensa que de momento su sitio para trabajar está en Madrid. Es la ciudad a la que se fue con diecinueve años… Suspira cuando hablamos de los pinchos de su tierra y se relame al pensar en los de morcilla con hojaldre y, como se le hace la boca agua, añade que ella piensa terminar viviendo en Donostia, al lado del mar y de su Peine de los Vientos.
Le perdimos la pista después de UPA.
Es que yo me perdí por otros países y ciudades, me fui a Nueva York, a París, a Los Ángeles… Quería ver con mis propios ojos si eso de la meca del cine era verdad o leyenda urbana. Lo que hice fue aprovechar lo que había ganado en la serie para irme por el mundo.
Una vida de trotamundos…
Eso también, es bueno perderse fuera y ver cosas diferentes. También aproveché para hacer cursos de interpretación. Es todo tan fascinante. Soy una trotamundos.
¿Qué es lo que resulta fascinante?
La interpretación. Yo siempre imaginaba de pequeña que me pasaban cosas, me veía vestida de una forma o de otra, en distintas situaciones… Siempre estaba pensando en historias que no tenían nada que ver con lo que me rodeaba…
¿Fantasiosa?
Bastante, era muy imaginativa. Me gustaba verme en historias increíbles.
Y decidió ser actriz…
En casa lo decía desde pequeña, pero hasta que no crecí un poco no me hacían mucho caso.
¿Había alguien tan imaginativo en la familia o con antecedentes artísticos?
No, de forma directa no. Cuando les dije a mis padres a qué quería dedicarme me dijeron que lo mejor es que me fuera a Madrid. Imagínate, ellos que no tenían nada que ver con esto aconsejándome lo que tenía que hacer… Mi padre me dijo que tenía un amigo y allí me fui yo a probar suerte con lo de ser actriz.
Pero tuvo que dejar la gimnasia rítmica que practicaba desde los siete años.
Claro, llega un momento en el que tienes que decidir qué vas a hacer. Estaban también los estudios en el colegio y tenía que decidirme. Lo de ser actriz pesaba mucho.
Además, se le daba bien la gimnasia.
Fui campeona de Euskadi y de España en equipo. Cuando lo dejé, veía a mis compañeras, me daba mucha envidia, pero no pude hacer otra cosa. Había pasado mucho tiempo entrenando, di muchas horas de mi vida este deporte.
¿Ha sido duro vivir en Madrid sola desde tan joven?
Sí y no. Siempre echas de menos a los de tu familia, a tus amigas de toda la vida… Echaba de menos Donostia, pero sabía que si quería ser actriz tenía que estar allí.
¿Miedos?
Muchos, pero cuando decido algo y lo veo claro no me queda ninguna duda de lo que voy a hacer.
Casting, ¿muchos?
Bufff, si me hubieran pagado por ellos en estos momentos sería multimillonaria.
¿Es una mujer con suerte?
Pienso que sí, hago lo que me gusta, escribo, algo que también me apasiona, sueño, sigo soñando y creándome mis mundos…
¿Qué escribe?
Poesía. Lo hago desde pequeña. Y hay algo que tengo previsto: cuando todo esto termine, cuando acabe lo del musical, voy a publicar un libro con todos los poemas que he escrito.
¿Cómo le dio por la poesía?
Escribo desde que estaba en el colegio. Cuando me aburría en clase, eso pasaba a menudo, me ponía a escribir, a pensar, a soñar… Soy una soñadora.
Le gustan muchas cosas, ¿no se dispersa un poco?
No. En absoluto. Me gusta lo que hago, me encanta poder tener refugios en todas partes.
Ser un diario parece un papel difícil, ¿no?
No, cuando hice el casting y me dieron el papel de diario estuve encantada con él. No podía ser menos. Para una chica a la que le gusta escribir, ser el diario íntimo de Ana Frank era un caramelo.
¿Cómo llegó a Ana Frank?
La primera vez que oí hablar de esto fue a mi madre. Después lo leí y me quedé enganchada. Es un papel estupendo el que estoy haciendo.
¿Qué espera?
Espero dedicarme a todas las cosas que me gustan, que son muchas.Aveces parece duro y no te salen cosas y piensas en Donostia, en el mar y te dan ganas de ir hasta allí y…
¿Y?
Salir corriendo hasta el Peine de losVientos y dejar que me dé toda la brisa del mar en la cara. Es impresionante la sensación. Me gusta ponerme delante del Peine de los Vientos y verlo. Es una maravilla.
¿Qué hace cuando está en Madrid?
Me pongo delante de mi novio, de mi chico, le miro a los ojos y me tranquilizo.
¿La versión humana y de tierra adentro del Peine de los Vientos?
Ja, ja, ja… No me lo he planteado así, le diré que es como el Peine de los Vientos en versión humana a ver qué dice.
¿Un sueño?
Volver un día a Donostia, poder vivir allí, tener una casa para mí cerca del mar. Espero que no sea sólo una fantasía.