A los cuatro años empezó a estudiar música en el colegio, una disciplina que compaginaba con la pintura y la danza. Sin embargo, poco a poco la música fue adquiriendo más importancia en su vida, hasta que a los 14 años decidió cuál sería su futuro: ser directora de orquesta. La música es su pasión y se nota, tanto cuando habla de ella, como cuando sube al escenario y coge su batuta. Se puede decir que ha triunfado en un mundo de hombres.
Yo siempre digo que para mí la música es el lenguaje universal por excelencia, no conoce género ni política, está por encima de cualquier concepto de este tipo.El talento no es algo que compete al genio, sino que el talento, bueno o malo, es algo que se proyecta desde el interior de la persona. El hecho de ser mujer es totalmente circunstancial. Somos músicos, transmisores de sentimientos, y esto es lo que prima.
Cuando coje una batuta y se coloca en el escenario, ¿qué siente?
Es magia, pura pasión. La música te embruja, te enamora. Es lo más maravillo-so que me ha pasado en la vida.
La siente con mucha pasión.
Siento la música con verdadera pasión y para mí no es una profesión, es una forma de vivir, una forma de soñar. Poder transmitir lo que siento por la música, a través de la misma, al público, es una de las cosas más maravillosas.
¿Se considera afortunada?
Muy privilegiada, sí, aun cuando en la vida no hay felicidad completa en nada, yo creo que la música te da esas porciones que se aproximan al concepto de felicidad. Poder llegar al público y emocionarle es una sensación que no se puede describir, porque al final la música es generosidad, emoción... Es el lenguaje del corazón, de los sentimientos; es un lenguaje universal.
¿Cuándo cogió su primera batuta?
Con 14 años tuve la sensación de tener el instrumento que iba a definir mi vida profesional y personal, porque la música te marca en todos los sentidos.
¿Recuerda cómo fue su primer concierto?
Mágico. Pero es cierto que antes que el artista está la persona, y poco a poco la experiencia va dominando la parte artística. Como dicen, la experiencia es un camino andado. Tienes una seguridad como persona que se traduce en una seguridad artística. Pero la primera vez te abruma porque tienes mucho miedo escénico y una gran responsabilidad, aunque a la vez se entremezclan las pasiones, porque es un sueño hecho realidad. Es una explosión de sentimientos absolutamente maravillosa.
Y después de tantos conciertos, ¿sigue sientiendo nervios?
Esos cinco primeros segundos, por decirlo así, en que la persona se transforma en artista, uno siempre tiene miedo escénico. Los directores damos vida a una obra en un momento determinado y siempre con un público diferente. Por lo tanto, con la música nunca te acomodas, artísticamente hablando. Una vez que la obra se desarrolla, ese sueño se desvanece para volver a nacer en el siguiente concierto.
El trabajo le obliga a viajar mucho, a conocer diferentes ciudades, ¿cuál es la que más le ha gustado?
Roma me gusta mucho. Culturalmente hablando también me gustan San Petersburgo, Praga y Viena.
¿Su hogar lo tiene en Álava?
Sí, en Amurrio. Desgraciadamente, cada vez estoy menos tiempo, pero amo mi tierra. Es importante el lugar en el que están tus raíces, allí puedes respirar nostalgia.
¿Siempre que puede se escapa allí de vacaciones?
Bueno, para las vacaciones tengo un lugar preferido, que es África. Para mí la música es un sueño artísticamente hablando, y mi sueño, personalmente hablando, es África. La libertad en el arte es la música y la sensación de libertad como persona es África. Sus extensiones de tierra, su luz, su olor, su silencio... me encantan.
¿Lo que más echa de menos de su tierra?
Aunque parezca mentira, la gastronomía. También el paisaje verde.
En rasgos generales, ¿qué cualidades debe tener un buen director?
Una gran preparación técnica y tener un conocimiento exhaustivo de la obra. Un buen director de orquesta debe ser un buen líder,un responsable del grupo no tanto formal como moral, es decir, una persona que impregne a la orquesta de pasión, de emotividad, de fuerza para interpretar. La orquesta es un organismo vivo que traduce tu fantasía mental en música.
¿La orquesta es como una familia?
Claro, ellos son los que hacen realidad mi fantasía musical y yo intento establecer no sólo puentes emocionales, sino también puentes afectivos, porque eso se traduce en vida. Los ensayos, la motivación, las formas... Un director, además de dominar las herramientas puramente artísticas, debe impregnar a todos los músicos de esa ilusión, respeto y pasión que siente por la música.
¿Cuándo empezó su pasión por la música?
A los cuatro años. Al principio fue un proceso de formación, también hacía danza y pintura. Pero poco a poco, la música cada vez iba tomando un papel más importante en mi vida, hasta el punto en que llegó a ser protagonista y decidí racionalmente, con 14 años, dedicarme a la música por completo, visualizándome como directora, y canalizando todos mis esfuerzos para que ese sueño se hiciese realidad.
¿Por qué la orquesta?
Porque para mí era el principal canal interpretativo. Es la manifestación más amplia de colores acústicamente hablando y donde yo podía plasmar mi deseo.
Y con 14 años, cuando le dijo a sus padres que quería ser directora, ¿cómo reaccionaron?
De alguna manera mi ilusión por la música siempre estuvo ahí y me apoyaron desde el principio, que es fundamental. El apoyo en la infancia es muy importante para luego canalizar tus sentimientos. ¿Y en su familia hay más músicos? No hay ningún antecedente. La música formó parte de un proceso de educación, al igual que la danza y la pintura. Pero la música llamó a mi puerta artística.
¿Hasta qué punto es importante cuidar la imagen?
La música es elegancia, exquisitez, belleza; nos dota de una paz interior indescriptible. Pero no sólo es puro deleite musical, también es una puesta en escena. En este sentido, yo intento cuidar esa estética, porque es responder a la música con los mismos parámetros con los que ella nos llega a nosotros.
¿Un compositor favorito?
Me identifico con los compositores de estilo romántico como Tchaikovsky, Brahms, Rasmaninov, Maher... Me gusta su estilo porque soy una mujer muy apasionada en la música. Sin embargo, en la vida real soy muy pragmática.
¿La música clásica es para todo el mundo?
Siempre he abogado por erradicar el concepto de elitismo de la música clásica. A veces se oye que es para un sector determinado, tanto cultural como social, y yo creo que no es así. Es el lenguaje de los sentimientos y pide tan poco, como que la gente se siente y escuche.
Muchos jóvenes, sin haberla escuchado, dicen que no les gusta.
Quizá hay cierto miedo a los auditorios. Sin embargo, cuando la gente acude a un concierto te sorprendes, porque salen transformados.