Por eso, desde ON vamos a poner a prueba al Santo y le vamos a enviar a alguno de los personajes más aburridos del panorama, para ver si se produce el prodigio y dejamos de bostezar cada vez que alguno de ellos se nos aparezca. A pocas horas del chupinazo, el mundo mira ya hacia Iruña, a punto de convertirse en el centro neurálgico de una fiesta milagrosa, capaz hasta de hacer divertido hasta al más cenizo. Y así, a brote pronto, se me antoja uno, sin pensar más: Rajoy. El líder del PPes uno de los políticos más aburridos de la historia, y mira que los ha habido. Necesita como comer del influjo de San Fermín. ¿Será capaz con sus milagros de hacerle neutro, por lo menos? Lo de entretenido sería ya mucho pedir. ¿Se lo imaginan corriendo el encierro con corbata mientras Sorayale haceunnudo de diseño en el fajín y le alecciona sobre su discurso para epatar a los toros durante la carrera?: Eyyyy, venga... Todo por la empatía.
Esta orgía de centrismo en la que Rajoy está imbuido le haría capaz de correr como cualquier mozo y dejarse cornear; eso sí, deberían de organizar antes un congreso extraordinario para decidir cuál de los dos glúteos debería exponer ante los astados. Vital para arañar votos y minutos de televisión.
San Fermín es grande y los retos que le proponemos son los representantes máximos de la oda al bostezo.Un poner: Víctor Manuel. Uno de los cantautores más aburridos de Europa necesita pasearse por la Estafeta y bailar en cadeneta Paquito el Chocolatero. Le vendría fenomenal como terapia de choque.
ElAyuntamiento podría utilizar las dotes de Víctor Manuel como evocador del sueño. Siempre podrían ponerle a cantar El abuelo fue picador allá en la mina y desalojar las calles para que el servicio de limpieza pudiera hacer su trabajo.
El cantautor es una especie de hipnotizador, el único que consigue en tiempo récord el efecto apabullante de la mosca tsé-tsé, en una Europa que debería sustituir la farmacología por unos cuantos temas del marido de Ana Belén. Por cierto, que no nos extraña que la protagonista de Zampo y yo muestre mejor cara que en su época de adolescente, porque otra cosa no, pero dormir...
San Fermín llega a todos los ámbitos y no podía olvidarse de Jaime de Marichalar. El hombre que provoca el bostezo más de diseño de la aristocracia debería impregnarse del espíritu de la Iruña más universal. Seguro que más de uno pensó que su primogénito podría llamarse Felipe Juan Froilán de todos los bostezos, pero no. Afortunadamente, no se parece a su padre en eso.
Ya me lo imagino en la plaza del Castillo con un katxi de kalimotxo y empatizando con el pueblo llano. A Maricha, ese txute de realidad le iba a poner la pila muchísimo más que cualquier desfile de alta costura de París.
El Duque de Lugo podría convertirse en el capitán de algunos vendedores ambulantes, que dispondrían de sus inmejorables conocimientos para distinguir entre las mejores imitaciones de lasmarcas más chic del mundo.Al grito de ¡Vaya fajas que me vendo, niña!, se le iría la tontería. Sentirse útil colaboraría a que su carácter se volviera más pizpireto que Urkullu el día en el que la selección española se hizo con la Eurocopa.
Hay cuadrillas tan coñazo que hasta a San Fermín le costaría bendecirlas con el don de la locuacidad y la diversión. Miedo meda escribir sobre el grupito, no sea que se me queden fritos, pero ahí va. Esas chicas tan divertidas: Paloma Cuevas, imitadora oficial de la Preysler; Genoveva Casanova, realizada tras conseguir ser Condesa de Salvatierra; y Lidia Bosch, la actriz que se quedó mega ñoña como su personaje en Médico de familia. ¡Menudo reto de grupeto! Estas necesitan una terapia de choque: además de ser aburridas y siempre impolutas, están permanentemente tan en su sitio que hasta Paloma Gómez Borrero saldría corriendo en dirección contraria.
SanFermín es grande y lo que estas señoras tan sosas necesitan es mezclarse con el pueblo llano en los toros. Las entradas de sol y el ritual de los aficionados podrían conseguir que la Cuevas disfrutara de la vida con un bocata de tortilla, que la Casanova se pringara de harina y le empanaran con la masilla que surge tras la ducha de agua y otros fluidos con los que sería regada, y que la Bosch, tan en su sitio, terminara fumando un purazo compartido con un mozo desconocido.
¡Uy, si Escrivá de Balaguer levantara la cabeza! ¡Algunas de ellas no aparcarían el cilicio durante una buena temporada! Gora bihotzak eta gora San Fermin!