Dicen que en Buenos Aires hay un psicoanalista en cada esquina, incluso podría decirse que hay uno en cada taxi, teniendo en cuenta que en la ciudad hay 154 profesionales por cada mil habitantes y la gran mayoría de los porteños está tan acostumbrado a acudir a su cita con el analista como a ir al gimnasio semanalmente. La tradición que existe en Argentina de dejarse analizar y desvelar los recovecos mentales por los profesionales viene de lejos pues, según la doctora Raquel Racovsky, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), “el movimiento psicoanalítico fue muy importante y dio lugar a una concepción de la enfermedad en la que lo psíquico está muy integrado”.
Además, explica Racovsky, el psicoanálisis enArgentina siempre ha sido una posibilidad que abarcaba los recursos económicos de toda la población y constituye una terapia que apacigua la búsqueda de alivio de los seres humanos.
La gran diferencia con el resto del mundo, donde las visitas al loquero suelen “quedar entre tinieblas”, según la doctora, es que los argentinos no sienten vergüenza de confesar que acuden al psicoanalista a buscar ayuda sino todo lo contrario, lo exponen con orgullo.
Dehecho, enunsimposio celebrado en Viena en 2006 sobre la influencia de Freud en Argentina, el doctor Leonard Shey contaba con toda naturalidad: “En Buenos Aires conoces a una chica y la tercera o cuarta pregunta es: ¿Con quién te analizas?”.
En cambio Shey, que trabajaba en Austria, asegura que allí conocía a mucha gente que acudía a terapia pero procuraba no comentarlo a sus colegas, por temor a que pensaran que tenía problemas mentales y le perjudicara en su carrera profesional.
De la misma opinión es Racovsky, quien no cree que en Argentina haya muchísima más gente que recurra a las consultas psicológicas porque tenga problemas, sino que los argentinos no lo ven como algo vergonzoso que haya que ocultar en público. Para el especialista Ricardo Sledes, director del congreso internacional que se ha celebrado recientemente en Buenos Aires y que ha reunido a más setecientos especialistas empeñados en diagnosticar los síntomas de la sociedad globalizada, la afición de los argentinos al psicoanálisis tiene también parte de una argentinidad difícil de explicar que les hace empeñarse en “no someterse a las exigencias de la sociedad capitalista”.
A juicio del director de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, Oswaldo M. Couso, esa casi dependencia voluntaria de los argentinos por el psicoanálisis se fundamenta en la gran difusión de esta escuela tras la muerte de Sigmund Freud, en 1938, cuyas enseñanzas llegaron al país avanzado el siglo pasado.
Además, al igual que otros profesionales, afirma que ayuda el hecho de que en Argentina no haya “imaginario de que ir al psicoanalista sea algo sucio o pecaminoso”.
La afición de los argentinos al psicoanálisis ocupará parte de los debates del Congreso Internacional que se celebra en Buenos Aires, con un programa que incluye temas como la depresión, los transtornos alimenticios y las dificultades en las relaciones interpersonales como principales males del mundo globalizado.
“Los ideales de la sociedad actual exigen una mayor productividad en cada vez menos tiempo, lo que provoca que las personas se alejen de sus propios deseos para cumplir esos objetivos”, apunta Seldes.